La Habana por dentro: El barrio Cojímar

Comentario

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Uno de los barrios emblemáticos de La Habana, con larga historia, es Cojímar, situado al este de la capital en el municipio La Habana del Este. En el lejano 1555 andaban por la comarca algunos indígenas, colonizadores españoles y esclavos africanos, lo cual constituyó la génesis de una futura población.

Hasta 1976 este poblado perteneció a la Villa de Guanabacoa. En la actualidad es un territorio lleno de vida, no muy extenso, con solo 4,2 kilómetros cuadrados. Pueblo de pescadores, donde en la década de los años 50 y quizá antes ya veía la presencia del escritor norteamericano Ernest Hemingway.

Recorrer sus angostas calles o caminar por el viejo malecón es una práctica para regocijar el alma, premonición que enriquece lo más bello del ser humano, algo así como un sentimiento de pertenencia, aunque nunca hayas vivido en esa zona.

Cojímar cuenta sitios naturales, históricos y socioculturales de gran trascendencia, entre ellos el río homónimo, la playa, el valle, la abundante vegetación y como símbolo del lugar está el Torreón, una de las fortificaciones defensivas de La Habana.

El pueblo es una localidad bañada de mar y salitre, con un apreciable conjunto arquitectónico y natural que surgió alrededor del antiguo fortín español conocido como Torreón de Cojímar.

Su historia geográfica se remonta al 15 de julio de 1649, fecha fundacional de este emporio poblacional. Así se inició el asentamiento, donde prevalecen ranchos de pescadores. Paso a paso va tomando forma aquella aldea, hoy convertido en un pequeño pueblo de ultramar.

De esos oasis encantados de la costa habanera, quizá sea Cojímar actualmente el más modesto. Sin embargo, en el pasado, fue el que gozó de más brillantes días. Y fue, además, el único que dio a la historia de Cuba horas heroicas. Desde principio del Siglo XVIII ya Cojímar existía como una pobre aldea de pescadores, pero su vida histórica nace en 1762, por la valiente resistencia que entonces hicieran sus vecinos a las tropas inglesas que al mando del Conde de Albemarle desembarcaran en su costa.

Como reliquia de la heroicidad de aquellos días, aún quedan el histórico castillo que tan bravamente se batiera con los invasores, y el lomerío que fuera testigo del coraje de Pepe Antonio. Y usted se preguntará ¿quién fue Pepe Antonio?

Pepe Antonio.

Pues nada más que José Antonio Gómez Bullones. Héroe de la resistencia popular contra los ingleses en 1762, conocido por la historia como Pepe Antonio. Regidor y alcalde mayor de Guanabacoa, desde1748 hasta 1762.

Cojímar comienza a vivir sus mayores esplendores a principios del siglo XIX. Desde la Real Villa de Guanabacoa, a la cual pertenecía este territorio, llegaban los Capitanes Generales, altos oficiales y las familias de mayor linaje a tomar baños y a disfrutar del saludable.

Poco a poco fueron apareciendo viviendas de recreo, hoteles y espaciosas residencias veraniegas a lo largo de la playa, en tanto por sus incipientes calles rodaban plácidamente calesas, volantas y quitrines.

Ya establecida la República, a principios del siglo XX Cojímar aún vio días en que el sol dorado fulguró sobre sus aguas. Transcurrían los años de los presidentes José Miguel Gómez y Mario García Menocal, ambos alcanzaron el grado de Mayor General del Ejército Libertador.

Por esa época doña Pilar Somoano del Toro, dueña del hotel El Telégrafo en La Habana, construyó en los alrededores de la playa de Cojímar el Campoamor, un centro de recreo para veranear. Aun no soñaba alcanzar Varadero que tiene por estos días, y entonces el poblado rivereño volvió a la moda. Desbordó de lunas de miel; contempló nuevamente las más poderosas familias; banqueros que buscaban unas breves horas de placidez en la agitación de sus negocios; ilustres hombres públicos criollos, restaurando en sus aguas los agotados nervios, destrozados en la abnegada lucha de hacer patria.

Independientemente de este republicano esplendor, ya desde entonces puede notarse un cierto olvido como balneario público en esta hermosa villa marina. Y es que siempre recatada, casi íntima, respetando a grado extremo el espíritu de sus grandes días, Cojímar tarda en aceptar, de buen grado, los revolucionarios tiempos de las modernas trusas.

Pasado el tiempo muchas personas tomaban los baños de mar por prescripción facultativa, para aliviar sus reumas y curar los males del hígado, en tanto hermosas habaneras púdicas y ruborosas, entregaban sus bellezas al mar enfundadas castamente en antiestéticos sayones, que las resguardaban de todo ojo pecador desde el cuello a los tobillos.

Pero al llegar a estas costas soleadas, lo mismo que los vientos del norte, las modas de las playas abiertas en que el baño de mar se realiza no sólo en función medicinal, sino como higiene física y mental, como deporte recreativo y como vida social, Cojímar poco a poco fue olvidada. No pudo ya competir con Santa Fe, Marianao, Varadero, Guanabo, que en más amplia extensión, con inmensos paseos de arenas surgían a la vida bajo el signo de la más desnuda modernidad.

Aparte del espíritu tradicional del poblado, Cojímar reposa como una tímida gaviota sobre un lecho de agresivos arrecifes. Su intimidad y pequeñez unida a la agresividad del lecho marino y su poca extensión de arena, no permiten el tumultuoso desbordamiento de multitudes, ni tiene escenario adecuado para esos largos desfiles de trusas y cuerpos tostados que actualmente embellecen las más modernas playas.

Cojímar goza de una misteriosa intimidad, sabe encantar con tan espiritual frescura y placidez; no tiene la suntuosidad de las demás playas cercanas, pero tanto en verano como en invierno nadie encuentra una casa vacía, siempre está rebosante de residentes y sus aguas llenas de bañistas. Pues, como panorama, es uno de los más hermosos rincones del nordeste de La Habana. Su clima es saludable.

Como expresamos, Cojímar es un modesto pueblo con algunos miles de habitantes, aunque con un panorama arquitectónico y natural representativo del modo de vida de los pescadores. Fue precisamente en los alrededores del Torreón, donde desarrolló su afición por el deporte de la pesca el novelista norteamericano Ernest Hemingway.

Fue este exiguo reparto de pescadores, al este de la capital, el escogido por Hemingway para escribir su novela más famosa y poética: El viejo y el mar. En este escenario se destaca el restaurante Las Terrazas, donde solía comer el famoso novelista junto a su amigo Gregorio, el capitán del Yate Pilar, con el que salía de pesca.

Ernest Hemingway (Adiós a las armas y Por quién doblan las campanas) encontró en Cojímar la fuente de inspiración para escribir ese clásico de todos los tiempos que es su novela El viejo y el mar que le valió para ganar en 1954 el Premio Nobel de Literatura. Aquí nació su amistad, en 1928, con Gregorio Fuentes, quien más tarde se convirtiera en patrón del Yate Pilar, donde tantas veces Hemingway saliera a pescar. Desde hace muchos años Cojímar es sede del Torneo de Pesca de la Aguja Ernest Hemingway, evento al que asisten competidores de decenas de países, el cual goza de gran popularidad y atracción.

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