Cienfuegueras ejemplares: La Cubanita


Rita Suárez del Villar, La Cubanita, es una muestra tangible del papel protagónico que pueden desempeñar las mujeres,  tanto en tiempo de paz como en la guerra a favor de la Patria. Ella es  una de  las cienfuegueras referente permanente, porque históricamente las hijas de esta tierra han dado pruebas palpables de entereza y valor.

Nació el 22  de mayo de 1862, en Cienfuegos y falleció casi centenaria el 24 de febrero de 1961, 

Su niñez se desarrolló en plena guerra de 1868, con la cual se relacionó su familia; pudo observar cómo su padre  conspiraba; cuando sólo tenía 7 años ocurrió un hecho muy doloroso, un primo de su madre fue torturado para que delatara a sus compañeros y finalmente fue asesinado.

Desde muy pequeña se percató del accionar de su padre y otros familiares a favor de la lucha por la independencia, naciendo así en ella su amor por la libertad de la patria y el desprecio a los opresores, mientras transcurría su vida normalmente.  

Muy joven y siguiendo el ejemplo de su familia, desde los 17 años estuvo ligada a  la lucha por separar a Cuba de la España colonialista, a lo que se entregó por completo.

El 21 de junio de 1879, cuando sobresalía por su belleza femenina, acudió al baile ofrecido en los salones de la sociedad Liceo de Cienfuegos. Acababa de concluir la Guerra de los Diez Años,  que la Paz del Zanjón quiso dar por liquidada; pero que tuvo una respuesta la patriótica con la Protesta de Baraguá, protagonizada por el General Antonio Maceo y sus hombres.

Los historiadores de la época relatan que asistentes a la fiesta del Liceo aseguran que Rita llegó al salón ricamente decorado e iluminado, vistiendo un hermoso vestido blanco, adornado artísticamente por una banda azul y una hermosa flor roja  en el pecho.

Cuentan, además, que ante la belleza y distinción de la recién llegada, un engreído teniente español, vistiendo su uniforme de gala, se acercó a ella,  para invitarla a bailar y después de una reverencia, le dijo: –Una muchacha tan encantadora como usted debe bailar solamente con un oficial español como yo.

Entonces Rita, herida en sus sentimientos patrióticos, respondió  de inmediato:

– No he venido aquí a bailar con un soldado hispano, prefiero la compañía de un joven criollo, tan dignos como hay.

El  oficial con un sorprendido rostro, balbuceó: – ¿Es que desprecia usted a un hijo de la Madre Patria? Y ella replicó con firmeza: –La única Patria que reconozco es la mía, la cubana, donde he nacido.

El teniente español se dio cuenta entonces, que la muchacha vestía una  combinación con los colores de la bandera cubana,  y casi histérico gritó: – ¡Usted es una mambisa! ¡Una mambisa descarada y engreída!

A lo que Rita, respondió con firmeza: –Soy una cubana, señor.  No engreída, pero sí orgullosa de serlo.

Fue demasiado para el oficial español, que salió en busca de una tijera, amenazando con cortarle el pelo; pero según la historia de ese hecho, directivos del Liceo y  jóvenes cubanos que estaban presentes acudieron en ayuda de la joven e hicieron salir al frustrado agresor.

Fue aquella la iniciación patriótica de Rita, quien durante la gesta  independentista de 1895 fundó el Club Patriótico La Cubanita y creó una  prefectura mambisa en Cayo Ocampo. Lo que fue  de valiosa ayuda a la causa revolucionaria, pues la casa que la familia tenía en ese lugar se convirtió en almacén de medicinas, sirvió de albergue a los mambises antes de incorporarse al campo de batalla y fueron atendidos muchos de los heridos en combate.

Su apoyo a la Guerra de 1895, igual que su hermano Victoriano, la hizo muy  conocida entre los independentistas

Cuando se inició la Guerra del 95, escribió una proclama llamando al pueblo a incorporarse a la lucha y realizó diversas actividades en apoyo al movimiento independentista, estableció contacto con la Delegación Revolucionaria en Nueva York,  confeccionó banderas para enviar al  campo de batalla.

