Giselle: perla del ballet romántico mundial

La sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso reabrió de par en par sus puertas para recibir —con danza, música, poesía luz y color— la reposición de Giselle, cuya versión cubana es el resultado de la inagotable inspiración y creatividad de la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza (CID-UNESCO).

Giselle cuenta una historia de amor, engaño, traición, locura, maldad, envidia y vida más allá de Tanatos (la muerte en el vocabulario psicoanalítico ortodoxo). Es —sin ningún género de duda— el ballet más codiciado y aclamado por los amantes del arte de las puntas y por los propios bailarines, quienes lo consideran un sueño y una verdadera prueba de fuego, de la que —lamentablemente— no todos los danzantes salen airosos.

Interpretan los papeles protagónicos los primeros bailarines Viengsay Valdés, subdirectora artística de la emblemática compañía, Anette Delgado, Sadaise Arencibia, Grettel Morejón y Dani Hernández, así como los bailarines principales Raúl Abreu y Rafael Quenedit, cuya excelencia artístico-profesional los identifica en cualquier escenario nacional o foráneo donde han actuado y representado al BNC y a la patria que los vio nacer, crecer y consolidarse como artistas integrales.  

Con un poco de leyenda, un hálito de misterio y ligeros matices mágicos, Giselleejerce un encanto especial en balletómanos nacionales y extranjeros, así como en los colegas de la prensa especializada; fascinación que, ni el paso del dios Cronos, logra disminuir, ya que una técnica impactante no alcanza para desempeñar el papel de Giselle, cuyos retos primordiales son el virtuosismo técnico y la interpretación teatral, fundidas en cálido abrazo, estilo impecable, así como entrega incondicional en cuerpo, mente y espíritu al arte danzario en general, y al ballet clásico en particular.

A la versión insular de Alicia Alonso la identifica, en cualquier coliseo del orbe, el excelente montaje del drama, el carácter, la fuerza y la comunicación entre todos los personajes. La ingente labor coreográfica y la interpretación personal de ese ballet por parte de Alicia recibieron, en 1966, el Grand Prix de la Ville de Paris, en Francia.

Por otra parte, quiero destacar la magistral interpretación que hacen de Giselle, Sadaise Arencibia y Raúl  Abreu, quienes lograron acariciar el centro mismo del mundo interior de un público que adora su inimitable forma de bailar, en la que —según las sabias enseñanzas del maestro Fernando Alonso (1914-2013)— intelectualizan y espiritualizan los movimientos corporales, en que se sustenta la técnica académica y la proyección escénica (indicadores teórico-prácticos que adquirieran en la septuagenaria Escuela Cubana de Ballet, y perfeccionaran en la praxis danzaria), para dominar el clima emocional del auditorio y acabar rindiéndolo a sus pies.

Raúl Abreu, quien ha alcanzado plena madurez artístico-profesional, y hace un uso inteligente de los conocimientos teórico-conceptuales y prácticos en que se estructura el ballet clásico, ha interiorizado e incorporado a su estilo danzario de afrontamiento, que al personaje protagónico masculino de Albrecht debe llevarlo a las tablas con el amor y la pasión que singularizan al fogoso Duque de Silesia, quien está dispuesto a morir bailando por agotamiento físico, para encontrarse con su adorada Giselle en el espacio espectral donde moran Mirtha (Ely Regina), la malvada Reina de las Willis, escoltada por las doncellas que fallecieron vírgenes.

A Sadaise Arencibia habría que dedicarle —por supuesto— un comentario especial, ya que desarrolla todo un caudal de ternura, candidez e ingenuidad para otorgarle credibilidad a la inocente campesina que muere por un amor, aparentemente traicionado y no correspondido.

La escena de la locura, cuando Giselle descubre la verdadera identidad de Albrecht, develada por el celoso guardabosques Hilarión (primer bailarín Ernesto Díaz), quien la cortejaba sin éxito alguno, deviene una de las más logradas en la representación de esa gema del ballet romántico de todas las épocas, así como la escena final en la que la Giselle de Sadaise se pierde en los oscuros laberintos de la tumba fría que guarda sus virginales restos y Albrecht cae al suelo transido de dolor.

Con razón, el público local y extranjero los ovacionó con fervor, porque le ofrecieron un espectáculo que acarició —con creces— el intelecto y el espíritu humanos.       

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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