Fidel Castro Ruz: La libertad nace del sentido innato de la justicia

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Por Ana Esther Zulueta

‘El interés que una inmensa parte de la ciudadanía ha mostrado a favor de nuestra libertad, nace del sentido innato de la justicia en las masas y de un sentimiento profundamente humano de un pueblo que no es ni puede ser indiferente’.

Escribió, en carta publicada en marzo de 1955, en la revista Bohemia, Fidel Castro Ruz -líder de los revolucionarios encarcelados por aquel entonces en Presidio Modelo-, al referirse al movimiento Pro-Amnistía, que tuvo su génesis en el Comité de Madres de los Presos Políticos, transformado luego en Comité de Familiares.

El dictador Fulgencio Batista y Zaldívar no pudo desconocer el clamor popular por la liberación de estos jóvenes, aunque consideró que era una aventura aislada.

Sin embargo, la coyuntura política a la sazón torció el panorama al presidente golpista. Como parte de la campaña electoral contra Ramón Grau San Martín, Batista hizo mínimas concesiones a fin de crear el clima propicio para la celebración de elecciones.

Pero estaba vívido en el recuerdo el golpe de estado militar que él protagonizó el 10 de marzo de 1952 contra el corrupto, aunque constitucionalmente presidente electo, Carlos Prío Socarrás.

Con el suceso, aupado por EE.UU., se derogó la Constitución de la República, vigente desde 1940, y se estableció la dictadura feroz caracterizada por la brutal represión y que acentuó los males de aquella república mediatizada.

Todavía sangraban las heridas de numerosas familias, víctimas de la ola represiva desatada por el tirano y que encontró la necesaria respuesta en la denominada Generación del Centenario del natalicio de José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba, cuya memoria no dejaron morir aquellos jóvenes dirigidos por el abogado Fidel Castro Ruz.

Aquella epopeya del 26 de julio de 1953, cuando asaltaron los cuarteles Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo; y Moncada, en Santiago de Cuba -segunda fortaleza militar del Ejército-, desencadenada en masacre de la mayoría de los combatientes y las anormales circunstancias del juicio (Causa 37)  en el cual se procesaron a los sobrevivientes, conmovieron a la opinión pública.

Por eso, el movimiento surgido desde finales de 1953 y en el que participaron el Partido Socialista Popular (PSP) y la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), adquirió amplia dimensión que influyó a favor de la inclusión en la amnistía de Fidel y los moncadistas.

‘En aquel momento Fidel no era ni remotamente la figura que tendría en nuestra historia. Y Batista estaba confiado en que con su gesto consolidaba su posición ‘democrática’ como presidente ‘electo’ el primero de noviembre de 1954, comentó Mario Mencía, estudioso del tema.

Fidel, a través de sus cartas, denunció las maniobras electoralistas articuladas por Batista y arremetió contra las promesas de amnistía a cambio de cejar en la lucha. ‘No queremos amnistía al precio de la deshonra’, dijo desde la prisión en Isla de Pinos, aun a riesgo de su propia vida.

La presión de la opinión pública y especialmente las movilizaciones obligaron al tirano a firmar, el seis de mayo de 1955, el decreto de amnistía, el número 113, aunque no todos sus acólitos estuvieron a favor.

‘(…) Fidel Castro y su grupo han declarado reiterada y airadamente, desde la cómoda cárcel en que se encuentran, que solamente saldrán de esa cárcel para continuar preparando nuevos hechos violentos, para continuar utilizando todos los medios en la búsqueda del poder total a que aspiran’, sentenció Rafael Díaz Balart, entonces titular del Interior.

Otra vez Bohemia es portavoz del líder revolucionario, cuando en una de sus páginas publica una misiva que deja clara la  posición de principio de los combatientes: ‘Preferimos mil años de prisión a una libertad sin decoro.’

Tras 22 meses de encierro en Presidio Modelo de la otrora Isla de Pinos, el domingo 15 de mayo de 1955 se hizo firme la ley de amnistía política para los 29 asaltantes de los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

Cerca del mediodía un oficial de la prisión anuncia que los jóvenes serían liberados en tres grupos con intervalos de más de 30 minutos.

Descendieron la escalinata, sonrientes y con los brazos en alto, Fidel y Raúl Castro, Juan Almeida Bosque, Armando Mestre, Agustín Díaz Cartaya y otros en el segundo grupo.

Ese día, en el lobby del Hotel Isla de Pinos, Fidel reconoció -en presencia de simpatizantes, familiares y periodistas de Prensa Libre, El Crisol, Bohemia, Diario Nacional, Ataja, La Calle y Alerta- que la asombrosa presión de la opinión pública y de la prensa cubana, les abrió las puertas de las prisiones sin condiciones vergonzosas.

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