La Habana por dentro: Primera mujer médico graduada en Cuba

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Especiales La Habana 500

Cuando La Habana está cercana a cumplir 500 años de vida es bueno recordar a una joven excepcional: Laura Martínez de Carvajal. El 15 de julio de 1889 recibe su diploma como graduada universitaria y se convierte a los 20 años de edad en la primera mujer médico que realiza esos estudios en Cuba.

No obstante, otra mujer que ejerció la profesión en la nación caribeña «fue Enriqueta Fáber, graduada en Suiza, quien vestida de hombre y con el nombre de Enrique, llegó a la capital cubana en 1819, con 25 años de edad y solicitó licencia para ejercer la medicina en Cuba», de acuerdo con un aálisis publicado en el sitio web Habana Radio.

Volviendo al caso de Laura, y según un escrito aparecido en el sitio web de Radio Enciclopedia, este es un asunto único por su trascendencia en el siglo XIX aquí en la Mayor de las Antillas. Como mujer tuvo que enfrentar increíbles contratiempos para lograr su objetivo, estudiar en el nivel más elevado de la nación, entonces bajo el yugo colonial español.

Muchos prejuicios tuvo que vencer para llegar a su más alto anhelo: matricular en la Universidad de La Habana Ciencias Físico-Matemáticas y Medicina, quien con enormes esfuerzos consagró toda su vida a esta última especialidad.

Laura era una habanera dotada de belleza y de una buena posición económica y social, hija de españoles establecidos en un medio bastante desahogado y con acceso a los círculos más exclusivos de aquella época en estos predios citadinos. Sin embargo, y a pesar de todo, ella se interesó por una profesión en la que solo la esperaban duros sacrificios y permanente discriminación, producto de los prejuicios de la época, refleja el referido artículo, publicado en la página web de Radio Enciclopedia.

La historia y discriminación de la mujer en esos tiempos no se pueden soslayar bajo ningún concepto en la actualidad, pues las féminas de cualquier estrato social en su generalidad tenían como destino ser amas de casa o dedicarse solamente al hogar, y se les permitía estudiar música, esencialmente piano para estar debidamente preparadas como buenas esposas.

Laura fue considerada entonces como una niña precoz; ya a los cuatro años de edad leía con fluidez y a los 11 desarrolla con habilidad sus quehaceres escolares, además de realizar otras labores como la jardinería y la horticultura. Leía cuanto libro cae en sus manos. Y aún le quedaba tiempo para cuidar de sus hermanos menores. Pero entre sus prioridades se hallaba estudiar, por lo que con solo 20 años de edad recibe su título de Licenciada en Medicina, “primero que se expide en la Universidad, a nombre de una mujer”.

“Durante su adolescencia y juventud rodeó a Laura un grupo de mujeres y hombres de mentes lúcidas que fueron fundamentales en el desarrollo de sus innatas facultades, entre estos jóvenes talentos estaba también la influencia bienhechora de Felipe Poey, decano de la Facultad de Ciencia y quien brindó a la nueva generación estímulo y facilidades”, confirma el mencionado escrito.

Una vez terminados sus estudios universitarios contrae nupcias con el doctor Enrique López Veitía, quienes fundan una policlínica de especialidades y en ella trabajan, donde se distinguen como oftalmólogos.

Laura queda viuda en 1910. Desde entonces se enfrenta sola a la profesión y al cuidado y educación de sus hijos. Se instala en la finquita El Retiro adquirida cercana al poblado San Francisco de Paula, en La Habana, “donde estableció una escuela gratuita para alfabetizar a los niños campesinos de la zona y cuidar su jardín y frutales”, precisa el artículo.

“Prácticamente olvidada, el 24 de enero de 1941, rodeada de flores y frutas, y de niños campesinos a los que enseñaba a leer, murió Laura Martínez de Carvajal, esta mujer ejemplo de coraje, voluntad e historia”, concluye.

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