Bailando con Aghata

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Con ingredientes mezclados de novela detectivesca y literatura de horror, el caso de Jaamal Khashoggi parece combinar tramas frecuentes de Agatha Christie con el clásico Frankestein de Mary Shelley, sumadas al hálito indispensable de las más avanzadas tecnologías modernas. Pero lamentablemente, no se trata de ficción, y coloca otro elemento estremecedor en  el intoxicado ambiente mundial  de esta etapa.

El asunto tuvo como escenario Estambul y la legación saudita en la capital turca. El periodista, destacado por sus denuncias sobre los actuales dirigentes de Riad,  ingresó al recinto en busca de documentos oficiales que necesitaba para contraer matrimonio.  Dejó con su novia un celular inter conectado con el reloj inteligente que él portaba al ingresar al recinto. Ella lo esperó por horas, pero el novio nunca salió del recinto.

Lo ocurridofue registrado del reloj al móvil y de este a la Nube (sistema de almacenamiento de texto, sonido e imagen, de los distintos servidores remotos) y según versiones circulando, cuando los miembros de la inteligencia saudita se percataron del mecanismo usadopor Khashoggi para registrar su estancia en la sede diplomática, procedieron a borrar la información digital, capaz de incriminarles por cuanto, se supone, lo ocurrido fue un asesinato con descuartizamiento posterior para suprimir con mayor facilidad los restos de la víctima. Como Turquía alega tener ficheros acusatorios, se supone no lograron eliminar por entero lo alojado en la Nube.

Entre confusiones, realidad y fantasías, de cuanto ha trascendido se echan a ver varias posturas. Aunque hay silencio en algunas capitales y bastante ruido en otras,resulta destacado por su propio pesolo dicho por Donald Trump en cuanto al tópico:

“No estoy contento” pero los saudíes “gastan 110000 millones en(compra de) material militar y otros artículos que crean empleo” en Estados Unidos,- dijo el presidente en declaraciones a su medio de difusión favorito, la Fox News. “¿Saben qué van a hacer? (los saudíes), pues llevarse ese dinero a Rusia o China o cualquier otro sitio”. Aun cuando solo días antesTrumphabía afirmado de modo público también que el reino sunita dejaría de existir en una semana si Washington le retiraba su apoyo, ante una monstruosidad como la manejada, concluye colocando por delante los negocios. Los principios, si los hay, pesan menos, son desechables, según su modo de actuar.

Khashoggi colaboraba con The Washington Post, diario norteamericano donde se plantea que los servicios de inteligencia estadounidenses tienen información sobre planes saudíes para arrestar al periodista desaparecido, siguiendo órdenes del príncipe heredero, Mohamed bin Salman. Si es cierto y se comprueba, no usar esos elementos convierte a EE.UU. en cómplice del crimen si este llega a serdemostrado.

Suponiendo que no llegara a comprobarse, el asunto difiere de modo notable con la forma apurada y decidida que se actuó en casos como el del aparenteenvenenamiento del sobrevalorado ex espía SergueiSkripal. Estados Unidos fue más drástico que Londres, el pretendido ofendido, pues expulsó a un número mayor de diplomáticos rusos de su territorio so pretexto de aleccionar al Kremlin por el no probado suceso. Hubo una obvia concertación de la Casa Blanca con otros gobiernos para infligirle castigos a Moscú, pese a que nadie ha mostrado una sola evidencia. Ni siquiera fragmentos de una huella digital en sitio alguno.

El Ministerio de Exteriores de Arabia Saudita rechazó con rotundidad las declaraciones con las cuales se anuncian sanciones para ese reino y, ripostaron que reciprocaráncuantas les impongan. “Aseveramos que ante cualquier acción,tomaremosmedidas de respuesta a escala mayor, plantea el informe entregado por el servicio diplomático, en rechazo lo mismo a penalidades de orden político como económico.

Si bien Turquía  acusó a los sauditas del presunto asesinato, no le ha dado la espalda al equipo de investigadores enviado por la casa real, destinado a encontrar lo hasta ahora en el misterio y enmarcado por tenebrosas sospechas. Quienes valoran de acuerdo pragmático  lo ocurrido entre los jefes de gobierno estadounidense y turco, Trump y Erdogán, debido a la liberación del pastor Andrew Brunson,  ciudadano norteamericanopreso en Turquía por cargos de terrorismo y espionaje, suponen habrá algún tipo de arreglo parecido con este otro acontecimiento.

La detención del influyente evangelista dañó los vínculos entre Washington y Ankara. Según diferentes enfoques, la reciente situación financiera que de forma brusca perjudicó a Turquía tiene el sello de la represalia y las presiones ejercidas por la Casa Blanca, desde donde no se privaron de hacer públicas sanciones impuestas contra los turcos.

Como otras situaciones indefinidas y pendientes de hilosapolillados, este extraño, puede que macabro, pero aún brumoso suceso, puede quedarse archivado con otros tantos. De ningún modo despejará el ambiente mundial, tan retrógrado y anárquico que asusta, o por lo menos deja huellas terribles anotadas para el más  inseguro de todos los probables después.

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