Alicia Valdés Cantero: amo tanto la música como la literatura

Comentario

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Con esa breve frase, escapada de un alma sensible y delicada, comenzó este ameno diálogo la escritora, musicóloga y profesora universitaria, Alicia Valdés Cantero, quien se desempeña como investigadora auxiliar y miembro del Consejo Científico del capitalino Centro de Investigación y Desarrollo de la Música Cubana (CIDMUC).

Valdés Cantero es licenciada en Historia del Arte por la Universidad de La Habana, licenciada en Música (con especialización en Musicología) y Máster en Artes por la Universidad de las Artes (ISA), diplomada en Género y Comunicación por el Instituto Internacional de Periodismo José Martí, y especialista en Estudios de Género por el Colegio de México.

Ejerce la docencia en el Conservatorio Amadeo Roldán y en el ISA. Es vicepresidenta de la Asociación de Música de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), y presidenta de la sección de Música y de la Comisión de Cultura, Turismo y Espacios Públicos de esa cincuentenaria organización. Desde 2006, integra la membresía de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular (rama latinoamericana).

Es autora de los libros El músico en Cuba, Premio de la IV Jornada Científica del ISA (1985), texto que abrió una nueva línea de investigación para los estudios musicográficos cubanos, y Con música, textos y presencia de mujer (Diccionario de mujeres notables en la música cubana), laureado con el Premio UNEAC Argeliers León al Pensamiento Musicológico Cubano (2000), entre otros títulos publicados por editoriales cubanas.

Preside el Coloquio Internacional Boleros de Oro, los programas académicos relacionados con el Festival del Danzón. Por otra parte, coordina y dirige el espacio sabatino mensual La Bella Cubana, que tiene como sede la sala Martínez Villena de la UNEAC y como objetivo visibilizar la presencia femenina en el pentagrama sonoro insular.

Es la única cubana que integra el Comité de Honor Internacional de la Fondazione Adkins-Chiti: Donne in Música. La primera y única caribeña que, a solicitud expresa de las editoras inglesas Anne Julie Sadie y Rhian Samuel, y por recomendación de la Dra. Malena Kuss, del College of Music University of North, Texas, Denton, E.U., firma como autora para el New Grove Dictionary of Women Composers (Londres: Macmillan Press, 1994), fichas monográficas y valoraciones críticas sobre importantes compositoras cubanas.

Ostenta —entre otros reconocimientos, condecoraciones y diplomas institucionales— la Distinción por la Cultura Nacional.

¿Cuáles fueron los factores motivacionales que la llevaron a estudiar Musicología, así como a incursionar en el campo de la investigación musicográfica, y consecuentemente, llevar los hallazgos de dicha indagación a la letra impresa? 

Aunque hice estudios de piano en el Conservatorio Amadeo Roldán, sentía que ser concertista o profesora no sería mi destino. Soy por naturaleza laboriosa y dada a destacar las historias de vida de los demás. Por eso estaba empeñada —aunque en casa no lo entendieran así— en aproximarme a la música desde otras áreas.

El pianista y profesor César López, quien fue decisivo en mi formación, me alentó a cambiar de carrera e indicó el camino hacia otras disciplinas que me permitieran hacer estudios desde la historia, materia que desde pequeña me fascinó. Investigué, decanté y aposté por la Musicología, la estudié por cinco años en el ISA y me gradué. Desde entonces, he realizado todas mis investigaciones relacionadas con los hombres y las mujeres que laboran en la música, los vericuetos de su existencia y la fecundidad y novedades de lo que hacen. Y he tenido la satisfacción, por suerte, de ver publicados, y por tanto, socializados, los resultados de esas indagaciones.

¿Podría explicar las razones que la llevaron a consagrarse en cuerpo, mente y alma al rescate del valioso aporte de la mujer al desarrollo de la música cubana (desde el siglo XIX hasta hoy) y divulgarlo no solo a través de los libros que ha publicado, sino también a través de los medios masivos de comunicación? 

La contradicción que se presenta entre la creciente participación de la mujer cubana en la música, en todas las etapas históricas, y el desconocimiento e invisibilidad a que han sido sometidas, justifica ampliamente la necesidad que tuve de iniciar la investigación a la que he dedicado, con empeño y resultados, muchos años de labor.

