Denys Ramos: un actor integral

Comentario

Culturales

Al carismático actor Denys Ramos (La Habana, 1984) lo conocí hace ya algunos años, cuando le solicité una entrevista para el Portal CubaLiteraria, ya que me impresionó muy favorablemente la transición gradual y progresiva que se produjo en la personalidad de aquel joven con pésima conducta escolar y social, que interpretara en la teleserie Historias de fuego, y que dio lugar al «nacimiento» de un chico con los más puros y nobles sentimientos, capaz de poner en riesgo su vida por salvar la del prójimo.

Esa fue la motivación fundamental que me aguijoneó el intelecto y el espíritu para seguir —con afecto y respeto ternísimos, al decir martiano— la carrera artístico-profesional de Denys Ramos, quien es Licenciado en Actuación por la capitalina Universidad de las Artes (ISA).

El también miembro de la Asociación de Artes Escénicas de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ha desempeñado los más disímiles papeles (dramáticos y humorísticos), sobre todo en las tablas, telenovelas y teleseries insulares; actuaciones memorables desde todo punto de vista, que han sido objeto de varios reconocimientos otorgados por la UNEAC u otras instituciones culturales.

¿Cuándo todavía usted era un actor que daba los primeros pasos en los medios, le pregunté cómo conjugaba el verbo actuar? Después de una exitosa carrera profesional en el campo de las artes escénicas, ¿mantiene el mismo criterio o lo ha enriquecido?

Actuar siempre seguirá siendo un juego. Un juego que solo se disfruta si se sabe ser sincero. Siempre con la verdad.

Últimamente, usted ha desempeñado papeles negativos en las teleseries La otra guerra. Lucha contra bandidos y Zoológico, verdaderas joyas del audiovisual cubano. En el primero, le presta piel al alma a un asesino sin escrúpulo, mientras en el segundo encarna a un inveterado mujeriego y solapado delincuente. ¿Podría explicar, con pocas palabras, cómo se preparó para armar la urdimbre psicológica de esos personajes, caracterizados —básicamente— por los mas abyectos defectos que crecen en el componente instintivo del inconsciente freudiano?

Lo primero que hago es leer el texto y tratar de no juzgar. Luego trato de desentrañar lo que quiere exponer el autor (el escritor, el dramaturgo), después pregunto lo que quiere el director y ¡a investigar! No hay secreto. Trato de construir el mundo interno y tratar de desarrollarlo, entenderlo, justificarlo y ensayar todo lo que pueda.

 

 

A tono con esa misma línea temática, ¿no le parece que los directores de espacios dramatizados, cuyo elenco artístico usted integra, lo están encasillando en ese tipo de personaje negativo, que si bien lo interpreta con incuestionable profesionalidad no facilita —según mi criterio— su armónico desarrollo como actor integral que es.

Yo he hecho varios personajes en la televisión y el teatro y no siempre son negativos. Los que siempre quedan más en la memoria son aquellos en los que la trama es más interesante. Hay quien juzga a Siddhartha de la telenovela Aquí estamos como un personaje negativo, pero no lo es para nada, y quedó en la memoria, pero —por lo general— recuerdan lo cruel que podía ser con sus palabras y con algunos de sus actos. Tengo otros en el repertorio como el Cabo interino en Los tres Villalobos, Disney en la Sal del Paraíso, Pável en De amores y esperanzas, y también en el teatro, que son de una sensibilidad inmensa, aunque el público, y también los directores —a veces— tienen presente los personajes negativos (quienes —al final— son los más ricos para encarnar). No obstante, para nada considero que me encasillan, y si hay más personajes con conflictos interesantes que toman el camino equivocado, me lo ofrecen y me gusta, no me importa, lo hago. El que no se puede encasillar soy yo, y tratar de crear diferencias para no aburrirlos ni aburrirme.

¿Qué les aportó Denys Ramos de su cosecha personal al alzado contrarrevolucionario y al mujeriego delincuente, y que les aportaron ellos a Denys Ramos?

A los personajes negativos siempre debes encontrarles su lado positivo y viceversa. Y eso es lo que les aporta mi mundo interior para que los haga vivir, para que tengan color. Ellos, a su vez, me dan conocimiento, sabiduría para entender a las personas que tienen tal comportamiento y [crecer] yo también como ser humano. Decía Adolfo Llauradó (1940-2001) que «todas las personas deberían aprender a actuar, para que aprendan a vivir y ser mejores».

De las muchas anécdotas, vivencias y experiencias acumuladas por usted en la construcción de esos personajes, así como en la filmación de dichas teleseries, ¿podría relatar alguna de ellas que le hayan dejado una huella indeleble en la mente y en el alma?

Todos los personajes te dejan una marca. Al final los actores exponemos nuestra mente, nuestro cuerpo, pero no así nuestra conducta fuera del set, porque esto es un juego y los juegos son para aprender y disfrutar. Aunque es un juego peligroso, porque les prestas tu vida a momentos que no te puede negar nadie, que son tu verdad (transitoria), pero VERDAD.

Ahora le cedo, con mucho gusto, la cuartilla en blanco para que refleje en ella lo que, según su apreciación, no debe dejar de aparecer en el contexto de esta entrevista, que ha tenido la gentileza de concederme. 

Usted dedica esta entrevista al primerísimo actor Jackie de la Nuez (1932-2015), con quien tuve el privilegio de compartir escenas en la teleserie Historias de fuego […]; por ese motivo, no puedo concluir sin dejar mi impresión al lado de tan maravilloso, sencillo, amable, gran amigo, tierno, humilde, desenfadado, admirable, inteligente maestro, que durante el tiempo de rodaje y hasta que se despidió físicamente no dejó de llamarme y preocuparse por mi como un abuelo. A él le dedico mi cariño, mi respeto y admiración por ser un gran ejemplo en mi vida. Nadie podrá igualarte abuelito.

Muchas gracias Jesús Dueñas Becerra, por seguir mi carrera

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