Creencias, mitos y leyendas de Cuba

Los campos cubanos son muy prolíficos en la cultura oral. Cuentos de camino, leyendas, mitos e historias de aparecidos se transmiten de generación en generación hasta nuestros días, incluso pasan por verdad histórica. Hoy Radio Progreso, la emisora de la familia cubana comparte varios de estos mitos o leyendas.

El Guije de La Bajada

Por el siglo XVII, Remedios fue atacado por demonios y a uno de estos parece haberle agradado el lugar quedándose en la poza de la Bajada. Este diablillo acostumbraba a rondar por lugares vecinos a su guarida, robando provisiones para subsistir. Para acabar con este mal era necesario reunir 7 Juanes primerizos para poderlo capturar; después de muchos aprietos fueron reunidos estos hombres: Juan Manises, Juan Buniato, Juan Tayuyo, Juan Calzones, Juan Patudo, Juan Pericoso, Juan Chicharrones.

Ellos se de dirigieron hacia la guarida del güije para capturarlo a las 4:00 a.m. pues a esta hora él se sentaba en una cerca al lado de la poza. Los Juanes llegaron al lugar y esperaron a la hora requerida para capturar al güije, y así se hizo, después de la confusión, con gritos y trabajo lograron capturarlo. Cuando llegaron a la ciudad remediana con el diablillo encadenado de tal forma que no pudiera moverse, el cura dio su palabra, el güije tomó fuerzas desconocidas y dando un espeluznante grito desapareció. Solo dos Juanes reaccionaron y le cayeron atrás, pero el güije fue mucho más rápido y logró llegar a su charca. Se dice que todavía habita allí, aunque no sale con frecuencia.

El Palomar

A mediados del siglo XIX hacia 1859 un francés llamado Augusto Fisné Miranda construyó con elementos propios de la arquitectura militar una casona de dos plantas. La imaginación popular lo convirtió en un hombre inmensamente rico, heredero de una gran fortuna; amaba a una hermosa joven de la más rancia aristocracia remediana de entonces, con la que contrajo matrimonio llevándola a vivir a la mansión – fortaleza.

La muchacha tocaba el piano con mucha destreza, su amado pasaba largos ratos en éxtasis escuchando como su amada arrancaba del teclado las más sensuales melodías; todo era amor y ternura en aquella pareja, además contaban con multitud de esclavos y sirvientes que se ocupaban de los quehaceres de la casa. Dicen que una mañana dejó de escucharse en el vecindario la música proveniente de la casona. Nadie volvió a saber nada de la romántica pareja.

Una repentina enfermedad volvió cadáver a la joven, siendo sepultada en el patio de la casa como lo dispuso el esposo en medio de un delirio que inmediatamente se convirtió en locura crónica pasando días y noches junto a la tumba de la amada sin ingerir alimentos ni dormir, lo cual acarreó como consecuencia que a los pocos días también murió y fue enterrado junto a la mujer, en la rústica sepultura. En un torreón deshabitado del caserón aparecieron en horas de la mañana y el crepúsculo dos palomas que se arrullaban amorosamente y muchos creyeron escuchar melodías que brotan de un misterioso piano ubicado en algún lugar del castillo.

La noticia corrió rápidamente entre la población que desde entonces bautizó la casona con el nombre de EL PALOMAR, nido de amor del desaparecido matrimonio cuyas almas regresaron al hogar convertidas en blancas palomas.

El Sapo de Jinaguayabo

Cuentan que EL SAPO DE JINAGUAYABO vive debajo de una piedra en el camino del Tesico. Nadie lo ha visto, pero se supone que es tan viejo que se dicen que tiene su cuerpo cubierto por un escamoso y duro carapacho.

En la época de sequía se mantiene muy tranquilo, pero al amenazar la lluvia empieza a croar, primero suave, pero al aumentar la lluvia, emite el sonido tan fuerte que se puede escuchar a varios kilómetros y cuando escampa se calla. Dicen que tiene un tamaño normal, pero que lo va aumentando hasta alcanzar el de un chivo.

La Gritona del Seborucal

Francisco Náu, ‘’El Olones’’

Dice la historia que allá por el siglo XVII, época en que Remedio era asolada frecuentemente por ataques de piratas y corsarios, vivía aquí una hermosa joven. En el año 1658 llegó a nuestras tierras el piratas francés Francisco Náu. ‘’El Olones’’ al frente de una partida de criminales los cuales habían dejado el caserío de la pobre muchacha más limpios que las claras aguas que brotan de los manantiales del ‘’Posito de Tesico’’, la joven trató de escapar pero fue inútil pues para desgracia suya en el intento tropezó cayendo de bruces ante el mismísimo cabecilla de los piratas, este al observar a la joven quedó prendado de ella decidiendo llevarla consigo y hacerla su amante.

La muchacha se defendió con todas sus fuerzas del ataque rudo del capitán arañándole la cara y el pecho, quien ya desesperado y furioso, al no conseguir su objetivo ante tan valiente remediana, arrebató violento un hacha afilada a uno de los suyos y le cortó la cabeza a la muchacha en un descomunal talo.

