Experiencia de una familia al paso de Irma

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Especiales

Con la inminente amenaza del huracán Irma, me tiré de la cama la madrugada del sábado 9 de septiembre de 2017. La primera alarma la dio el teléfono. Eran las 04:35 am. Un timbre sostenido nos puso en guardia. Descolgado continuaban los alaridos del auricular. Solo desconectar. Y entonces quedamos incomunicados. La Habana esperaba por la furia de los vientos de la indeseable y peligrosa Señora.

No llovía aun, pero ya aparecían los primeros síntomas de las precipitaciones. Un aire fresco de tormenta tropical llegaba hasta nosotros; no eran fuertes. Sin embargo, esos indicios nos ponían en alerta.

Comienzo los trajines acostumbrados de cada amanecer; muchas personas no tenían la percepción del peligro que se avecinaba. En la cocina me dispongo a colar el sabroso café mañanero, tan necesario en cada hogar cubano: una tacita a mi esposa hasta la cama me agradece como siempre. Además, hiervo agua para consumir, y pongo la leche a la candela.

Antes del alba mi esposa y yo degustamos el “néctar negro de los dioses blancos”, una frase muy popular, y enseguida el desayuno está listo. Desayunamos todos, incluido el perrito Toqui. Después de afeitarme, ponerme un poco de perfume y vestirme, tomé el maletín y salí a la lucha cotidiana.

Menuda sorpresa me llevé al llegar al hogar. Información de primera mano: Desde el mediodía retiraron el servicio eléctrico como medida de seguridad, ya que los vientos fuertes arremolinaban árboles y hacían volar objetos, lo cual hacía peligroso salir a la calle. La lluvia también arreciaba. Pero tuve que salir a la calle a realizar algunas gestiones perentorias antes de que las penumbras de la noche se nos echaran encima.

La odisea en la casa era otra. Mucho calor y apenas se podía conciliar el sueño. Revisamos los posibles recursos para alumbrarnos; hay dos velas y media; no previmos pilas para escuchar noticias en el radio; quedamos completamente incomunicados.

Los peligros acechaban por doquier en la medida en que se acercaba la media noche del sábado; las ráfagas de aire cada vez más violentas; sin lugar a dudas, los vientos sobrepasaban los 100 kilómetros por hora. No había luz eléctrica, pero un mocho de vela nos daba alguna claridad. El viento rugía embravecido, nosotros no queríamos perdernos el panorama, seguíamos de pie, despiertos. Sin los ventiladores cómo dormir, así pasamos casi toda la noche-madrugada.

Un ruido ensordecedor retumbaba en la oscuridad, volaban objetos, caían ramas y árboles en las calles, parques, jardines y en cuanto sitio estuvieran plantados. Por la mañana haríamos una evaluación personal de la envergadura de lo suceduido.

Domingo aciago; los alimentos se pueden echar a perder por falta de frío. Hay que tomar decisiones para no quedar desprovistos de esas reservas alimentarias, pero cómo protegerlos.

Mi esposa se volvió maga para no perder el pollo, el yogur y resto de los alimentos, aunque algunos tomaron el camino no deseado, entre ellos una sabrosa gallina; los cubanos estamos preparados para estas contingencias de extrema gravedad. La noche precedente al lunes 11 de septiembre la pasamos igual que la anterior. El amanecer se hacía muy difícil para maniobrar con la pequeña llama de una vela.

Pero esa mañana también abandoné el hogar rumbo al trabajo; grandes dificultades para llegar al puesto de labor por falta de transporte; un amigo me adelantó un poco y resto del trayecto a pie; una vez en la redacción, de inmediato me informé de la verdadera situación vivida por los cubanos, con fuertes afectaciones desde Camagüey hasta La Habana; muchos lugares devastados; la destrucción se hizo dueña y señora por donde pasó la indeseable Irma.

Hogares destruidos, centros estatales con serias afectaciones, inundaciones severas en las zonas costeras del norte de Cuba, fundamentalmente en La Habana; aunque el organismo tropical pasó algo retirado del litoral norte, pero por el radio de sus fuertes vientos, éramos azotados tanto en el norte como en el sur.

Supe, asimismo, que en la Mayor de las Antillas fallecieron 10 personas, a causa de los embates del meteoro; fueron afectados solamente en la capital del país más de 300 circuitos eléctricos y unos 16 mil teléfonos quedaron fuera de servicio.

Para nuestro hogar como para miles en el país continuaba la incertidumbre en la noche del lunes, pero seguíamos confiados en que pronto volveríamos a la normalidad, por el enorme esfuerzo que siempre ha hecho el Estado para resarcir los daños; algo agotados pudimos dormir mejor. A las 05:20 me levanté y prendí fuego contra el último mocho de vela. Y sorpresa: a las 05:25 am del martes 12 de septiembre se hizo la luz. Y entonces pude maniobrar como siempre. Al regresar del trabajo sobre las 18:00 horas me encuentro que el servicio eléctrico había sido nuevamente retirado desde las 08:00 de la mañana, aunque unos minutos después fue restablecido y ya no hemos tenido más problemas.

Solo queda pendiente arreglar el teléfono, pero tenemos confianza en la arremetida de los trabajadores de Etecsa. Y pronto estaremos comunicando con familiares y amigos.

Han sido días de una compleja situación para muchos cubanos, aunque otros siguen esperando se le restablezca el servicio eléctrico, telefónico e incluso el gas y el agua. La recuperación continúa a pasos agigantados a todo lo largo y ancho del país. El Estado no deja a nadie abandonado, cada cual recibirá la atención necesaria. Y así continuaremos como siempre: contentos, felices.

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