Carta abierta a Alberto Luberta

Comentario

Progreso por dentro

Hermano mío: Me acabo de enterar de tu partida por la Emisión Estelar del NTV y ya estoy frente a la máquina para tratar de escribirte algo de lo mucho que se te quiere. Y eso tú lo sabes.  Hace tan solo unos meses, ya se había publicado una crónica para el Portal de la Radio por la fiesta que te organizó el ICRT con motivo de tu cumpleaños.

Recuerdo de esta emotiva celebración, el detalle de que nada de lo que pasó allí, en la misma cuadra donde vives con tu querida Caridad, compañera de tantos años- nada fue por puro compromiso.

En la atmósfera de aquella inolvidable noche, se sentía que tanto la orquesta Aragón como el elenco de Alegrías de Sobremesa, el humorista y los animadores junto a tu familia y vecinos, no sabíamos qué otra cosa podíamos hacer, qué más darte para verte feliz de recoger toda esa gran cosecha de amor que has sembrado de alegría para nuestro pueblo durante más de 55 años.

Sin embargo, detrás de toda esa chispeante dosis de humor costumbrista, ese que nos entregaste por las ondas de Radio Progreso en tantos años, está la mano de un escritor de talla profesional.

Eres el testimonio más fehaciente de lo que significa ser un verdadero maestro: de esos que entre los tantos legados que dejas en lo más profundo del alma de cada uno de tus compañeros, está la responsabilidad que hasta para hacer reír al cubano, hay que tomarse muy en serio la profesión de escritor humorista.

No por gusto, aunque ya formes parte de las legendarias personalidades que con su arte enriquecen nuestra memoria, siempre te hemos visto como un mito. Pero obviamente, con la diferencia de quienes pretenden serlo, pero no pueden porque son de atrezzo.

El pueblo siempre te ha identificado como uno de los suyos, como uno de esos grandes artistas que de tu talento e imaginación, muchos momentos del buen humor salieron de tu pluma para hacernos reír ampliamente. Así que ni te imagines que te hayas ido, pues estás por siempre en el corazón de quienes te queremos, es decir en el corazón del pueblo de Cuba.

Un fuerte abrazo,

Guille Vilar

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