Aunque se vista de seda…

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Mario Díaz Balart en la brigada mercenario. Foto The Miami Herald. (Cubadebate)

Debe existir algún virus maligno en Washington que afecta a los dirigentes más reaccionarios de la administración Trump. Se deduce no solo escuchando al magnate-presidente, sino tras conocer las más cercanas declaraciones de Mario Díaz Balart, quien procura cierta rectificación de ese enorme absurdo adoptado por la Casa Blanca con el virtual cierre de su embajada en La  Habana, que impide trámites normales y afecta a los ciudadanos que deben o desean viajar a Estados Unidos.

Muchas familias no pueden encontrarse por carecer de fondos suficientes para viajar a un tercer país para los trámites correspondientes, sujetos siempre a la negativa de visa, con lo cual perderían lo invertido.

Cuando surgió esa mala idea, Díaz Balart fue uno entre quienes la apoyaron,con vehemencia cínica, asumiendola falsedad empleada para justificar el mal paso con los hipotéticos “ataques sónicos”, entelequia  desacreditada por cuanto experto en la materia la examinó.

El senador estadounidense, junto a otros de su calaña, apoyó las maquinaciones de Mike Pompeo y Marco Rubio concebidas para dinamitar unas relaciones casi de estreno, luego de medio siglo de parálisis.

En este momento, Balart, tan lejos y tan entrometido en lo cubano,  alega que a sus electores les preocupa el acceso de artistas cubanos a Estados Unidos y considera, con obvia hipocresía, que se le deben dar oportunidades a otros y negársela a esos representantes de la cultura, como si no las hubieran negado en tantas oportunidades anteriores, y, de igual impidieron el acceso de científicos, académicos, deportistas, en diversas oportunidades a lo largo del tiempo.

En concreto, mantiene su ojeriza contra la Isla, concuerda con el cese de visitas pueblo a pueblo o el arribo de cruceros y la aplicación de la Helms-Burton, entre las medidas impuestas para ralentizar el progreso cubano, pese a que, al mismo tiempo, perjudican a sus propios empresarios.

Solo suponiendo delirantes a estos personajes de cachumbambé político,  es posible entender cómo manejan la mentira de forma tan sucia, interesada y teatral.

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