Se cuenta que el cuerpo de la víctima continuó avanzando rápidamente con la cabeza ensangrentada entre las manos tratando de situarla de nuevo en su lugar y así tuvo la fuerza necesaria para llegar seguido por su homicida y sus secuaces, hasta una furnia especie de pozo excesivamente profundo, situado en la zona de Seburucal, no lejos de Remedios, cuentan que en vano la siguieron ya que la leyenda se encargó de impedir que la desventurada muriera colocándose la cabeza en su lugar y funcionando sus signos vitales, sólo que permaneció como encantada en su subterránea morada; pero además, la rica imaginación popular le concedió también el don de abandonar su refugio 4 veces al año: el primer viernes de enero, el viernes de Dolores, el viernes Santo y viernes anterior a la natividad de Cristo.

Algunos aseguraban que durante más de dos siglos la joven aletargada estuvo vagando por la villa a partir de las 12 de la noche, durante todas las madrugadas de los mencionados viernes de manera curiosa pues salía de la sepulcral residencia con la cabeza en la mano, daba una vuelta al pueblo siguiendo los quejidos, recorría las calles de norte a sur y de esta a oeste, se detenía en algunas esquinas, ponía la cabeza en su lugar sobre los hombros y comenzaba a emitir fuertes y cavernosos alaridos capaces de llenar de pavor a cualquier habitante, esta según se cree era la forma que tenía el fantasma de recordar a todos, el crimen ejecutado por el pirata en 1658, en este mismo pueblo.

La gritona, como pasó a llamársele al visitante de ultratumba, después de gritar en una esquina, volvía a tomar la cabeza entre las manos para más adelante repetir la escena, llegándose así a convertirse en el “coco” para los niños y el terror de la población en general. Al oír aquellos terribles lamentos los enfermos morían, las embarazadas abortaban, los perros aullaban melancólicamente, los pobladores se envolvían en sábanas como asolados y en cada uno de los hogares esta expresión de terror : ¡Dios nos asista, ahí viene la gritona de Seburucal!

La Loma del Perro

Cuenta la tradición oral que en la segunda mitad del siglo XIX vivía en una casita muy humilde, pero aseada y con buena presencia, situada en una pequeña elevación un joven matrimonio campesino los cuáles su sustento eran los frutos de un sitio pequeño como medio de ganar el pan de cada día y poder casarse.

La joven nombrada María del Buenviaje era conocida por sus virtudes y hermosura tales que se convirtió en el ideal amoroso de más de un galán del pueblo; el esposo alegre, apuesto y trabajador no le faltaban las “hijas de Eva ” que anhelaban su compañía, pero en realidad vivían el uno para el otro. Como la felicidad nunca es completa al ocurrir los primeros levantamientos armados, el esposo acudió al llamado de la patria, no sin antes dejar a su esposa acondicionada para el mantenimiento del hogar durante el tiempo que estuviese fuera.

Junto a ella quedó entre otras pertenencias un enorme perro negro llamado “Guardián ” , el cual se convirtió en su mas fiel e inseparable compañero durante el día y la noche. Cierto día pasaba un Capitán de Partido al que el pueblo le puso “Tronco e Yuca”, cerca de la casa de la joven, conociendo la ausencia de su esposo decidió probar suerte y empezó a decirle hermosas frases de amor, al percatarse del rechazo de María cambió en groseras y ofensivas contra ella y el esposo mambí; el perro comenzó a ladrar y a gruñir amenazante y viendo que el capitán forcejeaba con la muchacha para llevar a vías de hecho sus mezquinos propósitos, se abalanzó contra él rasgándole la ropa y mordiéndole las piernas hasta arrancarle pedazos de piel y hacerlo sangrar. Tronco e yuca aterrado salió corriendo seguido de cerca por Guardián el que recibió del fugitivo un machetazo en la cabeza que calló muerto al instante ante los húmedos ojos de su desdichada ama.

La rabia y el rencor del capitán no tenía límites y decidió regresar con un grupo de matones para tomar venganza, prendiendo fuego a la casa por los cuatro costados, vigilando que la joven no tuviera escapatoria y así logró consumar el horrendo crimen. Se cuenta que estando la casa aún en llamas y su dueña carbonizada en el interior, no se sabe de dónde, un enorme perro negro cuyos ojos brillaban como ascuas que se abalanzó sobre el asesino, clavando una y otra vez sus afilados colmillos en el cuello de este, y desgarrando su piel hasta dejarlo tendido en el suelo en medio de un charco de sangre, desapareciendo de nuevo misteriosamente sin dejar rastro. Los acompañantes del capitán huyeron atemorizados hacia el monte dejando a su jefe a merced de las aves de rapiña.

El esposo luego de saber lo sucedido y lleno de odio contra el enemigo, se abalanzó contra este y fue herido gravemente, muriendo varios días después no sin antes clamar por su amada en medio de un delirio febril.

