Ayudas de dudosa moralidad

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Ayudas de dudosa moralidad. Foto Internet.

Decía un colega español que cuando Estados Unidos habla de ayuda humanitaria, la cosa no termina bien. La coloquial fórmula tiene detrás profundidad y una larga historia que la avala, porque, sobre todo, el supuesto socorro que dicen promover, forma parte de una sideral mentira.

A falta de bases para la inmoralidad que están cometiendo contra el pueblo bolivariano, afirman algo tan absurdo como que “Los cubanos invadieron Venezuela”. Así lo afirmó Mike Pompeo, a la cadena Fox Business. Según el secretario de estado norteamericano, también los rusos, iraníes y la libanesa hezbolá, han robado la independencia a los venezolanos.

Con acusaciones tan artificiosas, insostenibles, pretenden acreditar desde las duras presiones contra La Habana, Teherán o Moscú, (aunque en cada caso las hayan establecido por motivos diferentes), o con acusaciones ajenas por completo a Venezuela, pero el comodín les resulta útil para engañar a incautos o  darle base a las injerencistas maniobras tras las cuales ocultan sus ambiciones con respecto a un país de grandes riquezas naturales.  También –no se pase por alto-  lo usan para mancillar a una pequeña isla caribeña, donde se ha resistido durante setenta años el múltiple, injustificado y  feroz asedio del que le hacen objeto.

La soberanía de otros parece provocar urticaria maligna a quienes se creen superiores y predestinados a someter a todos cuantos les parezca. Crean fábulas para ocultar retorcidas intenciones, actos despóticos y abusivos, a veces encubiertos con traje de buen samaritano, como esa pregonada ayuda humanitaria con la cual quieren adentrarse en territorio y almas venezolanas.

¿Cómo creer que no repiten lo hecho tiempo atrás,supuestamente para ayudar a Venezuela, pero en realidad con el propósito de controlar ellos sus hidrocarburos y no dejárselo a otras potencias que también los ambicionaban?

De cómo se manejan las cosas a través de falsedades, hay nuevas muestras en lo recién dicho por Donald Trump, quien afirma, otra vez, que Estados Unidos y la coalición europea, habían liberado “todo el territorio que anteriormente tenía el Estado islámico en Siria e Irak”.

Le roban el mérito al ejército árabe sirio y al iraquí, a la ayuda rusa o de Irán. Pasan por alto que el Pentágono ayudó a escapar a los remantes que quedan. Tampoco recuerdan que bombardearon objetivos sirios con excusas absurdas buscando socavar  los avances de las tropas nacionales sirias, ni que permiten, con total cinismo, que Israel arremeta contra ese territorio cada vez que les cuadre, y como hacen para avasallar a los palestinos, no reciben la menor censura. Los cruzados actuales de los humanísimos derechos, justifican unos, miran hacia otro lado, el resto.Esos si son hechos reales, comprobables. No inventicos que debería provocarles vergüenza. Si la tuvieran, claro está.

Aunque Donald Trump acusa a la prensa norteamericana de inventar calumnias en su contra, es él quien exagera o le da dimensiones a certezas y noticias falsas. Su egolatría le lleva a adjudicarse méritos ajenos y satisface su hambre de gloria con falsedades. Por algo será que tiene 17 causas penales pendientes.

En el discurso anual del martes 5 de febrero dijo que por la frontera sur del país entran todos los criminales que hay en EE.UU. olvidando que le robaron sus asentamientos de forma sangrienta a las tribus originarias de ese territorio.

También aseguró que El Paso, uno de los accesos hacia el país, era una de las ciudades más peligrosas por culpa de los emigrantes. No es así, asegura The Washington Post. Otro ángulo de la mendacidad presidencial fue resaltado por la demócrata StaceyAbrams en su turno de riposta. Sobre los supuestos éxitos económicos que Trump se auto adjudica, planteo: “En lugar de traer empleos de vuelta, las fábricas están cerrando, se avecinan despidos y los salarios pugnan por mantenerse a la par con el costo real de la vida”.

El jefe de estado se atrevió a decir que la salida del tratado de misiles nucleares, de corto y mediano alcance(INF) es culpa de Rusia y que sus socios europeos, repitió, abusan de Washington, en aludido a las cotizaciones para la OTAN. Justificando el abandono de pactos como el suscrito por Obama con Irán dijo que el país persa hace cosas muy malas, sin dar pruebas sobre una sola.

En cuanto a Venezuela tuvo el cinismo de asegurar que era un país muy rico antes del proceso bolivariano. Seguramente se refería a la oligarquía, no al pueblo. También, haciendo gala de gran demagogia, instó a cesar la confrontación bipartidista. En ese sentido vale citar al senador ChuckSchumer quien ironizó afirmando: “Cada año el presidente se despierta con ganas de unidad el día del discurso sobre el estado de la Unión. Luego pasa los otros 364 dividiéndonos”.

Importante detalle entre varios, lo planteó en sus once minutos de riposta la congresista Stancey Adams, al referirse a irregularidades en el ejercicio de algo repetidamente ensalzado en Estados Unidos. Ella dijo: “No acepto los intentos de limitar nuestro derecho a votar. Esa es la próxima batalla de nuestra democracia”. Una, digo yo, carente de lo requerido para erigirse en juez de los demás con dobles magnitudes y ensañamientotan bárbaro.

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