Caramelo envenenado

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«Con los pasos correctos, a Cuba le podría ir muy bien, podríamos hacer una apertura», afirmó Donald Trump a una cadena televisiva estadounidense. Algo con rasgos de trampa para incautos. Un dulce escondiendo el porrazo, pues si la Isla “no sale de Venezuela” él va a fortificar sanciones contra la Isla que, como se sabe, son férreas y últimamente recrudecidas.

Lo dicho por el presidente norteamericano está en línea con las coartadaspara eludir los fracasos en el país bolivariano, gracias, afirman, a la hipotética intervención de los cubanos, algo tan falso como los títeres que están usando para impedir el normal progreso de Venezuela.

Decirle soldados o agentes de inteligencia a médicos e instructores deportivos, es una mentira destinada a promover penurias a los venezolanos su cesara la asistencia sanitaria y otros beneficios solidarios, buscando mayores penurias y quela gente se insubordine.

Asimismo, quieren justificar el retroceso en el acercamiento entre la Habana y Washington que llevó al restablecimiento de relaciones diplomáticas y a un enfoque nada ingenuo, pero sí menos agresivo que el recién activado y acaba hoy mismo de ponerse en vigor, con el super citado título III de la Helms Burton.

Con un mismo disparo intentan asesinar dos procesos progresistas.

Las pésimas ecuaciones y la paranoia  de personajes encumbrados dentro de la administración estadounidense, crecen. Bolton le ha contagiado a Trump su ofuscada entelequia contra la revolución cubana, y Marco Rubio y Mike Pompeo, le añaden vitaminas pervertidas a lo que tiene trazas de indigestión política.

A pocos engañan en los dos casos.  Desde Moscú, el canciller Serguei Lavrov, en respuesta a las acusaciones de Pompeo sobre la también hipotética culpa de Rusia en el devenir venezolano, le respondió: «Esta influencia destructora no tiene nada que ver con la democracia» es «una injerencia en los asuntos de Venezuela».

La narrativa calumniadora imperial no convence, porque los sectores radicales venezolanos no han logrado el apoyo de las Fuerzas Armadas ni del pueblo de Hugo Chávez. Algunos analistas piensan que el intento de golpe de ayer se reduce a otra acción propagandística. Pero si de algo tiene pinta es de  pésimos cálculos y fracaso.

Con una aritmética de primaria pretenden concluir que los pueblos pueden ser engañados. El venezolano probó otra vez su estirpe bolivariana, y el nuestro, dijo claro y alto en el alegre y firme desfile por el primero de mayo, que está contra leyes extraterritoriales y regalitos de baja ley. Deberían respetar esa voluntad.

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