Lamentablemente, la historia de la música en Cuba solo se ha empeñado en reconocer la obra de los hombres que, en diferentes momentos del devenir musical, ocuparon una posición «clave» en la creación, interpretación, docencia e investigación. Pero, esa misma historia —que parece desconocer que en los procesos histórico-culturales participan todos los miembros de la Sociedad— poco cuenta acerca de la presencia y accionar de las mujeres, quienes junto con sus colegas hombres alcanzaron celebridad, cosecharon aplausos y compartieron las grandes tragedias y celebraciones de nuestra nación.

Con los resultados alcanzados creo haber hecho justicia y otorgado a las mujeres el destaque significativo y manifiesto que merecen.

A los lectores les agradaría conocer ¿qué la incitó a fundar y coordinar el espacio mensual La Bella Cubana, que tiene como sede la sala Martínez Villena de la UNEAC?

Mi constante voluntad por visualizar lo que tantos y tantas han invisibilizado y dejado de promover, rebasó los límites de la indagación en fuentes bibliográficas, archivísticas y periódicas. Y al querer acercarme —cada vez más— a la presencia y contribución de la mujer en la música, decidí crear un espacio comunicativo donde el testimonio vivo fuera la fuente principal. Así surgió, en abril de 1999, el programa cultural La Bella Cubana que, auspiciado por la UNEAC cita mensualmente a hombres y mujeres de la música y de otras disciplinas artísticas, así como al público general interesado en escuchar y debatir, a través de testimonios, entrevistas, materiales audiovisuales y conciertos in vivo, las ganancias que nuestra música y la historia social de la mayor isla de las Antillas deben a las cubanas

Desde luego, la decisión de crear La Bella Cubana es también el resultado de los estudios que sobre la mujer en la música yo venía realizando desde 1991; de una activa presencia en eventos nacionales e internacionales dedicados al tema; de haber sido la autora de numerosas comunicaciones científicas sobre las mujeres y la música, y haber participado como autora en diccionarios, enciclopedias y libros colectivos con entidades inglesas, españolas e italianas.

De las muchas anécdotas, experiencias y vivencias registradas en su archivo mnémico, ¿podría relatar alguna que le haya dejado una impronta en la mente y en el alma?

Son varias: La  oportunidad excepcional de trabajar,  aprender y crecer al lado del maestro y compositor Harold Gramtages (1918-2008), quien siempre estuvo dispuesto a iluminar la esperanza de todos los que a él acudían, para complementarse en su triple condición de hombre de la cultura, hacedor y promotor de sueños. 

Estoy seguro de que esa titánica labor que usted lleva a cabo para otorgarle a la mujer el justo lugar que le corresponde ocupar en el mundo de las corcheas y las semicorcheas, en nuestra geografía insular, ha conllevado incomprensiones, para lo cual ha tenido que enfrentar grandes obstáculos. ¿Podría reseñar algunos de ellos?

Yo no hablaría de incomprensiones ni de grandes obstáculos. En mi caso, hablaría de algo por realizar. Me sentiría muy feliz si, en todos los comités provinciales de la UNEAC, se crearan filiales de La Bella Cubana. Ha habido intentos, pero han ido quedando en el camino […] para mi insatisfacción. 

¿Algo que desee añadir para que no se quede en el tintero? 

¡Claro que sí! Desde los días más tempranos de mi infancia, en la barriada del Vedado y después en la de Lawton, recibí influencias en el ámbito familiar que me despertaron el interés por servir siempre a los demás. Más tarde, sobre ese cimiento familiar, y ya en la vida profesional, encontré los motivos para crear y hallar las rutas investigativas que me sedujeron. Basta que la vista recorra todas mis creaciones llevadas a la letra impresa para dar cuenta de lo que aquí digo. En todas ellas, sirvo, distingo, están presentes los hombres y las mujeres que hicieron de la música su profesión y razón de ser, sin importarme el lugar donde estén ni comoquiera que sean; y desde luego, los momentos que les tocó vivir, sus avatares y la fertilidad de las obras que crean, interpretan, analizan y promueven.

El mágico mundo de las corcheas y las semicorcheas, el ser humano y el trabajo han sido siempre los elementos que siempre han estado en el camino que he transitado y me gusta transitar, en el afán de ser fiel al oficio de servir, porque, como le comenté al inicio de esta entrevista, «amo tanto la música como la literatura».

 

 

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