Ernesto Agüero: Elena es la Señora Sentimiento

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Culturales

Era ya la madrugada cuando se escuchó una voz desde el fondo de la noche, que melodiosa cantó: “el son se escucha muy bien, el son que no tiene fin, tocado por Chapottín y con versos de Guillén” […]».

Las estrofas iniciales de ese antológico número, del maestro César Portillo de la Luz (1923-2013), en la cálida voz de Elena Burke (1928-2002), y con el acompañamiento musical de la emblemática Orquesta Aragón, motivaron este diálogo acerca de la vida y la obra de la Señora Sentimiento.

El realizador Ernesto Agüero Boza, albacea testamentaria del tesoro musical que se conserva en la fonoteca de la Onda de la Alegría, me reveló que conoció a Elena en una grabación que, para la televisión cubana, le hiciera en el Estudio No. 1 de Radio Progreso.

Me saludó como si nos hubiéramos conocido toda la vida. Fue algo muy emotivo, porque yo admiraba su figura desde que era un niño. Ella, en cambio, me obsequió una amplia sonrisa, que quedó registrada para siempre en mi memoria poética. Usted se podrá imaginar cuánto significó para mí ese gesto, caracterizado por su espontaneidad  y naturalidad. Tanto fue así, que aquel encuentro me sirvió de indicador para conocer la personalidad de los innumerables artistas con quienes me he relacionado durante una buena parte de mi vida profesional en el campo de la realización».

Mi primer encuentro con Elena fue «en un estudio de grabación musical, donde tuve el inmenso privilegio de tratar en persona a esa diva de la canción cubana de todas las épocas y todos los tiempos. Trabajar con una artista de su talla excepcional deviene una oportunidad única e irrepetible, signada —fundamentalmente— por una feliz coincidencia, ya que en las manos y en el gusto estético-artístico del grabador está el éxito o el fracaso de una estrella».

Según mi interlocutor, «si la grabación se estropea —por la razón que sea— le ocasionas un daño irreparable, y si, por el contrario, queda satisfecha con tu trabajo, la exaltas a la cima de la popularidad».

Agüero Boza relata que «con el discurrir del tiempo y estrechadas aún más las relaciones de trabajo, entre Elena y yo nació una linda amistad, que se mantuvo incólume hasta el final de su vida.  Éramos casi vecinos, ya que ella vivía a unas cuadras de mi casa, sita en el Vedado capitalino. ¡Cuánto me hubiera enriquecido intelectual y espiritualmente que la Señora Sentimiento hubiera interpretado algunas de mis creaciones musicales!».

Mi entrevistado me cuenta que «en una ocasión, la Burke me invitó a almorzar en su hogar, donde se hallaba el guitarrista que la acompañaba, y le dije que ese día iba a dedicarle mis canciones. Tomé en mis manos la guitarra y comencé a regalarle una verdadera serenata vespertina. Fue una velada inolvidable […] desde todo punto de vista».

Para Agüero Boza, «Elena tenía una voz excepcional, con una extensión y unas posibilidades insospechadas. Nada común, con un timbre lleno de sonoridades dulces, y a la vez, poderosísimas. Su canto era de una sublime belleza, solo comparable al de las sirenas; seres mitológicos que hechizan a los marineros cuando están perdidos en alta mar. De una forma sensual y cautivadora, la carismática artista embrujaba a sus admiradores, no solo en nuestro archipiélago, sino también mucho más allá de nuestras fronteras geográfico-culturales. Cuando grababa, las canciones interpretadas le brotaban del alma, y de una sola vez expresaba lo que quería decir y cómo lo quería decir para que el mensaje llegara a los receptores, y consecuentemente, les acariciara la mente y el espíritu».

Y concluye Ernesto Agüero Boza, con no disimulada emoción, este diálogo que fluye como las aguas cristalinas que corren por los ríos subterráneos del alma humana: «la última vez que vi con vida a la Señora Sentimiento fue en un Concurso de Música Adolfo Guzmán, auspiciado por el Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), y donde ella tuviera una destacadísima participación. No quisiera finalizar sin antes manifestarle que el grato recuerdo de Elena Burke me acompañará durante toda mi existencia terrenal».       

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