Festeja el Ballet Nacional de Cuba aniversario 60 del triunfo revolucionario

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Culturales Especiales

El Ballet Nacional de Cuba (BNC), Patrimonio Cultural de la Nación, celebró el aniversario 60 del Triunfo de la Revolución, con una gala especial en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso.

En esa ocasión, la emblemática compañía, tan cubana como universal, llevó a la sala García Lorca El lago de los cisnes, una verdadera joya del repertorio tradicional de la agrupación, que tuvo como protagonistas a los primeros bailarines Grettel Morejón y Dani Hernández, en esa paradigmática versión creada por el genio único e irrepetible de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, acerca de la estructura argumental, coreográfica y musical diseñada por los maestros Marius Petipa, Lev Ivanov, Piotr Chaikovski, respectivamente, y sintetizada en tres actos y un epílogo.

De acuerdo con la poética y la estética del Romanticismo, el argumento se apoya en una fantástica historia que incluye prodigiosas transformaciones, encantamientos y monstruos malignos, pero en el que florece el amor, que todo lo puede, como núcleo o eje central en ese contexto coreográfico-dramatúrgico,  o como una fuerza triunfante sobre los más terribles poderes.

El lago de los cisnes deviene una de las obras maestras de la historia de la danza teatral, que perdura como ejemplo excepcional del estilo, la técnica y los modos expresivos de la danza clásica de todas las épocas.

Grettel Morejón desempeñó —con la excelencia artístico-profesional que la identifica en cualquier escenario nacional o foráneo— el doble papel de Odette-Odile. Odette simboliza la ternura que identifica a la princesa-cisne, mientras que Odile representa la maldad; personajes que —desde el punto de vista psicológico— no tienen ningún punto de tangencia, pero —desde la vertiente psicoanalítica ortodoxa— ocupan un espacio común en el inconsciente freudiano: la ternura de Odette se localiza en el componente espiritual, mientras que  la maldad de Odile nace y crece en el componente instintivo; componentes separados por una línea imaginaria que Grettel cruza sin realizar el más mínimo esfuerzo.

Por otra parte, tanto ella como su partenaire, Dani Hernández, quien caracteriza —con la elegancia y la fuerza viril que distingue a los bailarines insulares— al enamorado príncipe Siegfried, dominan al pie de la letra la técnica académica y la interpretación teatral; indicadores teórico-prácticos en que se estructura el arte danzario en general, y el ballet clásico en particular, y que les facilita a los bailarines intelectualizar y espiritualizar los movimientos corporales limpios, sincronizados, a través de los cuales exteriorizan sentimientos, emociones, pensamientos, vivencias y experiencias, así como la energía positiva, que el mundo interior de Odette irradia hacia el universo, o la carga negativa que brota de las regiones más oscuras de la enrevesada psiquis de Odile.

Un párrafo aparte requiere el óptimo desempeño artístico-profesional de los solistas e integrantes del cuerpo de baile de la septuagenaria agrupación; pinos nuevos que —junto a Grettel y Dani— supieron adaptarse a las exigencias técnico-expresivas y estilísticas que implica llevar a escena El lago de los cisnes, y consecuentemente, imprimirle la dosis exacta de distinción a esa gala-homenaje por el cumpleaños 60 del triunfo de la Revolución Cubana.           

En ese contexto festivo, fueron dados a conocer el Premio Anual que otorga el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y las menciones registradas en el Libro de Honor del legendario Coliseo de La Habana Vieja.

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