Fernando Pérez: José Martí es ese misterio que nos acompaña

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Charlar con el maestro Fernando Pérez (La Habana, 1947), Premio Nacional de Cine, acerca de la niñez y la adolescencia del Apóstol, es —a mi juicio— el mejor homenaje a los aniversarios 166 del natalicio de José Julián Martí Pérez (1853-1895), y 124 de la fundación por el más universal de los cubanos del periódico Patria, en la urbe neoyorquina.

La niñez y la adolescencia son etapas etarias muy poco conocidas de la carismática personalidad del poeta mayor de la patria grande latinoamericana; ciclos vitales que mi ilustre entrevistado reflejara —«con afecto y respeto ternísimos», al decir del Maestro— en el multilaureado filme José Martí: el ojo del canario.

Me re-encontré con mi interlocutor en la conferencia de prensa de la cuadragésima edición del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano; coyuntura idónea que aproveché para intercambiar con el rey Midas de la cinematografía insular y de mucho más allá de nuestras fronteras geográficas, algunos puntos de vista acerca de ese multipremiado largometraje.

Antes de iniciar este enriquecedor diálogo, el distinguido miembro de la Asociación de Cine, Radio y Televisión de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), precisó:

«Si bien yo estudié Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana, el cine es una de mis grandes realizaciones profesionales, humanas y espirituales. Y al que me he dedicado en cuerpo, mente y alma desde mi juventud, porque es la manifestación artística que —hasta hoy— me ha permitido escribir mi propia leyenda personal».

Cuando indagué acerca de la clasificación genérica de dicho largometraje, mi interlocutor precisó:

«José Martí… no es —en modo alguno— una cinta biográfica, mientras que la frase el ojo del canario es un símbolo, que dejo a la interpretación libre de los espectadores y los críticos cinematográficos. Es solo una ficción basada en hechos reales que configuraron el proceso de formación y consolidación personográficas de quien llegaría a ser Mayor General del Ejército Libertador, así como su extraordinaria sensibilidad humana y poético-literaria. Llevé a la pantalla grande el entorno sociofamiliar del joven José Julián entre los 9 y los 17 años de edad.

En otra parte de su puntual intervención, destacó:

«Diseñé la personalidad de don Mariano Martí (1815-1887) y de doña Leonor Pérez (1828-1907), con apoyo en virtudes, defectos, debilidades, inconsistencias y necesidades, como seres humanos que eran, así como las relaciones filiales que establecieron con su primogénito, y que se sustentaban —fundamentalmente— en el amor, representado por la figura materna, y en el respeto, simbolizado por la figura paterna».

El ilustre realizador del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), describió —con breves pinceladas— cómo

«Caractericé —desde el punto de vista psicológico— a los compañeros de estudio del superdotado joven […], y reseñé las cualidades patrióticas, éticas, humanas y espirituales que los identificaran en el medio socio-natural donde se desarrollaran. Por otra parte, habría que destacar la repercusión que produjo en el público la vista oral seguida por infidencia contra él y sus compañeros. Así como la honda impresión que generó en el hijo del recto militar español el negro Tomás y el desembarco de esclavos en las costas cubanas».

Por último, Fernando Pérez concluyó este breve diálogo con la alusión a dos hechos significativos:

«La percepción de los espectadores acerca de las escenas utilizadas para destacar —sin texto alguno— pasajes esenciales de la vida del bisoño discípulo del maestro y poeta, don José María Mendive (1821-1886). Y, además, cómo presenté a ese niño y adolescente encantador, dotado de una privilegiada inteligencia global y emocional, y armado —a tan corta edad— de profundas convicciones patrióticas y ético-humanistas, que lo llevaron a ofrendar su preciosa vida por la independencia de la tierra que lo viera nacer, crecer y morir, que es “seguir viaje” hacia “ese mundo lleno de música, poesía luz y color, a donde van los buenos que aman y crean”; por esa razón no albergo la más mínima duda de que José Martí es, al decir de José Lezama Lima (1910-1976), “ese misterio que nos acompaña”» (y acompañará per se  culom saeculorum, agregaría este escribidor).

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