Kristell Almazán: a mí lo que me gusta es dirigir

Comentario

Especiales

El multifacético actor Kristell Almazán (Camagüey, 1979), con la proverbial gentileza que caracteriza a los nacidos en la tierra agramontina, accedió a conversar con nuestros lectores acerca de su exitosa carrera artístico-profesional en el campo de la actuación.

Graduado de la capitalina Universidad de las Artes (ISA) y miembro de la  Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), ha incursionado en el teatro, en la radio («mi gran escuela de actuación»), así como en la pantalla chica, donde se le ve con relativa frecuencia.

 

Por otra parte, ha recibido disímiles reconocimientos por su destacada labor en los medios donde trabaja.

¿Cuáles fueron sus inicios en el campo de la actuación?

En 1996, hace casi dos décadas, me presenté a unas pruebas para trabajar en el grupo dramático de Radio Cadena Agramonte, en la Ciudad de los Tinajones. Con anterioridad, había cursado estudios con los experimentados actores Néstor Rodríguez y Héctor Vilató […], pero aún el «virus» de la actuación no había prendido en mí […], como ocurrió después.

Posteriormente, matriculé en la filial holguinera del ISA, donde permanecí durante tres cursos académicos hasta que se produjo mi traslado para La Habana, donde pude continuarlos y concluirlos satisfactoriamente en el habanero ISA.

¿Qué recuerdos conserva de su época de estudiante universitario?

Guardo muy buenos recuerdos de mis maestros, en quienes descubrí los valores éticos, ideo-estéticos, culturales, patrióticos, humanos y espirituales en que se estructura la personalidad de un verdadero profesional de las artes escénicas.

Además, estudiar en ese centro de enseñanza artística superior era el sueño primario de empezar, de iniciarme en un mundo que, al menos para mí, había sido un juego hasta ese momento. Y empecé a soñar, ya que como reza el refrán: «soñar no cuesta nada». Pero […], el juego devino algo mucho más serio. Comencé con la idea de dirigir, de hacer cortos, documentales, porque a mí lo que más me gusta es dirigir.

Coméntenos de su labor en la Radio

La radio fue la primera escuela para mí y considero que aún lo sigue siendo. Desde los 16 años de edad, comencé a trabajar en la radio. Durante más de un lustro estuve vinculado al Grupo Dramático de Camagüey, y en la Ciudad de las Columnas, a Radio Arte.

La radio me ha marcado de manera definitiva, sobre todo desde el punto de vista de la actuación, porque me crea un mundo subjetivo muy particular, una atmósfera interior. Pienso que, en el trabajo audiovisual, se percibe cuando una persona tiene formación en la radio […], por esa interiorización tan valiosa a la hora de insuflarle vida a cualquier personaje.

Además, el «sonido para ver» que identifica a la radio es muy importante para el audiovisual, tanto como la imagen misma.

¿Cómo llegó a la pequeña pantalla?

Mi primer gran trabajo en la Televisión Nacional fue en la telenovela cubana La cara oculta de la luna a través del personaje de David. Antes había participado en las teleseries Forense y Tras la huella, donde interpretara el papel de un asesino en un episodio de «Patrulla 444».

Le presté piel y alma a Rodolfo, junto a los carismáticos artistas Vladimir Villar (Miguelón) y Carlos Luis González (Machito), en la teleserie Los tres Villalobos del espacio Aventuras, que está retransmitiendo el canal Tele Rebelde, con versión del escritor Pedro Urbezo y dirección del realizador Miguel Sosa. Protagonicé, en el espacio El Cuento, «Satisfacción», con la versátil actriz Ketty de la Iglesia.

Formé parte del elenco de la telenovela Tierras de fuego, donde desempeñara el papel protagónico, el cual compartí con la actriz Laura Moras y el actor Carlos Luis González.

¿Algún personaje que ha interpretado en el teatro, la radio y la televisión le ha dejado una huella imborrable en la mente y en el alma?

Si quiere que le sea sincero, le diré que todos los personajes que he interpretado en esos medios me han enseñado algo. En consecuencia, los evoco con un cariño especial, precisamente por lo que he aprendido de ellos. Cada uno tiene un lugar privilegiado en lo más hondo de mi ser. Si manifestara lo contrario, no solo sería deshonesto con los lectores y con usted, sino también me estaría engañando a mí mismo.

¿Cuál es su opinión acerca de los espacios dramatizados (sobre todo, las telenovelas) que exhibe la televisión cubana?

Esa pregunta es un poco compleja y algo difícil de contestar, pero voy a tratar de satisfacer su curiosidad. En la factura estético-artística de un dramatizado, sobre todo de una telenovela, influyen los más diversos factores: un excelente guión, una buena dirección de actores y actrices, una adecuada selección del elenco y un respaldo económico que, si bien no deviene una condición básica indispensable, no se puede subestimar —en modo alguno— la función que desempeña en la exitosa realización de cualquier audiovisual, ya sea una telenovela, una teleserie, un teleteatro o un cuento.

En ocasiones, la interrelación de esos factores produce un efecto positivo en el telespectador […], pero en otras no, y esos son riesgos que los realizadores, directores, técnicos y artistas, tenemos que correr […] y los corremos. Los resultados están ahí, para que ustedes, los críticos, digan la última palabra al respecto.

¿Acaso tiene in menti dirigir un audiovisual en la pantalla grande?

 

Me gusta el cine sutil, de pequeñas cosas, por eso disfruto tanto la proposición contemporánea que exhiben en los festivales de cine francés. Me parece que es lo que necesita el hombre de hoy. En mi obra intento buscar cubanía sobre todas las cosas, la célula básica de lo genuinamente cubano. Me gustaría hacer un cine lo más sencillo posible. Las cosas más sencillas son las que más dicen, las que más verdades encierran.

 

¿Cuáles son, en apretada síntesis, sus planes futuros?

 

Algún día emprenderé proyectos desde la función de realizador. Es cuestión de decisión propia y condiciones idóneas. Al concretarlos, habré saldado una deuda conmigo mismo. Comencé a transitar por un camino, cuyo final todavía no percibo con claridad.

Llegué al séptimo arte a través de los filmes de otros cineastas […], pero ya eso representa un paso de avance. No obstante, estoy inconforme. Tengo cosas escritas que me gustaría vieran la luz del sol tropical; ideas que desearía priorizar. Por ahora, aprendo y me preparo […] hasta que llegue el momento oportuno, el cual —puede estar seguro de ello— sabré aprovechar al máximo.
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