Libros imprescindibles de la literatura cubana

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Especiales

La literatura de la isla más famosa del Caribe hablan de palmeras y tragedias, de penas y sonrisas pero, ante todo, de esperanza por un mundo mejor. Hoy Radio Progreso ofrece un listado con varios títulos imprescindibles de nuestra literatura, con los que usted puede o no estar de acuerdo; y también puede completar con su propio listado o sugiriendo otro título.

Cecilia Valdés o la Loma del Ángel, de Cirilo Villaverde

Publicada en dos tomos en 1839 y 1879 que fueron reunificados en una edición final en 1882, la obra de Villaverde está considerada como la primera novela cubana y es una historia ambientada en la Cuba de 1830, abordando la realidad de los mulatos libres y los esclavos en manos de familias españolas. La novela, de ese carácter romántico tan propio del siglo XIX, cuenta la historia de amor entre la criolla Cecilia y  Leonardo, quienes desconocen que son medio hermanos e hijos del mismo padre, el millonario Cándido de Gamboa. La novela se convirtió en motivo de una zarzuela cubana adaptada años compuesta por Gonzalo Roig.

La Edad de Oro y otros relatos, de José Martí

Creador del Partido Revolucionario Cubano y figura más representativa de la Independencia de Cuba, José Martí fue también un poeta y novelista modernista cuyas obras fueron redescubiertos como toda una reinvención de las letras en español del siglo XIX. La Edad de Oro es un buen ejemplo, un compendio de relatos cortos sobre la fantasía, la heroicidad y la justicia escrito para “los niños de América” pero totalmente recomendable para personas de todas las edades.

El reino de este mundo, de Alejo Carpentier

Durante los años que Carpentier pasó en Europa, el surrealismo se convirtió en una de sus grandes influencias. Una corriente que llevó consigo durante su regreso a Cuba y su inmersión en un mundo de rituales y ceremonias vudú tejido entre su isla y la cercana Haití que daría como resultado El reino de este mundo, publicado en 1949. Embajadora del concepto de “lo real maravilloso” tan propio de la Revolución haitiana, la novela sigue los pasos del esclavo Ti Noél, representación de las creencias mágicas africanas, en un tiempo convulso para una población negra de Haití totalmente subyugada por la tiranía europea. Una de las obras más representativas de la literatura latinoamericana de todos los tiempos.

Paradiso, de José Lezama Lima

Aunque fue publicada en 1966, la primera novela de Lima ya vio la luz en 1949 a través de la publicación de sus dos primeros capítulos. Un monumento barroco que desafía todas las leyes de la literatura tradicional para contar la historia del poeta José Cemí desde su nacimiento hasta sus primeros años universitarios, configurando una novela de aprendizaje de una estructura compleja, que desafía el intelecto del lector. La obra fue alabada desde su primer momento de publicación por Octavio Paz o Julio Cortázar.

El hombre que amaba a los perros, de Leonardo Padura

Maestro del realismo sucio, Leonardo Padura es posiblemente uno de los autores cubanos más influyentes de la literatura contemporánea cuya mayor obra es, sin duda, El hombre que amaba a los perros. Publicada en 2009, la novela cuenta los recuerdos de Iván, un veterinario, en torno a un encuentro que tuvo en 1977 con un hombre acompañado por dos galgos en una playa cubana casi treinta años atrás. Fue en aquel momento cuando aquel nuevo conocido le reveló muchos detalles sobre la relación entre León Trotsky y su asesino, Ramón Mercader, hasta su confluencia en México.

Cuentos completos, Onelio Jorge Cardoso

Onelio no fue un escritor pulcro ni erudito como Borges; tampoco un cuentista lacónico y perfecto co-mo Rulfo. Fue un cuentero “de pico fino para contar cosas” como su personaje Juan Candela. “Mi padre —le dijo a Ernesto García Alzola— era un narrador espontáneo asombroso. ¿Tú ves el estilo de mis cuentos? Pues así hablaba. Iba al grano y tenía una gracia natural que se me fue pegando. Había otro en mi pueblo que en el parque contaba por el estilo y con mucha palabra linda. No sé, ¿cómo voy a decirte que vengo de Salgari y de otros autores semejantes, que eran los únicos narrado-res que conocía? (…) Claro, después en el camino sí leí a Quiroga, que me enseñó mucho, a Chéjov, a todos los que he podido, porque creo que nadie nace del aire ni se forma sin otros, aunque yo me he mantenido siempre fiel a mi manera de contar.”

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