Doctor Eduardo Bernabé Ordaz: médico y guerrillero

Comentario

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«El amor a la medicina y a la humanidad es la única vía para crecer como médicos y como personas, ya que no se concibe un buen médico que no sea una excelente persona». Con esas puntuales palabras, comenzó el último diálogo que hace más de tres lustros establecí con el doctor Eduardo Bernabé Ordaz (1921-2006), director fundador del Hospital Psiquiátrico de La Habana, y que hoy publico para evocar el aniversario 97 de su natalicio.

En una soleada mañana del mes de junio de 2003, en el despacho del doctor Bernabé Ordaz, con la barba que, como reliquia histórica, trajera de la Sierra Maestra y el inseparable sombrero que lo singularizaran en cualquier medio, el popular cantante puertorriqueño Danny Rivera le notificó al también Comandante del Ejército Rebelde, que el Colegio Médico de Puerto Rico había presentado su candidatura al Premio Nobel de Medicina

Ese día y esa noticia quedaron registrados en la memoria poética del doctor Bernabé Ordaz,  quien no podía disimular la inmensa alegría que le invadía el cuerpo, la mente y el alma; en medio de felicitaciones, abrazos y estrechones de mano, accedió a conversar acerca de ese «acontecimiento no esperado y mucho menos merecido, pero muy estimulante para continuar hasta el final de mi vida la obra científica y humana a la que he dedicado más de 44 años de mi existencia», acotó.

Con esta entrevista, quiero honrar la memoria del doctor Bernabé Ordaz, a quien no le pedí permiso para divulgar aquellas revelaciones que me susurró casi al oído para no insultar la humildad y la sencillez que –entre otras muchas virtudes– caracterizaran su carismática personalidad.

Desde los puntos de vista profesional, humano y espiritual qué representa para usted, como médico y como persona, haber sido propuesto para el Premio Nobel de Medicina por el Colegio Médico de Puerto Rico?

Si por cumplir mi deber como médico, como revolucionario y como cristiano, sí, porque soy las tres cosas, el Colegio Médico de Puerto Rico propone mi candidatura como Premio Nobel de Medicina… bienvenida sea la noticia y les agradezco ese noble gesto a los colegas boricuas; acción que ha conmovido las fibras más íntimas de mi ser

¿Qué les deja el doctor Bernabé Ordaz a las actuales y futuras generaciones de psiquiatras cubanos?

En vez de hablar de herencia o legado, prefiero hacerles una simple recomendación: que perciban el ejercicio de la Psiquiatría como manantial inagotable de ética, humanismo y espiritualidad, como diría el profesor, doctor Ricardo González Menéndez, uno de mis más cercanos y fieles colaboradores.

¿Cuáles son sus perspectivas inmediatas al frente del Hospital Psiquiátrico de La Habana?

Si Dios me da unos años más de vida, pienso dedicárselos al embellecimiento y engrandecimiento de esta institución de salud mental y de rehabilitación psicosocial; por otra parte, hacer realidad un sueño que, por razones ajenas a mi voluntad, ha quedado trunco desde hace tres años: revitalizar la Revista del Hospital Psiquiátrico de La Habana [formato impreso], publicación insignia de este Colectivo Moral, al que le he dado y seguiré dando lo mejor de mí.

Esa despedida del doctor Bernabé Ordaz devino cálida caricia a la mente y el alma de este entrevistador, porque ese día estaba tan feliz, tan dispuesto, tan risueño, con una actitud tan positiva hacia el futuro, que pensé que su presencia en el Hospital Psiquiátrico de La Habana sería eterna.

De hombres excepcionales como el comandante Eduardo Bernabé Ordaz, José Martí dijo: «De ver [la estatura ético-moral] de [algunos] hombres, nos entran deseos irresistibles de imitarlos».

 

 

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