A 55 años de la Escuela-Taller fundada en Cienfuegos por Mateo Torriente

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Se sabe que de la histórica reunión de Fidel con los intelectuales en junio de 1961 emergieron los principios rectores, articulados luego, bajo el rótulo de Política Cultural de la Revolución Cubana. La libertad de creación y el acceso del pueblo a las mejores realizaciones artísticas de Cuba y del mundo, constituyen desde entonces, sus principales derroteros. A menos de un año de esos pronunciamientos, Cienfuegos tuvo el privilegio de contar con una experiencia sui géneris para implementar tales aspiraciones.

En marzo de 1962 inició el primer curso de la Escuela-Taller Rolando Escardó, fundada por Mateo Torriente, algo anticipado en relación con el primer curso de la Escuela Nacional de Arte, que comenzó ese mismo año pero en mayo.

Por supuesto, tal resultado fue consecuencia del prestigio de Mateo Torriente como intelectual y revolucionario, también de la comprensión y apoyo de la alta dirección del Consejo Nacional de Cultura, especialmente en la figura de Vicentina Antuña, junto a las autoridades locales. Gracias a estas últimas, el Palacio de Valle fue entregado a la escuela-taller para desarrollar su labor.

A partir de ese momento y durante los casi cuatro años que Mateo Torriente se mantuvo liderando esta experiencia, desplegó una concepción pedagógica que tuvo su fundamento epistemológico en la libertad creativa y su asidero ideológico en la coherencia con que afrontó las demandas de una política cultural que se declaraba democrática e inclusiva. Según sus propias palabras.

“Los objetivos que persigue la Escuela-Taller de Artes Plásticas Rolando Escardó, según su plan de estudios, son, en primer lugar y como meta decisiva, la creación de artistas de una amplia cultura universal y, de base, una formación eminentemente cubana, respondiendo a nuestro estilo y a la sensibilidad nacional. Y aún aquellos asistentes a la Escuela que no pudieran desarrollarse como artistas, llevarán a sus centros de trabajo y a sus hogares los conocimientos impartidos en la escuela sobre el Arte y la Cultura en general, Arte y Cultura al servicio del pueblo, enraizados en el folklore rico y verdadero que ha construido dichosamente la nación”.

A cincuenta y cinco años de ese acontecimiento fundacional, todavía su concepto roussoniano del disfrute pleno del pueblo a la práctica artística, tiene mucho que aportar.

Es menester continuar incrementando la disposición cultivada —algo que solo puede lograrse a través de la educación— para consumir el hecho estético de manera reflexiva y crítica. Lo que es parte consustancial de la hegemonía cultural —en tanto sistema de significados, valores y prácticas— emergente, pretendida con la aplicación de la política cultural de la Revolución.

Fuente: Periódico 5 Septiembre

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