#Cuba: Rendición de cuenta en los barrios y elecciones en la Asamblea Nacional

A Cuba, en el exterior, se le suelen reconocer, en mayor o menor grado, sus avances en la salud, la educación,  la seguridad social, el deporte, la integración de la mujer, la biotecnología,  la tranquilidad ciudadana, la efectividad de la defensa civil, afirma el periodista Tubal Páez Hernández.

Por el prestigio que goza en la colaboración internacional, muchos gobiernos demandan a la Isla determinados servicios; y figuras públicas, incluidos algunos políticos de derecha, admiten esos beneficios sociales. Salvando la posición de los amigos, no pasa lo mismo con el reconocimiento al modelo económico y social cubano, sin el cual no hubieran sido posibles esos logros y otros no mencionados.

Al margen de las opciones ideológicas que definen la estructura de los Estados, muchos de los viejos reclamos de los cubanos antes de 1959, presentes hoy en otras latitudes, solo requerían de voluntad política para solucionarlos, como la erradicación de latifundio o la discriminación racial, proscritos desde la Carta Magna de 1940.

La reforma agraria, ese paso de elemental justicia para acabar con el problema principal de Cuba donde las grandes extensiones de tierra en pocas empresas o propietarios individuales coexistían con la pobreza y el desempleo extremos en el campo‒ fue la primera causa que unió a la inmensa mayoría de los cubanos en torno al programa del Moncada, y concitó el odio del imperialismo y de la oligarquía terrateniente criolla.

A cada agresión de sus enemigos, el joven Gobierno respondió con medidas que iban profundizando la participación popular en la toma de decisiones, y para hacerlas irreversibles entregó armas para la defensa de las conquistas alcanzadas. Fueron años en que los ciudadanos votaban levantando los fusiles o las manos en las plazas e inscribiéndose en las organizaciones revolucionarias.

El reconocimiento multitudinario a Fidel en toda Cuba a principio de 1959 inició un camino de compenetración cada vez más estrecha entre los jóvenes gobernantes y los sectores populares, en el cual se fue haciendo práctica frecuente el ejercicio de una democracia directa ante retos y realidades cada vez más complejas.

Habían pasado apenas unas semanas de la victoria rebelde, cuando el pueblo desbordado frente al Palacio Presidencial respaldó la Operación Verdad ante una campaña internacional de mentiras acerca de la realidad cubana.

Ejemplos de democracia directa fueron también, y sobre todo, la Magna Asamblea Popular en septiembre de 1960, que sobrepasó los límites de lo que sería después la Plaza de la Revolución, y aprobó la Primera Declaración de La Habana; año y medio después, en el mismo lugar, un mar de brazos  ─esta vez junto a los de decenas de miles de compatriotas llegados de todas las provincias─ proclamó la Segunda Declaración, ambas de profunda proyección política.

De enorme simbolismo, familiaridad y entusiasmo, resultó el diálogo de Fidel con la impactante concurrencia al acto de masas tras la clausura del Primer Congreso del Partido, en diciembre de 1975. “Si allí se reunió el Congreso del Partido, aquí en la Plaza de la Revolución se reúne el Congreso del Pueblo”, expresó, y seguidamente sometió a aprobación los acuerdos del trascendental evento, preguntando quiénes estaban a favor, en contra o se abstenían.

De signo distinto pero de igual dimensión, fue la muchedumbre silenciosa, unida en el dolor y el reclamo de justicia, que se dio cita en la histórica explanada, para la despedida de duelo de los que murieron asesinados en la explosión del avión civil cubano sobre Barbados en octubre de 1976.

Paralelamente avanzaba la institucionalización del país, primero a modo de experimentación del Poder Popular en Matanzas, y luego en debate abierto con la ciudadanía del Proyecto de Constitución, que aportaría cambios sustanciales en su articulado. El 24 de febrero de 1976 fue proclamada la nueva Ley de Leyes y en diciembre se constituía la Asamblea Nacional para su primera legislatura.

Reformas posteriores al texto, profundizaron su carácter democrático, socialista y antimperialista; como la de 1992 que estipuló la elección directa por el pueblo de los diputados (antes la hacían los delegados a las asambleas municipales). Sobre este aspecto, ante los diputados elegidos por el nuevo procedimiento, Fidel argumentaría:

“…cuando tomamos la decisión, por recomendación del propio Partido, de utilizar el método de la elección directa de los delegados a las asambleas provinciales y de los diputados nacionales; en medio del período especial, aquella confrontación de las ideas con las realidades en tales condiciones era, en verdad, un desafío muy grande.”

“Estábamos abriendo –agregaba después– un camino enteramente nuevo, estábamos llevando a cabo una experiencia que pienso que no se ha realizado en ningún otro sitio. Habíamos alcanzado un proceso de perfeccionamiento del Poder Popular en un grado verdaderamente muy alto, del cual, sin chovinismo de ninguna clase, debemos sentirnos orgullosos; sin pena de ninguna clase, debemos sentirnos orgullosos, y, sin temor a comparaciones de ninguna clase, debemos sentirnos orgullosos, puesto que no hay comparación posible, tanto en la valentía de las decisiones adoptadas como en los resultados alcanzados.”

