Cierto color… ¿amarillo?

Comentario

Este mundo nuestro

¿Tienen razón quienes piensan que el movimiento popular en Francia es solo el inicio de procesos similares en otros países?

Como para todo litigio, se hace posible más de una respuesta, pero sin esperar desenlaces, es seguro que lasreivindicaciones de los chalecos amarillos tienen fundamento. De lo contrario, el gobierno no habría cedido primero a eliminar la tasa impositiva sobre los carburantes, detonante de las protestas, ni a continuación un aumento del salario mínimo y otras concesiones.

Hay aspectos poco frecuentes en esta circunstancia. Una ocurre a partir de que  quienes salieron de forma masiva a manifestarse en Paris y otras ciudades, no lo hicieron guiados por un líder o en respuesta a una organización sindical o política. Ha sido una movilización espontánea a la cual se sumaron descontentos por los motivos originales o por la suma de los previamente existentes.

Y motivos no faltan. Tanto así que se identifica el malestar con toda la clase media y los sectores bajos de la sociedad. Los de arriba, por supuesto, no tienen de qué quejarse. EnmanuelMacron les ha favorecido en demasía. Lo llaman el presidente de los ricos, vale repetir. Y dado lo injusto de que se creen impuestos para la mayoría en apuros mientras se liberan a los pudientes de esas cargas, es que se ensancha el pliego de peticiones. Los franceses en las calles están exigiendo que los ricos también paguen. Según trascurrieron las semanas de agitación y pese  al atentado terrorista en Estrasburgo que desvió momentáneamente la atención general, se está pidiendo la renuncia de Macron.

En ese punto también hay una singularidad  a no pasar por alto: las fuerzas de izquierda presentaron unamoción de censura contra el mandatario quien logró salir del apuro, nada menos que gracias alapoyo favorable de la ultraderecha de Reagrupamiento Nacional (antiguo Frente Nacional). El hecho introduce interrogantes de peso en los acontecimientos que, en suma, y sin ese título, es una rebelión anti neoliberal.

Lo es porque todas  peticiones populares tienen que ver con la eliminación de los ajustes iniciados con la crisis global, pero  ya se venían implementando, pues la Unión Europea acordó para todos sus miembros la implantación de ese destructor modelo económico.

Los chalecos amarillos no se limitaron al asunto de la ecotasa (el gravamen está envuelto en una hipotética medida ecológica), sino piden defender la industria francesa y los bienes manejados por el estado. Algo, en resumen, contrario a las privatizaciones galopantes, las desregulaciones  en el mundo el trabajo (en favor de la patronal, claro) y la insuficiencia de los servicios sociales. Entre ellos, se hace casi imposible que los jóvenes de bajos ingresos cursen estudios universitarios. Eso provocó que los estudiantes se hayan sumado a este movimiento.

Entre los observadores del área, los sucesos en Francia visibilizan un fenómeno expresado en otros países a través del voto –a veces tan carente de lógica que desconcierta- o de la ingobernabilidad ya común en estos tiempos.

El ascenso de la ultraderecha al parlamento alemán y los problemas para formar una coalición (ningún partido es capaz de organizar gabinete con fuerzas propias y deben buscar aliados en otras formaciones) y en casos como el de Alemania llevaron a la renuncia de Ángela Merkela otro mandato como canciller. La crisis en España  provocó el derrocamiento de la administración conservadora ylas no menos significativas movilizaciones en Polonia o Hungría contra leyes perjudiciales para la sociedad o la manipulada democracia, evidencian el daño provocado por un patrón demasiado injusto como para sostenerse por mucho tiempo.

No es descabellado suponer que el brexit tiene en su base problemas generados por este mismo fenómeno. No de balde fue en el Reino Unido donde primero se instaló el neoliberalismo en los años 80, conMargarethThatcher y un saldo lamentable (destruyó los sectores mineros y las estructuras de garantía más apreciadas en el país), así como una sangrienta expresión en los jóvenes norirlandeses en huelga de hambre.

Sus sucesores profundizaron las medidas iniciales  dando pie a numerosas expresiones de malestar ciudadano. No se olvide que fue uno de sus discípulos, David Cameron, quien propuso la salida del pacto comunitario que tanto divide a un país con el mejor sistema de salud público del mundo pero hoy exhibe un desastre sanitario vergonzoso para nación de tanta prosapia. Es solo un ejemplo de la disparidad entre la opulencia grosera  de pocos y la depauperación progresiva de los sectores medios o bajos.

Macron tiene que hilar fino, como diría mi abuela, si no quiere que este asunto concluya mal. En cuanto a los demás, si no se miran en ese espejo por miedo a verse feos, posiblemente la verdad acabe estallándole en las narices.

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