Después de estos sucesos y hasta nuestros días muchas personas aseguran haber visto en noches de luna llena, a un perro negro, rodeando y olfateando por dónde se encontraba la humilde casa de aquella infeliz pareja y cruzar el camino aullando lastimeramente, echando candela por la boca y hasta arrastrando cadenas, que desaparece de inmediato cuando se percata de algún vehículo que se desplaza por la actual carretera o la presencia de campesinos que cruzan por el lugar, esto lo afirman muchos chóferes de alquiler que transitan por allí en horas nocturnas y vecinos aledaños al sitio conocido hasta hoy por todos los remedianos como La Loma del Perro.

La Bruja de San Salvador

Hasta finales del año 1894 existieron en la calle San Roque entre San Cristo y San Jacinto unos colgadizos en ruinas de granadero embarrado y tejas, que fueron propiedad de una señora llamada doña Ana de Rojas, cuya edad era imposible de calcular por lo vieja y arrugada, habitando parte de la casa desde el tiempo de ñaña seré, quien llegó a convertirse para los remedianos, algo así como un personaje célebre.

Esta señora era muy devota de San Salvador de Horta, patrono de uno de los Barrios en los que se divide el pueblo para competir en las tradicionales parrandas, estando encargada de la limpieza de un templo erigido en honor a este santo católico en uno de los extremos de la villa, desaparecido hace muchos años, a donde iba todas las tardes apoyada del brazo de una esclava suya, negra conga muy obediente y voluntariosa llamada Manuela, para tocar personalmente las campanas y así llamar a misa a los feligreses de los alrededores, entre otras cosas doña Ana le fascinaba enterarse de la vida y milagro de toda la gente del barrio y como por esa época el vecindario se recogía temprano a dormir, salía con el cabello revuelto y un palo con una vela encendida en la punta, dando gritos por la calle para atemorizar a los vecinos, no ser reconocida y enterarse de primera mano de cuanto acontecía.

Esto hizo que cundiera el pánico en la zona y no hubiera alma viviente en todos aquellos contornos, que se atreviera a poner un pie fuera de la casa, pues se decía que salían por el barrio espíritus, diablos y almas en pena y hasta la gritona de la calle de la Mar había perdido el rumbo y salía cuando le parecía, susto mayúsculo para los descarriados que veían caer la noche alejados del techo hogareño.

Por aquellos tiempo estaba de Comisario un señor llamado Dan Antonio Abad González “La Rabia” por su carácter y terquedad quien no creía en muertos, ni diablos y atrapando a Doña Ana infragante; dándole palos hasta casi romperle las costillas. Después de esto la señora no temía a nada ni a nadie, persiguiendo con sus armas de defensa, una guataca vieja, bayoneta amarrada en el extremo un palo aparentando una lanza con las que mantenía a raya a quienes se atrevían a entrar a su patio a robarle tamarindos, mangos, cafetos y nísperos.

Doña Ana vivía del alquiler de cuartos y la venta de frutos, hay quienes aseguran que tiraba la suerte de las barajas, predecía el porvenir y hasta preparaba brujerías por algunos reales. Se cuenta que terminó sus días allá por los últimos años del siglo XIX, recostada en una hamaca de henequén siendo columpiada por su sirvienta mientras gritaba desaforadamente echando ajos y cebollas contra sus enemigos. Aquella anciana de la cual dicen salía aún después de muerta con el pelo envuelto y una vela en la punta de una vara, pasó a los anales de la vida y ha llegado hasta nosotros a través de la tradición oral como “La Bruja de San Salvador”.

El bosque de los espíritus

Tal vez la soledad del pescador, el silencio para realizar la faena y la inmensidad del mar contribuyen a imaginativas leyendas que se trasmiten de una generación a otra en esta localidad costera, entre ellas  figura el bosque de Cayo Jutía.

Dicen los pobladores de la región  que en el islote, de gran belleza, se halla una arboleda  muy útil para quienes se dedican a hacer carbón vegetal, pero se mantiene intacta por una leyenda referida a la existencia de espíritus que la protegen. El imaginario popular refiere que en la década del 40 del siglo último, llegó hasta allí una familia que pretendía cortar la madera y aprovechar las propiedades de un paraje casi virgen.

Hasta el cayo llegaron los forasteros cuando caía la noche y esperaron al amanecer para iniciar la tarea pero cuál no sería la sorpresa, cuando al picar los primeros troncos sintieron el lamento de una mujer y el llanto de niños.

Los leñadores siguieron el sentido de los gemidos y en la punta del cayo encontraron cinco cruces en la tierra, lo que provocó la renuncia a cortar la leña y motivó el rápido retorno a tierra firme.

De regreso a Caibarién contaron a los vecinos lo sucedido, quienes les narraron que hacía varios años, en aquel islote se había ahogado una madre junto a sus cuatro hijos y desde entonces sus quejidos  servían de resguardo contra aquellos que intentaran derribar árboles de ese bosque.

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Publicado Por: Radio Progreso

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