Impresiones de la gala clausura del XXVI Festival Internacional de Ballet de La Habana Alicia Alonso

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Con danza, música, poesía, luz y color cerró sus puertas la vigésimo sexta edición del Festival Internacional de Ballet de La Habana, con un espectáculo de lujo que tuvo como sede principal la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH) Alicia Alonso.

Pepe Hevia. Foto cortesía del Ballet Nacional de Cuba

Pepe Hevia. Foto cortesía del Ballet Nacional de Cuba

El programa incluye tres estrenos mundiales: Vestida de nit (Vestida de noche) y Ánima, de la coreógrafa catalana, doña María Rovira, Ciudad de Luz, del bailarín y coreógrafo José (Pepe) Hevia, dedicada a la Villa de San Cristóbal de La Habana por el aniversario 500 de su fundación, así como la reposición de Aguas primaverales y Las intermitencias del corazón, entre otras.

El acompañamiento musical estuvo a cargo de la Orquesta del GTH Alicia Alonso, que —con la profesionalidad que lo distingue— dirige el maestro Giovanni Duarte.

Ánima (Alma) es una coreografía concebida especialmente para el primer bailarín Dani Hernández, figura insignia del Ballet Nacional de Cuba (BNC), quien se entrega en cuerpo, mente y espíritu a la interpretación de una obra contemporánea por excelencia.

A Dani, un príncipe del ballet clásico, no le resultó difícil dominar —con el virtuosismo técnico-interpretativo que lo identifica en cualquier escenario del orbe— la técnica académica y la proyección escénica en que se estructura una puesta contemporánea; contexto que supo aprovechar al máximo para continuar aprendiendo, desarrollándose artística, profesional, humana y espiritualmente, y en consecuencia, poder mostrarle al público nacional y foráneo lo que siente y desea exteriorizar a través de movimientos corporales, que intelectualiza y espiritualiza, como le recomendara el inolvidable maestro Fernando Alonso (1914-2013), con el objetivo de expresar la esencia íntima de su propia ánima, que es — ¿quién lo duda?— noble y buena.

Ciudad de Luz, un poema que José (Pepe) Hevia siente que le debía a la Ciudad Maravilla, percibida como el espacio imaginario que construimos para establecernos como seres humanos plenos, realizados. La casa perfecta que siempre está dispuesta a recibirnos con los brazos abiertos, y además, para ser habitada. Pepe Hevia define a La Habana como «el océano profundo que, en calma, guarda lo mejor de nuestro tiempo».

Dani Hernandez Anima. Foto cortesía del Ballet Nacional de Cuba.

Dani Hernandez. Anima. Foto cortesía del Ballet Nacional de Cuba.

La primera bailarina Grettel Morejón desempeña el papel protagónico de esa joya poético-coreográfica, junto al bailarín Ariam León, miembro de la compañía Hevia Danza; agrupación que —en el momento actual— radica en la República de Perú.

Grettel y Ariam —con la excelencia artístico-profesional que los caracteriza— demostraron en el proscenio que la capital de la República de Cuba es mucho  más de lo que inspiró a Pepe Hevia a crear Ciudad de Luz.

El bailarín colombiano Fernando Montaño, del Royal Ballet de Londres, se presenta de nuevo en Gallardo, mientras los danzantes Anujin Otgontugs y Altan Duragaa, del Ballet de Mongolia, exhiben su cultura ancestral en Skifull Khan.

Por otra parte, los bailarines Julie Charlet y Javier Torres, del Northen Ballet, de Gran Bretaña, protagonizan el pas de deux de La Arlesiana, mientras la pareja integrada por las danzantes Leticia Calvete y Florient Cador, del Europa Ballet, bailan al ritmo del tema Is there anybody in there, de la banda de rock británica Pink Floík (1965-1995).

Los bailarines insulares y de otros países que participaron en esta gala de clausura interiorizan e incorporan a su estilo de bailar el hecho objetivo-subjetivo de que la danza es una realidad que fluye y refluye, como las olas de un mar apacible o enfurecido, dentro de lo inmóvil, y se hace movimiento físico, que involucra los más disímiles estados subjetivos del yo.  Al mismo tiempo, la danza es efímera y eterna, porque procede —fundamentalmente— de la esfera afectivo-espiritual,  hacia la cual lleva a los danzantes con el marcado propósito de irradiar hacia el auditorio ese haz de luz y energía positiva que brota de su mundo interior, cual agua cristalina que corre por los ríos subterráneos del alma humana.

A manera de conclusión, el maestro Frank Fernández, Premio Nacional de Música y la primera bailarina Viengsay Valdés compartieron la escena en ParAlicia, una obra que nació de una conspiración entre ellos y la coreógrafa Tania Vergara, para rendirle homenaje a la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, miembro de honor del Consejo Internacional de la Danza, hace algún tiempo.

El realizador audiovisual Alejandro Pérez se sumó para construir un videoarte, en el cual actuó la eximia ballerina; pinceladas de ese material y de otras presentaciones de la bailarina y maestra, tan cubana como universal, editadas por el crítico y periodista José Ramón Neyra, pudieron apreciarse en la gala de clausura de la edición 26 de la cita bianual con el arte de las puntas.

Ahora, nos despedimos hasta el XXVII Festival Internacional de Ballet de La Habana, que coincidirá — ¡Dios y la vida lo permitan!— con el centenario del natalicio de Alicia Alonso. ¡Que así sea!

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