La Colmena TV

«Los niños saben más de lo que parece». No me asiste la más mínima duda de que ese aforismo martiano inspiró al talentoso artista Juan Carlos Cremata Malberty, director de la agrupación La Colmenita, a entregarles la realización de La Colmena TVa los «pequeños príncipes» que integran ese cubanísimo proyecto, cuyo prestigio trasciende —con creces— nuestras fronteras geográficas.

En esta temporada —y por razones más que justificadas, que no me corresponde explicar aquí— a la estructura del programa se le introdujeron cambios, que —en mi opinión— si bien lo renovaron…, hasta cierto punto coartó la integralidad que identificara a los niños y adolescentes que participaron en las competencias que signaron los dos primeros espacios de LaColmena TV, ya que tenían que cantar, bailar y actuar, no solo para mostrar sus aptitudes y habilidades artísticas ante el jurado que los evaluaba, sino también para crecer desde los más disímiles puntos de vista.

Los presentadores, tanto los niños como los jóvenes, están conscientes —en la misma medida en que la edad cronológica y emocional se lo permite— que la conducción de un programa infanto-juvenil fusiona, en cálido abrazo, arte y técnica a la vez; combinación que les exige —entre otros indicadores— frescura, mesura y naturalidad; cualidades que los particularizan ante las cámaras.       

Ahora bien, el nuevo enfoque estético-artístico que se le dio este año al gustado espacio veraniego, satisfizo con creces las necesidades cognoscitivas y espirituales de los televidentes, quienes desde sus casas —y frente a la pantalla chica— liberaron el yo niño (en el caso de los adultos), para disfrutar de un espectáculo  caracterizado —básicamente— por el buen gusto, el dinamismo en su desarrollo, los fragmentos humorísticos de la Historia de Cuba, según el cantautor Alejandro García (Virulo), la visibilidad de la música popular cubana, la auténtica, la verdadera, así como de la música infantil, compuesta especialmente para “los que saben querer [y] para quienes trabajamos”, al decir del poeta mayor de la patria grande latinoamericana; tesoros sonoros prácticamente olvidados por los medios masivos de comunicación (con honrosas excepciones, que las hay), entre otras virtudes no menos relevantes.

Cada edición de La Colmena TVestuvo dedicada a un tema diferente, pero —por razones de espacio— solo voy a citar dos de esas líneas temáticas: la mujer, para rendirle sentido homenaje a la flor más bella de la creación humana, así como a la constitución de la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y concretamente, a su eterna presidenta, la ingeniera Vilma Espín Guillois (1930-2007), así como la evocación al centenario del natalicio del genial músico y compositor lajero Bartolomé Maximiliano Moré (1919-1963), conocido en el mundo artístico insular y foráneo como Benny Moré. Los Ismaelillos interpretaron —con la dulzura, ingenuidad, sencillez, espontaneidad que los distingue en el escenario y fuera del contexto audiovisual— números antológicos del repertorio clásico del Bárbaro del Ritmo, muy bien acompañados por la orquesta infantil y juvenil, con formato tipo jazz band, al igual que la Banda Gigante, creada y dirigida por Benny Moré hasta su lamentable deceso.

Por otra parte, habría que destacar la caricaturización que se les hace a los realizadores adultos, quienes olvidaron —como por arte de la peor magia— ese ciclo vital humano (la niñez), único e irrepetible, y por ende, no confían en la capacidad ni en la creatividad de los «príncipes enanos» para realizar y conducir un espacio televisivo, lo cual no es más que un pretexto para ridiculizar —por vía subliminal— a aquellos que colocan obstáculos y piedras en el camino a todo nuevo proyecto que se presenta a la consideración de los decisores del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT).

El programa que cerró la actual temporada colmenera, incluyó —entre otras agradables sorpresas— la participación especial de la emblemática Orquesta Aragón, que este año está festejando el aniversario 80 de su fundación, en la sureña ciudad de Cienfuegos. La Charanga Eterna interpretó —con la indiscutible maestría que la singulariza en cualquier medio de comunicación— tres números antológicos del repertorio clásico de los “estilistas del cha cha cha”: Nosotros, del compositor Pedrito Junco (1920-1943), El bodeguero, del maestro Richard Egües (1923-2006), y Pare Cochero, del compositor Marcelino Guerra (1914-1996).    

Por último, no seríamos justos si no nos refiriéramos a las puntuales intervenciones de la maestra Carmen Rosa López, directora del Coro Diminuto, y del poeta-repentista Emilio Sardiñas, quien —con la excelencia artístico-profesional que lo define— hacía el cierre, en versos improvisados, de cada edición de uno de los mejores espacios concebidos por la programación estival.

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Publicado Por: Jesús Dueñas Becerra

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