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Este mundo nuestro

Iván Duque le aseguró a Mike Pompeo que su gobierno seguirá ayudando a Estados Unidos a los empeños anti venezolanos. Como es de suponer hablan de ayudar al pueblo bolivariano, pero el propósito poco oculto es hacerse nuevamente de los enormes yacimientos petroleros que de una u otra forma y con diferentes caretas, fueron fuente de ganancias fáciles para Washington y, al mismo tiempo, garantía de tener suministros energéticos más cercanos que los del Medio Oriente.

Lo risible y muy triste del caso radica en que, de los dos países, el ahora en plan agresor, es la ciertamente necesitada de urgente ayuda pues se mantiene como el mayor productor mundial de cocaína. El famoso Plan Colombia para incrementar el número de efectivos norteamericanos en el país andino, en teoría estaba destinado a combatir el narcotráfico, considerando el hecho real de que la mayor parte de las drogas se venden en Estados Unidos.

Pasado el tiempo, bajo mandato de Álvaro Uribe, el ultra reaccionario gobernante aceptó la instalación de otras  6 bases militares estadounidenses  en ese territorio. Pero tan enorme presencia armada, no disminuyó la extraordinaria producción de estupefacientes ni las implicaciones en política y otros menesteres, de los cárteles encargados del tráfico. Según estudios de la ONU, en el 2017 se produjeron1.379 toneladas métricas de cocaína. A la espera de lo hecho en el 2018, es la cifra más elevada desde que se viene contabilizando ese fenómeno. Al propio tiempo, creció la superficie  donde es cultivada la planta base hoy sembrada en 171.000 hectáreas.

Muchos campesinos decidieron plantarla a la espera de que llegue  la prometida ayuda para emprender cultivos legales o tener con qué pagar sus deudas. Entre los especialistas consultados se entiende que uno de los factores para ese aumento está en los efectos adversos del  tratado de libre comercio entre Washington y Bogotá, pues a semejanza de lo acontecido en México, les resulta imposible competir con los granjeros norteamericanos, quienes reciben subsidios estatales, y cuentan con recursos tecnológicos superiores, amén de salarios irrisorios para temporeros del propio país azteca u otros centroamericanos.

La situación salió a flote en Colombia con la gran marcha campesina en protesta por esos efectos durante el mandato de Juan Manuel Santos.Hubo paros nacionales desde  el 2013 y procesos parciales de lucha, en años posteriores, pues los acuerdos con el gobierno nunca se cumplieron por completo.

Si de inicio se trató de reclamos campesinos, después se sumaron distintas fuerzas sociales con exigencias de distinta índole,  todas vinculadas a problemas internos, que involucraron desde los productores agrícolas hasta a los indígenas y el estudiantado.

Otro ángulo del asunto se encuentra en un hecho de siempre, pero sobre todo registrado en los últimos decenios, los colombianos han emigrado hacia Venezuela. Consta en los padrones oficiales donde están asentados al menos 3 millones, y en otras cifras menores también en Panamá y variaos destinos, debido a situaciones económicas o a la guerra civil, móviles principales de esos desplazamientos.

Pese a esos antecedentes históricos demostrables, se manipula con mala prensa y peores discursos, sobre los venezolanos que salen del país en busca de otros horizontes o debido a la insistente conflictividad generada dentro por los oligarcas y  con alimento desde fuera, motivos para  el deseo de emigrar. Lo presentan como desafección al proceso bolivariano o un caso singular en un área de continuo movimiento humano.

Claro que existen antagonistas al camino elegido por Hugo Chávez, mantenido por sus seguidores con Nicolás Maduro encabezándolo. Pero los en contra no son tan mayoritarios como se quiere hacer ver. Claro está que todos quisieran ese proyecto de justicia social junto con paz, pero el imperio y sus cómplices no lo permiten.

El asuntos se enfoca tendenciosamente. Olvidan que de Ecuador, años atrás, salieron 3 millones de personas hacia diversos destinos huyendo de la miseria y males diversos. O que los propios colombianos se instalaron en la estigmatizada Venezuela en los tiempos del boom petrolero de los 70, o luego, huyendo del paramilitarismo, los enfrentamientos con las guerrillas y hasta escapando del  propio ejército nacional y sus falsos positivos que tantos inocentes masacró.

La depravada genuflexión  de Duque llegó a extremos como decirle a Pompeo que le agradecen a Estados Unidos, su ayuda para liberarse del coloniaje español, hace 200 años, cuando es a Bolívar y los venezolanos, a quienes deben ese mérito.

Ridículo o sometido, le presidente colombiano hace tanto daño como su gran padrino, el siniestro Uribe. Lo peor es que se proponen continuar haciendo averías y aumentar pérfidas lesiones a otros países. Pese a estar urgidos de cortar de raíz sus males, le otorgan empeño e importancia a las pajas ajenas y dejan a un lado las vigas propias.

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