Ramiro Guerra: lamentable pérdida para la danza cubana y universal

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Ramiro Guerra. Foto tomada del diario Juventud Rebelde

El maestro de maestros, Ramiro Guerra (1922-2019), Premio Nacional de Danza (2000), acaba de marchar al espacio infinito lleno de danza, música, poesía, luz y color, a donde van a dormir el sueño eterno y a encontrarse con el Espíritu Universal, los hombres que, según José Martí, «aman y crean».

El finado intelectual cubano era primer bailarín, coreógrafo, teórico de la danza, investigador y padre de la danza contemporánea en la mayor isla de las Antillas.

Guerra era un infatigable creador, ya que la poética y la estética que lo identifican, en el orbe danzario caribeño y fuera de las fronteras geográficas insulares, estuvieron condicionadas —fundamentalmente— por una extensa fusión —larga y ancha como la pampa argentina— de técnicas y estudios académicos, que oscilan entre el ballet clásico y los principios básicos esenciales de la danza moderna estadounidense.

En la patria de Washington y Lincoln recibió clases de los maestros Doris Humphrey (1895-1958) y José Limón (1908-1972). No obstante, admitía que su mayor influencia procedía de la impecable técnica aportada a la danza por la maestra Martha Graham (1894-1991)

A su retorno a la Ciudad de las Columnas, se dedicó en cuerpo, mente y alma al estudio del folclor cubano y fundó, en 1959, el Conjunto Nacional de Danza Moderna, compañía que —en la actualidad— se conoce con el nombre de Danza Contemporánea de Cuba (DCC), y en la que —de manera inédita para mediados de la anterior centuria— incluyó a hombres y mujeres de todas las razas que configuran ese ajiaco multi.-étnico-cultural, que según el sabio cubano, don Fernando Ortiz (1881-1969), deviene principal nutriente de la personalidad básica de la población cubana..

También fundó el Conjunto Folklórico Nacional, en una época en la que no existía ni tradición danzaria, ni público, ni cantera de bailarines en la Perla del Caribe, y se atrevió a llevar a esa disciplina danzaria los temas cubanos, y a investigar y escribir obras sobre arte, que publicó en varias revistas especializadas o se convirtieron en libros.

Entre sus textos, habría que destacar Apreciación de la danza (1968), y otros Teatralización de la danza y otros ensayos (1988), Una metodología para la enseñanza de la danza (1989), Calibán danzante (1998),Coordenadas danzarias (2000) yEros baila. Danza y sexualidad (2001).

Guerra se había graduado de Doctor en Derecho en el año 1949 por la Universidad de La Habana y poseía la categoría honorífica de Doctor Honoris Causa, conferida por la Universidad de las Artes (ISA)..

Desde el punto de vista coreográfico, creó obras trascendentales, que constituyen parte de su herencia intelectual y espiritual a la cultura cubana e internacional. Entre otras obras no menos relevantes, podrían citarse Impromptu galante, Mambí, El decálogo del apocalipsis, El milagro de Anaquillé, Medea y los negreros, Orfeo antillano, Tiempo de quimera y Suite yoruba.

El eminente maestro e investigador fue condecorado con la Medalla Alejo Carpentier, la Orden Félix Varela, y el Premio Alejo Carpentier en ensayo.

La última vez que vi con vida a Ramiro Guerra fue en la sala Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), organización de la que fuera miembro fundador, en el acto solemne en que se le entregara la condición de Miembro de Mérito.

Duerma en paz, maestro Ramiro Guerra, que usted cumplió con creces la obra de la vida, la cual puede mostrar al cielo con legítimo orgullo. Por otra parte, sus sabias enseñanzas permanecerán en la memoria poética de los discípulos, colegas y fieles seguidores de sus valiosos aportes al desarrollo del arte danzario en general, y de la danza clásica, contemporánea y folclórica, en particular.

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