La Habana por dentro: La vieja muralla

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Especiales La Habana 500

Las Murallas de La Habana se construyeron entre 1558 y 1740. Después del ataque a la ciudad de Jacques de Sores en 1555, las autoridades de la Metrópolis decidieron brindar mayor protección y seguridad a la Villa.

Este muro fue levantado alrededor del perímetro urbano, con objetivos meramente defensivos desde el punto de vista militar. La fortificación es como una pared firme, alta y gruesa, a fin de poder hacer frente a cualquier embate.

Las mencionadas construcciones no son propias de estos tiempos, aunque en otras épocas, por sus características defensivas, fueron más comunes por los avances en las fortificaciones militares en defensa de ciudades vulnerables a ataques de piratas y cosarios.

El muro que circunvalaba la capital tenía como promedio 1,40 metros de espesor y 10 de altura, construido con buena sillería, como lo atestiguan los pequeños tramos que aún se conservan en distintos zonas de la ciudad.

En esta parte formaban un polígono compuesto de nueve baluartes y un semibaluarte (La Tenaza) unidos por cortinas, susceptibles de cuatro piezas en sus caras y dos en cada flanco; en los baluartes había garitones para el abrigo de los centinelas. Poseían camino cubiertos con su correspondiente Plaza de Armas, ancho foso y escarpa.

Esa barrera tenía nueve puertas, la primera de ellas conocida como de la Muralla en el lejano 1721 por ser la única, pero luego se le conoció como Puerta de Tierra; estaba situada al pie de la calle de aquel nombre, y por el aumento de transito se hizo doble esa puerta; otra fue la de La Punta, posteriormente se abrieron las del Arsenal, de la Tenaza, de Luz, de San José, de Jesús María y ya en el siglo XIX la de Colón y las dos puertas de Monserrate correspondiendo a las calles del Obispo y de O´Reilly.

Permanecían abiertas desde las nueve de la mañana hasta las nueve de la noche, hora anunciada por el estampido de un cañón de la batería de la Reina, ubicado en la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, ceremonia que ha pasado a formar parte de estas tradiciones citadinas bajo el célebre nombre de El Cañonazo de las 9.

Ya hacía más de un siglo que La Habana había rebasado el cinturón de sus murallas cuando el 8 de agosto de 1863 comenzó su derribo. Como otras construcciones militares habaneras, ésta nunca fue puesta a prueba: la única vez que un enemigo poderoso y decidido atacó la ciudad (los ingleses en 1762) soslayó las murallas y sus demás defensas para penetrar por el único lugar estratégico entonces indefenso, la loma de La Cabaña, la montañita en la que desde 1581 el capitán Francisco Calvillo había propuesto hacer una fortaleza, y que no llegó a fortificarse hasta que el peligro de ataques enemigos ya prácticamente había desaparecido.

Al paso del tiempo, hoy aún los capitalinos y visitantes podemos observar con detenimiento los pedazos de muralla que se conservan como testigos de lo que esa cerca significaba para la defensa y seguridad de La Habana y sus habitantes desde hace casi 500 años.

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