Cantante y decidida patriota: Ana Aguado

 La historia cuenta la vida de personas que por sus actividades a favor del bienestar  común, se destacan en la época en que les tocó vivir  y forman parte del patrimonio de cada pueblo.

Cienfuegos fue cuna de muchas de esas personas, desde la etapa colonial hasta nuestra historia reciente, entre las que sobresalen numerosas  mujeres, cuya vida y obra,  las ubican entre los valores patrimoniales de la ciudad.

Ana Carlota de la Cruz Aguado Andréu, «La calandria cienfueguera”

Nació en Cienfuegos el 3 de mayo de 1866, estudio en el Colegio «Santísima Trinidad» dirigido por Rafaela González de Mendoza; pero su mamá le impartió las  primeras lecciones de solfeo.

Cuado tenía 10 años de edad, su familia se trasladó a vivir en Galicia, España y allí  desarrolló  sus aptitudes para el canto y la música, a través de las lecciones de piano del notable profesor Casas y las de canto del Presbítero Antonio Díaz.

En la Coruña realizó sus primeras presentaciones públicas, en las cuales brilló por sus cualidades; en 1883 regresó  a Cienfuegos y colaboró en el ámbito de la vida  artísticas de su tierra natal.

Unida a destacados músicos, organizó con gran éxito la sección de declamación en la Sociedad de Artesanos, desde entonces la denominaron  “ La Calandria Cienfueguera». Su voz estuvo presente en tertulias y actividades artísticas,  que reunían a integrantes de la sociedad local.

En la interpretación de  piezas de zarzuelas españolas y arias del género operístico,  triunfó con su sobresaliente voz de soprano que se caracterizaba por su extensión y la belleza de su timbre

A fines de 1889, al igual que muchas familias cienfuegueras inconforme con la política del régimen español, Ana Aguado y sus parientes más cercanos se marcharon a Los Estados Unidos.  En Nueva York se reúne con Guillermo M. Tomás, director de orquestas y bandas, musicólogo, profesor y compositor, quien estaba exiliado  y con quien había iniciado relaciones sentimentales.

 A los pocos meses el 19 de mayo de 1890, contrajeron matrimonio, y se radicaron en el barrio de Brooklin. Estando de “luna de miel” nuestro Apóstol José Martí, le pidió que uniera a esos felices momentos , el  goce de cooperar con la causa de la independencia cubana, la respuesta fue positiva y participó el 16 de junio en la velada  del «Hardman Hall» destinada a recaudar fondos para  la luchas por la independencia de Cuba.

En esa ocasión José Martí,  el envió la carta siguiente:

«New York. junio 7th/90 Sra. Ana Aguado de Tomás Distinguida señora y amiga: Aprovecho con gusto la ocasión de comunicarle que la Comisión de la fiesta del Club, le remite aparte siete papeletas, para darle muestra anticipada de agradecimiento fraternal con que mis compañeros y yo estimamos la benevolencia con que se presta Ud. a ayudar, con la fama de su nombre y el encanto de su voz, a la fiesta en que va a ser Ud. el principal ornamento. Los tiempos turbios de nuestra tierra necesitan de estos consuelos. Para disponerse a morir es necesario oír antes la voz de una mujer.

Lo muy atareado de mi vida y el temor de parecerle intruso, ha sido causa de que no fuese en persona, como me manda mi sincero afecto, a agradecer a Ud. y a su esposo el servicio que nos presta, y es a mis ojos mucho mayor por lo espontáneo. Pero tendré a la primera ocasión especial placer en estrechar la mano del Sr. Tomás, y ponerme a los pies de nuestra noble admirada artista.

De Ud. afmo; respetuoso servidor José Martí».

Desde ese momento, comenzó a cantar para la patria y  colaborar en  colectas y ayudas materiales de medicinas, armas, ropas y alimentos para los combatientes. La prensa norteamericana elogio varias veces su actuación  y los cubanos agradecieron su forma decidida de cooperar con la causa de la independencia.

Su nombre  resultó familiar a los emigrados que la  aplaudían, mientras ella multiplicaba sus tareas patrióticas, en un momento en que disfrutaba a plenitud de su talento y  energía.

Los historiadores relatan que en 1893, al quedar vacante la plaza de soprano solista en la famosa iglesia San Francisco Javier, cuya  capilla  tenía mucha fama y el mérito de interpretar a grandes maestros como Bach, Haydn, Mozart, Beethoven, Weber y Schubert, además era el punto de cita de artistas y aficionados de esa ciudad y  los barrios extremos.  

Ana Aguado aspira a la plaza en la iglesia de San Francisco Javier, de Brooklyn, que contaba con un excelente cuarteto vocal clásico y un coro de treinta cantores y un organista; y la gana en difícil oposición, entre 22  aspirantes, después se presentó en otros escenarios y fiestas organizadas en esa ciudad, continuando con sus labores patrióticas.

La prensa cubana de Nueva York dedicó espacios a las actividades de la cantante cienfueguera; pero en 1897 nació su hijo Enrique y entonces ante la necesidad de atender al niño renunció a su puesto en la Iglesia de San Francisco Javier para consagrarse a su condición de madre.

En esa etapa ella y Guillermo Tomás recibieron la noticia del triunfo de los cubanos y determinan regresar a La Habana, donde para revalidar sus cualidades ante el público habanero, se presentó  en el Salón López ante una numerosa concurrencia.

Lamentablemente en esa época sufrió una afección bronquial, por lo cual sólo en algunos  momentos  recuperó la salud; pero su voz  no recuperó nunca su característico timbre, entonces se dedicó a la enseñanza para la cual tenía grandes aptitudes.

Se desempeñó en la subdirección y la enseñanza de canto en la Escuela Municipal de Música, fundada por su esposo y entre 1908 y 1913 cantó en los teatros Nacional y Payret en conciertos organizados y dirigidos por Guillermo Tomás, que era el  director de la Banda Municipal de La Habana.

El 6 de mayo de 1921 falleció Ana Aguado y  en Cienfuegos se construyó en su honor un parque  en Calle 37, entre las avenidas 18 y 20, en el Reparto de Punta Gorda, que lleva su nombre y que fue diseñado por  los arquitectos Irán Millán Cuétara y Eduardo Mustelier Carrizo, en el que fue colocado un medallón con la efigie de la inolvidable cantante, obra de los artistas de la plástica Pura Carrizo, que lo diseñó  y William Pérez, en la  ejecución.

La realización de este trabajo se basó en documentos de la Oficina del Conservador de la Ciudad y el Centro Provincial de Patrimonio, en investigaciones de quien fue una destacada investigadora Teresita Chepe Rodríguez,  del  MSc. Irán  Millán Cuétara y el MSc. David Soler Marchán, relacionadas con la historia y el patrimonio cienfueguero, publicaciones de la prensa local y nacional y Ecured.

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Publicado Por: Manuel Varela Pérez

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