Ángel Luis Martínez: desde que era un adolescente me fascina la actuación

Dialogar con el actor y escritor Ángel Luis Martínez, miembro de la sección de Dramatizados de la nonagenaria Radio Progreso, deviene un placer inefable para cualquier crítico de cine, radio y televisión o profesional de la prensa que defienda, a capa y espada, las telenovelas de producción nacional.

El autor principal de El rostro de los días, la novela que exhibe, en horario estelar, los lunes, miércoles y viernes, el Canal CubaVisión de la televisión nacional, es un experimentado guionista radial y televisivo, además de miembro activo de la  Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC)

Durante su fructífera trayectoria artístico-profesional ha recibido varios reconocimientos, que —según le revelara a este entrevistador— «lo responsabiliza cada vez más con la calidad estético-artística de mis creaciones, ya que —según el genio martiano—  “un reconocimiento es un deber”, y un compromiso», agrega mi interlocutor.

¿Cómo nació y se desarrolló su vocación artística?

Honestamente, periodista, no me puedo explicar a estas alturas de mi vida cómo ni de dónde nació y creció mi vocación hacia el arte, ya que nací en Encrucijada, un municipio de la provincia de Villa Clara, donde la posibilidad de ser artista era casi una quimera.

Desde que era un adolescente me fascina la actuación, influido sobre todo por la radio, que en aquellos años duros del «Periodo Especial» era prácticamente la única referencia.

Comencé a estudiar Pedagogía en la Universidad de Ciencias Pedagógicas de la Universidad Central «Martha Abreu» de Las Villas, pero no concluí la especialidad de Español y Literatura que matriculé en la villaclareña Alma Mater, porque entendí —a tiempo— que en esa profesión nunca iba a escribir mi leyenda personal, como si lo estoy haciendo en la radio y la televisión.

Así las cosas,  la convocatoria que hiciera teatro Escambray, en la década de los noventa de la anterior centuria, le proporcionó un giro de 180 grados a mi vida profesional y personal.

A esa agrupación le debo mi formación actoral. En los pasillos de La Macagua,  sede de dicha agrupación, escribí las primeras historias escapadas de mi imaginación: obras de teatro que no anclaron en puerto seguro, así como algunos guiones radiales que solo sirvieron para divertirnos en nuestro tiempo libre.

Comencé a escribir como un hobby, pero —poco a poco— se fue convirtiendo en una acuciosa necesidad intelectual y espiritual. Con mis guiones pretendo hacer volar la imaginación y la fantasía de radioescuchas y televidentes. Eso me fascina.

¿Podría hablarme de su incursión en las ondas hertzianas?

En 2002, llegué a la emisora provincial de radio CMHW, donde me atreví a mostrar uno de mis guiones. Recuerdo que la asesora le hizo miles de señalamientos, no me lo aceptó, pero me motivó a seguir escribiendo, al parecer percibió algo en mí que todavía yo no tenía muy claro.

En esa emisora villaclareña, comencé a formarme como guionista radial. Allí tuve excelentes maestros, quienes me enseñaron el arte-ciencia-técnica de hacer radio, que es —al decir del maestro Manolo Ortega— «sonido para ver».

Me desenvolví en los más disímiles géneros radiales hasta que me decidí por escribir el seriado Luna en creciente, mi primera radio-novela, mi primera hija, a la que amo con todas las fuerzas de mi ser espiritual.

¿Cómo se produjo su llegada a la Onda de la Alegría?

En un evento de la UNEAC, en la ciudad de Caibarién, la vida colocó en mi camino a la maestra Caridad Martínez González, Premio Nacional de Radio.

Después de escucharme en uno de los espacios que participaban en el certamen, me invitó a trasladarme para La Habana. No demoré mucho en aceptar la sugerencia que Caridad me formulara en aquella ocasión.

La emisora de la familia cubana me abrió las puertas de par en par, no solo como actor, sino también como guionista, y para ella he escrito mis obras más importantes: Aires de ingenio, Santos Remedios, Brisa y terral, todas ellas con la tutoría de la ilustre profesora de la capitalina Universidad de las Artes (ISA)

Ahora, quisiera que usted les relatara a los lectores cómo se materializó su feliz encuentro con la pantalla chica.

A través de Caridad Martínez (¡mi hada madrina y guardiana protectora!), llego a la Casa Productora de Telenovelas. Había intentado escribir para la televisión con anterioridad, pero sin conseguirlo. Cuando ya había descartado esa posibilidad, me avisan de la Casa Productora, ya que estaban interesados en llevar una novela radial a la televisión que desarrollara el tema rural.

A partir de Luna en creciente, el guionista Yoel Monzón Monzón y yo escribimos el argumento de la telenovela que luego llevaría por título Tierras de fuego. Una novela aceptada por unos y rechazada por otros (usted fue uno de los críticos que me señaló varias deficiencias en la crónica publicada en la prensa local, pero con una ética periodística —debo admitirlo— digna de elogio).

No obstante, las críticas que recibí me ayudaron — con creces— a acercarme al universo audiovisual y entender sus códigos, diferentes por completo a los prevalecientes en la radio.

¿Qué puede comentar acerca de El Rostro de los días, actualmente en pantalla?

El rostro de los días fue concebido originalmente para la televisión. Durante más de 12 meses estuve elaborando el argumento, visitaba diferentes hogares maternos, me entrevistaba con médicos especialistas en Obstetricia, y pesquisaba sin cesar.

La mayoría de las historias relatadas en la novela están inspiradas en lo que me narraron distintas mujeres que estaban recluidas en dichos hogares maternos. Vinculé las anécdotas que me impresionaron como muy interesantes, y registré lo que me resultó más atractivo para la teleaudiencia.

Cuando ya el argumento y el diseño psicológico de los personajes estuvieron terminados, me pidieron autorización para que integrara al proyecto al colega Serguei Svodoba, a quien conocía y del que tengo muy buenas referencias como guionista.

En mi humilde opinión, me parece que incorporarlo al proyecto fue muy provechoso desde todo punto de vista, ya que nos complementamos muy bien, los dos aportamos experiencias y vivencias muy enriquecedoras, y nos enfocamos en seguir un mismo y único camino.

La idea era que aunque el guion fuera escrito a cuatro manos, al tele-espectador y a los críticos les pareciera que estaba escrito por una sola persona. Si se consiguió o no, el dios Cronos lo confirmará o lo negará.

¿Algo que desee añadir para que no se le quede nada en el tintero?

Claro que sí: un cordial saludo para los fieles seguidores de El rostro de los días y muchas gracias a usted por esta entrevista.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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