Cuando NO hay lo que hace falta

Comentario

Este mundo nuestro

Si la VIII Cumbre de las Américas no fue la peor de todas compitió fuertemente por  ganarse ese título. El país anfitrión no era el mejor escenario para abordar los temas de gobernabilidad y corrupción. Por eso mismo, se ¿explican? los problemas de ¿organización? que permitieron irregularidades indecorosas al otorgar –casi no- la palabra en los debates o en la formación de bloques en los foros de la sociedad civil y hasta en el acceso de importantes segmentos de representantes cubanos, mientras se fue generoso con mercenarios ad hoc.

En mi criterio personal este encuentro, es de lamentar, fue más sainete que obra digna de aplauso y memoria. Lo de menos sería la baja participación de jefes de estado del Continente, (menos de la mitad) por notable que resulte la ausencia  de Donald Trump, quien mandó a Mike Pence y un soberbio mensaje a este encuentro. Elvicepresidente norteamericano, con la torpeza propia de los petulantes, exigió  a los dirigentes latinoamericanos que debían comerciar con Estados Unidos y no con China.

Criterio y actitud que obedecen, al parecer,a lo que en palabras del ex jefe del FBI, es “La concepción del mundo del nosotros contra ellos. La mentira sobre todas las cosas, grandes y pequeñas, al servicio de algún código de lealtad que pone a la organización por encima de la moralidad y de la verdad”. Así se expresa, James Comey, sobre Trump y su entorno,  en un libro de su autoría del cual trascienden datos como este, con criterios aplicables lo mismo a cuanto expuso Pence a nombre de su gobierno en Perú, que al deplorable ataque a Siria perpetrado con una dosis de irresponsabilidad altísima.

De cara a otro ámbito, pero con similar agenda, los mismos protagonistasni siquiera ocultan sus peores estrategias.  Lo advertía, el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla al intervenir en el plenario de laCumbre: “Ahora, el objetivo es restablecer la dominación imperialista, destruir las soberanías nacionales con intervenciones no convencionales, derribar a los gobiernos populares, revertir las conquistas sociales y reinstaurar, a escala continental, el neoliberalismo salvaje”.

Los instrumentos a usar no difieren demasiado de algunos anteriores. Parten de la supuesta lucha contra la corrupción empleando leyes deformadas a conveniencia que convierten a los criminales en jueces  y dan base a maniobras para impedir que sean elegidos “candidatos con fuerte apoyo popular, como es el caso del Presidente, preso político, Luis Ignacio Lula Da Silva cuya libertad demandamos”.

Poco de lo ocurrido en la capital peruana asombra, dados los elementos preliminares que se acumularon en los últimos dos años en el hemisferio, comenzando por el acceso a la Casa Blanca de quien no puede presumir –ni parece interesarle- de mesura o madurez política y concluyendo por los representantes de los sectores oligárquicos más conservadores que han accedido –o usurpado-  los espacios de poder que estuvieron en manos progresistas.

Son aquellos que con los trillados golpes de pecho sermonean contra la corrupción, pero mantienen dudosas inversiones personales en paraísos fiscales, amiguetes que ejecutan o encubren delitos, u otros reprensibleshechos aunque vistan de corbata y frac.

Es triste, decía y repito, que cuanto pudo ser un medio para hacer frente a problemas  y peligros comunes, en lugar de escudo, se haya convertido en una farsa  con tan infames figurantes. Pienso en Almagro, pero no solo en él y vuelvo a lamentarme, ante tan pedestre resultado.

 

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