La Habana por dentro: ¿Quién fue el CHORI?

Comentario

Especiales La Habana 500
EL CHORI en la década de los años 50 en La HAbana.

Siempre admiré la caligrafía casi perfecta aparecida en cualquier muro, columna o pared en los más insospechados sitios de La Habana, esta ciudad mágica que guarda tantos secretos, como aquella palabra CHORI, escrita en letras mayúsculas.

Al leer el artículo Marlon Brando en La Habana, del periodista Ciro Bianchi Ross, en páginas de Juventud Rebelde, mi admiración se acrecentó tras informarme de quién era esa persona excepcional que desandaba las calles de la capital cubana como si fuera un noctámbulo sin rumbo.

El Chori, sin lugar a dudas, fue algo así como un mítico personaje, camuflado bajo los signos de un misterioso accionar, quizá porque después de pasar su fama como músico perdió un poco la razón. Habría que averiguarlo. Pero sobre ello no tengo noticia alguna. De lo que sí estoy convencido es que se hizo presente en La Habana por esa palabra que constituyó su firma singular.

Nunca la escribió con crayola o tinta dentro de un spray, pues siempre utilizó como único recurso para rubricarla una tiza de color blanco, con las que escriben los maestros en las pizarras de una escuela.

¿Quién era en realidad este misterioso personaje? Ciro Bianchi ahora mismo me refresca la mente y me lo presenta como Silvano Shueg Echevarría (1900-1974) (Chori), un experimentado percusionista de Santiago de Cuba establecido en La Habana que hacía maravillas con ese instrumento. Era, además, un buen fotógrafo.

Marlon Brando en La Habana.

Marlon Brando en La Habana.

El centro nocturno El Niche era uno de los sitio donde actuaba el Chori y mostraba sus habilidades para sacarle música al bongó. Marlon Brando lo conoció ahí y pasó casi toda una noche junto a este músico que golpeaba el cuero del instrumento, mientras el actor norteamericano también mostraba sus habilidades para sacarle melodías a otro utensilio de la misma naturaleza, al tiempo que Armesto Murgada tocaba una tumbadora, y así descargaron hasta altas horas de la madrugada de una noche de 1956 en el mencionado lugar. Además de Brando, fueron a verlo tocar Agustín Lara, María Félix, Pedro Vargas y el percusionista Tito Puentes.

Marlon Brando tocando tubadoras en La Habana.

Marlon Brando tocando tubadoras en La Habana.

Aquella descarga deslumbró a Brando y quiso sacarle partido, pues el Chiri podría representar todo un espectáculo en Hollywood. Recibió la invitación para viajar a Estados Unidos. El día que debía salir junto a un representante del actor, ya en el aeropuerto, y después de escuchar tres avisos por los altovoces a los pasajeros con destino a Miami, le solicitó al acompañante ir un momento a la cafetería, instante que aprovechó para abandonar la terminal aérea y fue a parar al solar de Egido 723, en la barrida habanera donde vivía para sorpresa de los vecinos, a quienes les dijo: “…ni por aire ni por agua salgo yo de Cuba”.

¡Cuántas veces observé con asombro la caligrafía en la palabra CHORI! Y no sabía de quién se trataba. Hoy, al calor de estas referencias, lo admiro más aún, máxime si pienso que fue un pintoresco personaje que dibujó su apodo con lindas letras de molde y con tiza blanca en muros, columnas y paredes de esta Habana que dentro de unos meses cumplirá su medio milenio de existencia.

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