Días de marcha unida

Comentario

Noticias

«Ayudar al que lo necesita no solo es parte del deber, sino de la felicidad».
José Martí

Cuando el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, llamaba en la clausura del congreso Pedagogía 2019, a contribuir con los 308 educadores damnificados por el tornado del pasado 27 de enero, reafirmaba la actitud asumida desde el principio de la recuperación, en la que están presentes la ayuda consciente, y la frase o el mensaje de apoyo y aliento desde toda la Isla.

Solo hicieron falta precisiones organizativas y, por eso, cuando conversamos con la máster Yoania Falcón Suárez, directora provincial de Educación en La Habana, de aquel total, 50 ya tenían resuelta su situación habitacional y los afectados por derrumbes parciales poseían la ficha técnica. De ellos, 167 han comprado los materiales.

Desde la semana anterior el ímpetu está en restañar los daños en las viviendas, a cargo de brigadas de trabajo organizadas con estudiantes de los tres politécnicos de la construcción de la provincia, amén de otras ayudas con las que de manera puntual puedan disponer los damnificados.

HERMANA SOLIDARIDAD

A la profe Hortensia Pérez Martín no la entrevistamos en el instituto politécnico Raúl Cepero Bonilla, de la Víbora, sino en el punto de venta de materiales de la Calzada de Luyanó.
Aunque el horizonte se le va despejando, la mirada y los gestos siguen marcados por el reciente suceso, que la sorprendió en su hogar, en Quiroga 255, entre Blanquizal y Nuestra Señora de Los Ángeles, perteneciente al consejo popular de Jesús del Monte.

«Sentí que el techó voló, penetraron la lluvia y un aire muy fuerte que me tumbó todo lo de la sala. Oí a otros vecinos gritar que se habían quedado sin techo. A la de al lado, porque son cinco viviendas colindantes, le dije que viniera para donde yo me encontraba y que debíamos quedarnos tranquilas hasta conocer lo sucedido. Al amanecer supimos que fue un tornado. De estos fenómenos oí hablar cuando trabajaba en escuelas en el campo, los denominados rabos de nube, pero nunca vi ninguno».

«Estaba viendo el noticiero y de buenas a primera el televisor se quedó sin señal. Escuché un ruido muy fuerte, como una turbina de un avión que nos iba a caer arriba. Me puse detrás de una de las columnas que sostiene la placa intermedia, porque en los ejercicios Meteoro y los Días de la Defensa aprendí que la protección radica en colocarse donde haya dichos soportes y debajo de los arquitrabes.

Se pasa la mano por el rostro, como tratando de olvidar, y con voz queda habla de esa hermana inseparable que es la solidaridad.

«Yo sí pude recuperar mis cosas porque no volaron, y mis compañeros y amistades las lavaron. Tuve apoyo de mis alumnos y los padres de muchos de ellos.

«Vinieron los técnicos para evaluar el estado de la casa, indicarme los trámites que debía realizar. Desde el principio constaté que no me hallaba sola y ahora sé que mi esposo tampoco lo estará para levantar paredes y hacer el cerramento antes de colocar el techo».

Se emociona. Desvía la conversación hacia otra de las cosas que ha hecho grande esta recuperación, el reforzamiento del respaldo para los educadores damnificados por el meteoro.

«No solo son maestros, también los hay que trabajan en círculos infantiles y otras áreas, que no vacilaron en reincorporarse a sus puestos. Todos tenemos y sentimos el respaldo de las direcciones municipales y provinciales de Educación y de nuestro Ministerio».

GRACIAS, REVOLUCIÓN

Heidy Hernández del Valle no quisiera tener que transitar todos los días frente a la escuela primaria Alfredo Miguel Aguayos. Fue una de las instalaciones que sufrió el ensañamiento de la naturaleza bajo el nombre de tornado.

Hasta el viernes 25 de enero, en ese centro hizo avanzar día a día a sus alumnos de segundo grado por el sendero de la enseñanza. Ahora está sin techo, sin ventanas, sin puertas, y la algazara de los infantes marchó unas cuadras más allá, hacia dos escuelas donde fueron reubicados en tanto llega la recuperación.

En una, en la Albert Einstein, imparte clases Heidy, aunque se cuenta entre los trabajadores del sector con afectaciones en su hogar, en Estrada Palma, entre D’ Estrampes y Figueroa, muy cerquita de Aguayos, como todos se empeñan en llamar al colegio.

«Desde la semana pasada compré los recursos, por un crédito, con ventajas de pago. Es algo de lo que estoy muy agradecida al Gobierno, a la Revolución, igual que a la bonificación de los materiales. Mi techo ahora quedará mejor».

Y si bien reconoce que no es de los casos más graves, está segura que pasará mucho tiempo para sobreponerse ella y su familia, luego del gran susto del último domingo de enero, cuando los vientos del evento meteorológico le desaparecieron las tejas de la cocina y derribaron un árbol que tuvo como diana el techo del cuarto.

«Vivo con mi abuela de 91 años y dos pequeños, una de tres años y el varón de ocho años. Se pusieron muy nerviosos. Gracias a los vecinos que acudieron rápidamente. Fue algo indescriptible porque unos a otros nos ayudamos y todos fuimos afectados.

«Yo tenía un doble compromiso, nadie tuvo que ir a buscarme para ayudar a mudar los muebles y otros materiales. Los padres y alumnos se sumaron. Éramos un enjambre de hormigas. ¿La casa? Mi papá es albañil y varios de mis compañeros van a ayudar».

En cuanto a los 13 maestros cuyas casas sufrieron derrumbes totales se cumple lo establecido para los aquejados por esa situación: ejecutan constructores profesionales.

Por todas esas razones, Hortensia este martes pudo dormir algo más tranquila y volvió a regocijarse por la decisión que tomó hace 38 años, cuando resolvió incorporarse al llamado del quinto contingente de maestros Manuel Ascunce Domenech.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

cuatro × uno =

RSS
FACEBOOK
TWITTER
YOUTUBE