Los miserables, versión falsificada

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Este mundo nuestro

Sigue descendiendo  la credibilidad del auto proclamado en Venezuela como jefe de un gobierno imaginario. Al descubrirse la trama de corrupción generada a partir del Operación Cúcuta del 23 de febrero recién  pasado, para una hipotética ayuda humanitaria, los  encargados de manejar la estrategia de fuerza en la frontera, o  aquellos comisionados para atender a los desertores, se hicieron cargo de entre 75 mil y 700 mil dólares por día.

Reclutaron a falsos evadidospara que se hicieran pasar por militares prófugos del país bolivariano. Entre ellos a convictos radicados en Perú y así justificar la falta de masividad de los traidores y  buscando un aumento en el monto de la cuantía a recibir para darles alimento y alojarles. Ancho dinero fluyendo y malbaratado.

Los “responsables” nominados, pronto dejaron a su suerte, material y moralmente, a los embaucados militares, quienes protestaron por lo bajo antes y mucho más alto cuando fueron desalojados del hotel donde vivieron con sus familias.

Descubierta la trama,  Juan Guaidó dio garantías sobre un hipotético altruismo y la inmaculada limpieza de los culpables, pero se quemó las manos en ese fuego y tuvo que moderar después sus declaraciones.

Según el tal autoproclamado,  90 mil dólares del total desviado por sus correligionarios, fueron donaciones  hechas por privados, y no fondos entregados por la entidad de la ONU para asistir a refugiados (ACNUR)  para asistir a los soldados.

Este fulano insuflado por el Imperio, no se percata, dentro de su mediocridad moral, que da lo mismo a quien le quitaron el dinero. El ladrón no deja de serlo en dependencia del origen de lo hurtado. Y estos personajes no robaron un trozo de pan por hambre, sino miles y miles, por codicia y falta de honradez.

Si hay algo increíble y pésimo en este asunto, emana de los Estados Unidos, dándole millones de sus arcas u otros tantos incautados al pueblo venezolano de sus bienes en el exterior. Dinero que, como dije meses atrás, nadie garantiza a qué bolsillo van. Lo recién descubierto es prueba categórica de ello.

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