Rituales de Acosta Danza

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Culturales


La compañía Acosta Danza, jerarquizada por el primer bailarín Carlos Acosta, Premio Nacional de Danza, llevó este fin de semana el espectáculo Rituales a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

El programa artístico incluyó los estrenos mundiales de Cor, obra de la coreógrafa Marianela Boán, nombre imprescindible de la danza contemporánea insular, con música original del maestro Pepe Gavilondo, y de Portaldel artista hispano Juanjo Arqués. Esta obra utiliza música de la agrupación cubano-iraní Ariwo y  cuenta con una interesante proposición escénica.

Los fieles seguidores de esta emblemática agrupación podrán ver y disfrutar la primera presentación en el archipiélago cubano de Soledad, dúo del artista español Rafael Bonachela, así como la reposición de Paysage, soudain, la nuit del artista sueco Pontus Lidberg, quien se inspiró en el universo de la rumba,  Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, y en la música del maestro Leo Brouwer.

Desde su debut escénico, Acosta Danza tiene como objetivo priorizado presentar espectáculos danzarios en plena concordancia con las nociones más actuales que se desarrollan en el mundo, no solo en materia del movimiento de los cuerpos sino en todo lo referente a la escena.

La compañía se define como un espacio de renovación, de búsqueda y experimentación, no solo para artistas cubanos, ya que —al mismo tiempo— les abre las puertas a los creadores del orbe: coreógrafos, músicos, diseñadores, artistas de la plástica y del medio audiovisual.

El repertorio coreográfico incluye títulos de eminentes artistas: Carlos Acosta, recién designado director del Royal Ballet de Birmingham, Sidi Larbi Cherkaoui, Justin Peck, María Rovira, Marianela Boán, Goyo Montero, Saburo Teshigawara, Pontus Lidberg, Christopher Bruce y Jorge Crecis, entre otros.

Por otra parte, habría que destacar que, en cada función, en cada obra que esta agrupación lleva a las tablas nacionales o foráneas, siempre les ofrece a los amantes del arte danzario, así como a los colegas de la prensa especializada, algo nuevo, algo muy peculiar, que identifica cada presentación, sin traicionar —en modo alguno— la poética y la concepción estético-artística en que se sustenta la compañía.

Los bailarines de Acosta Danza establecen un fluido diálogo con el cuerpo, la mente y el alma,  a la vez que dominan —con seguridad y precisión dignas del más cálido elogio— la técnica académica y la interpretación teatral en que se estructura el ballet contemporáneo; contexto en el que los movimientos corporales, intelectualizados y espiritualizados, al decir del maestro Fernando Alonso (1914-2013), desempeñan una función básica indispensable en la consecución del virtuosismo técnico-expresivo que los singulariza en el proscenio.

Ahora bien, ¿cuál es el «secreto»? El primer bailarín Julio Bocca se lo reveló al escritor y periodista Orlando Quiroga (1933-2007), guionista hasta su lamentable deceso del gustado espacio televisivo De la gran escena, en una entrevista que el artista suramericano le concediera:

«El bailarín debe […] empezar en el momento adecuado, ni temprano ni tarde, y en el sitio justo donde preparar [su] crecimiento. Encontrar al maestro adecuado [Carlos Acosta] que pide el cuerpo sin formar (esta es la única profesión en la que hay que trabajar y ensayar todos los días). Mantener el amor propio, la [humildad, la sencillez], la entrega y la sinceridad con el espejo, que nunca engaña. Bailarlo todo y experimentar. Respetar la tradición y transgredirla con amor […] Recordar que en ballet no hay más milagro que el sudor, la sangre y el trabajo. Procurar que el éxito no se [le] suba a la cabeza. Y lo más importante: hay que estar tocado por lo que sea: los dioses, las musas, el hada madrina o la estrella polar», porque sin esa luz a la que se refiere Julio Bocca, el bailarín no puede escribir su leyenda profesional ni personal en el fascinante campo de la danza.

No me asiste la más mínima duda de que los miembros de Acosta Danza reúnen todos los indicadores reseñados por uno de los mejores bailarines del universo danzario, a escala internacional, y muchísimos más que trascienden los estrechos límites de esta crónica.



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