Fueron también momentos de amplia participación, la convocatoria a los parlamentos obreros, cuando el derrumbe del socialismo en Europa provocó en Cuba una dura situación económica, ampliamente analizada en la Asamblea Nacional.

En aquellos meses más críticos de 1994, se reunieron en 80 mil secciones sindicales, tres millones de trabajadores, a los que se sumaron 158 mil campesinos y 300 mil estudiantes, en un intercambio directo, donde cada cual expuso sus opiniones, que fueron una fuente de propuestas y acciones concretas para la solución a disímiles problemas, y se decidió seguir resistiendo y luchando por salvar la Patria y la Revolución.

Ahora, una realidad distinta, signada por la escalada brutal de la política anticubana de la actual administración de Estados Unidos, ha obligado a adoptar medidas de diversa índole con el objetivo de reducir su impacto, como ha explicado Miguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de los consejos de Estado y de Ministros.

En este contexto, a partir del próximo primero de octubre y hasta el 30 de noviembre, serán convocadas más de 68 mil reuniones de rendición de cuenta de los delegados a sus electores, en lo que constituye uno de los procesos masivos más importantes del sistema político e institucional cubano.

Por su trascendencia, ese diálogo nacional ha estado preparándose en las 12 513 circunscripciones del país, con el propósito de dar cumplimiento al precepto constitucional de que todo elegido debe de rendir cuenta de su actuación, y aprovechar ahora la oportunidad para argumentar y lograr la mayor comprensión ciudadana sobre las causas que han originado la situación energética actual, propiciar la participación del pueblo y estimular la creación colectiva.

Para alcanzar los objetivos de este proceso, es importante comprender por parte de todos, fundamentalmente de los electores y las administraciones, la alta responsabilidad de estos hombres y mujeres que han sido elegidos, en primer lugar, para que integren las asambleas municipales, y en consecuencia informen sobre las principales decisiones y acuerdos de estos órganos, y su desempeño personal en las comisiones de trabajo, en los Consejos Populares y en las gestiones dirigidas a solucionar o dar respuesta convincente a los planteamientos recogidos en los despachos y por otras vías.

Este ejercicio democrático, periódico y genuino, es la base del sistema cuyas funciones y  perfeccionamiento se encuentran en los documentos normativos vigentes, en los cuales se establece también el papel del control popular a la marcha de los planes de la producción y los servicios.

Pero hay que insistir en la adecuada preparación de este gran foro en la base de la sociedad,  donde estamos llamados a pensar como país, en el que tienen responsabilidad directa las organizaciones de masas y sociales que actúan en la comunidad, a quienes se agregan jóvenes activistas universitarios y secundarios.

Muchas iniciativas locales resultan referentes válidos para motivar a los electores a que concurran a esta nueva cita en el barrio, antecedida por la atmósfera de cultura jurídica en las personas, heredada del ejercicio democrático previo a la adopción de la nueva Constitución y el referendo para ratificarla, en lo cual desempeñaron un importante papel los medios de comunicación masiva y las redes sociales, para exponer y argumentar las bases de nuestro sistema político.

En estos días hemos conocido otra muestra de la amplia presencia del pueblo, como actor principal en el funcionamiento de la Comisión Nacional de Candidaturas, integrada, de acuerdo con la Ley, por miembros propuestos por las más importantes y masivas organizaciones surgidas en las luchas de los cubanos por la justicia social.

La Central de Trabajadores de Cuba, única y unitaria desde 1939, que sobrepasa los tres millones de afiliados, preside estas comisiones a todos los niveles, integrada también por los Comités de Defensa de la Revolución, la más numerosa, con casi 9 millones de miembros; la Federación de Mujeres Cubanas, con cuatro millones de féminas;  la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños,  creada en 1961 y compuesta por 381 mil asociados; la Federación Estudiantil Universitaria, fundada en 1922, con más de 125 mil jóvenes en la actualidad; y la Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media, la más reciente, constituida hace casi medio siglo, a la cual pertenecen 300 mil jóvenes y adolescentes.

En la próxima Sesión Extraordinaria, la Asamblea Nacional  elegirá de entre sus miembros, mediante el voto directo y secreto, al Presidente, Vicepresidente y Secretario de ese órgano y demás miembros del Consejo de Estado, así como al Presidente y Vicepresidente de la República.

Los proyectos de candidaturas que se someterán a consideración de los diputados, han sido elaborados a partir de las propuestas individuales de estos, entregadas de manera secreta y personal a la Comisión en todas las provincias del país.

Si algo caracteriza, desde la perspectiva histórica, a este proceso abierto y transparente, basado en la confianza y honestidad de quienes representan al pueblo organizado, es la distancia abismal que lo separa de un pasado de politiquería, demagogia, violencia y fraude, que periódicamente solía convertir las elecciones en Cuba en espectáculo repudiable y vergonzoso.

Foto: Tony Hernández Mena

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Publicado Por: Radio Progreso

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