El 3 de mayo de 1886 fundó el Club La Cubanita, al cual pertenecieron mujeres dispuestas a cooperar para lograr la liberación y constituyó una muestra de la labor patriótica femenina en apoyo a la lucha por la independencia,  que se libraba en los campos de Cuba y lo mantuvieron en activo hasta el final de la guerra, reuniendo fondos, ropas, alimentos y municiones.

Rita estableció relaciones con el Generalísimo Máximo Gómez, de quien fue colaboradora en la Inteligencia mambisa,  se conocen varias cartas intercambiadas entre ambos; las informaciones suministradas por ella tuvieron gran importancia en determinados momentos de la guerra por la independencia y por sus servicios fue nombrada Capitana del Ejército Mambí.

Su explicación detallada sobre la composición de las tropas que llegaron por la rada sureña, formada por jóvenes, poco preparados militarmente, que habían sido reclutados a la fuerza en España, por medio el sistema de “quintos”, facilitó que Gómez comprendiera que a pesar de la superioridad numérica y mejor armamento, ellos no podían aguantar el machete mambí. Esa tropa española fue derrotada en la batalla de Maltiempo, en el municipio de Cruces y los mambises pudieron continuar su marcha hacia el Occidente.

Terminada la guerra, Máximo Gómez estuvo en Cienfuegos, oportunidad en que visitó a Rita, para conocerla personalmente, porque ella no pudo participar en el recibimiento por encontrarse enferma. Durante el encuentro Rita le obsequió la estrella que llevaba en su pecho y él se la colocó de inmediato en la solapa.

En 1899 solicitó trabajar como maestra en la ciudad y  lo logró, de forma provisional a fines de ese año, pero la inició en el magisterio, que ejerció durante varios años;  además, colaboró eficazmente para concretar la iniciativa de construir  El Arco del Triunfo, conocido como Arco de los obreros, ubicado en el Parque José Martí.

En 1911 la Cámara de Representantes acordó otorgarle una pensión vitalicia como veterana por sus méritos en la guerra y durante la república mediatizada permaneció en su hogar.

Cuando en 1938  le rindieron homenaje en Bayamo  por su labor en el Club La Cubanita, su avanzada edad le impidió asistir y la medalla que le otorgaron, se la impusieron en el Ayuntamiento de Cienfuegos; el 10 de octubre de 1943, le fue conferida la orden de mérito de Carlos Manuel de Céspedes, con anterioridad le habían entregado otras condecoraciones y diplomas, expresando el reconocimiento por los servicios prestados en los días difíciles de la guerra por la independencia de Cuba.

Culminada la epopeya libertadora, la Cubanita se integró a organizaciones revolucionarias, como demostración de su inconformidad con la vuelta que la historia le había dado a la independencia de Cuba, que pasó de colonia de España a neocolonia de Estados Unidos.

Durante la dictadura de Fulgencio Batista, se intentó manipular el nombre de Rita a favor de intereses del régimen, pero la patriota demostró su desacuerdo y se retiró a vivir de su pensión en su casa de la Calle Santa Elena y Lealtad, alejada del centro de la ciudad.

Falleció el 24 de octubre de 1961 y fue sepultada en el Cementerio Tomas Acera, de  Cienfuegos; sobre la tumba colocaron una lápida con  las palabras que escribió Máximo Gómez: “…Encima de tu tumba gloriosa habrá siempre profusión de siemprevivas, colocadas allí por manos cariñosas”.

Para confeccionar este relato, utilizamos entre otras fuentes, un estudio deTeresita Chepe Rodríguez, quien fuera una destacada investigadora; artículos del Arq. MSc. Irán I. Millán Cuétara y el historiador y periodista Andrés García Suárez: los libros  Cartas desconocidas de Máximo Gómez a Rita Suárez del Villar y Aún crecen las siempre vivas, escritos por la investigadora Doris Era González, el texto Patriotas Cubanas, de la Dra. Vicentina Elsa Rodríguez de Cuesta y datos de Ecured.

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Publicado Por: Manuel Varela Pérez

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