El mal vecino

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Este mundo nuestro

Quizás el gobierno norteamericano deba ir pensando en organizar una intervención humanitaria en Colombia, donde tiene armas y militares suficientes como para no necesitar mover otros efectivos.

El gobierno del ultra derechista Iván Duque, se ha prestado con saña para servir de base a diversas agresiones contra Venezuela, incluyendo el montaje de pretextos para justificar una injerencia armada al país bolivariano o aumentar los daños que le han estado haciendo. Pero ocurre que dentro del territorio colombiano  hay serios problemas, no ya por el incumplimiento, casi destrucción diría, de los acuerdos de paz, sino debido a problemas sociales de envergadura y nada nuevos.

En estos momentos y desde hace semanas, tiene lugar una minga indígena en reclamo de ser incluidos en el Plan Nacional de Desarrollo. Las comunidades étnicas piden también el reconocimiento del campesinado como sujeto de derechos, la protección a los líderes sociales, continuamente asesinados, el respeto al uso de la tierra. Asimismo, pretenden se cumplan los compromisos de gobiernos anteriores, jamás materializados. Duque no accedió hasta ahora a sostener algún diálogo, escuchar a quienes protestan, pero sí autorizó el envío de militares a infiltrarse en las filas de los demandantes para crear algo en lo que son muy experimentados. Buscar motivos, una falsa bandera, para justificar la desatención, criminalizando la marcha pacífica.

Otros grupos armados penetraron en campamentos de los indígenas, matando a ocho de ellos con un artefacto explosivo y ráfagas de ametralladora. Encima, les robaron pertenencias.

Mientras esto sucesos tenían lugar los maestros colombianos también protestaban en las calles pidiendo el acceso universal y gratuito a la enseñanza en todos los niveles. ¿El motivo? Simple. La precariedad de un alto porcentaje de familias, muy en particular en las zonas rurales. O sea, ese gran segmento poblacional que también está buscando que le reconozcan derechos básicos, son los perjudicados por la falta de escuelas en sus sitios de origen o en aquellos hacia donde tuvieron que desplazarse por la guerra interna o forzados por los narcotraficantes y paramilitares.

No son estos los únicos problemas acumulados ni la primera oportunidad en que se registran paros nacionales del campesinado que se arruinó con el tratado de libre comercio con Estados Unidos, el mismo país que usa a Colombia como plataforma de agresiones contra Venezuela, órdenes acatadas, al parecer con complaciente satisfacción, por un gobernante que ignora a los suyos y pretende erigirse en censor agresivo de vecinos a quienes debería dar la mano y, sobre todo, respetar debidamente.

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