Los niños en la prosa poética de José Martí

Comentario

Nuestro José Martí

Los niños saben más de lo que parece, José Martí

El tercer domingo de julio se celebra, en nuestra geografía insular, el Día de los Niños; personitas encantadoras que saben amar y para quienes trabajamos.

Por lo tanto, a los «pequeños príncipes» les dedicamos esta crónica, inspirada en la percepción martiana acerca de esa edad privilegiada en la vida del homo sapiens.

Leer a Martí es acariciar la mente y el espíritu humanos…, pero si esa «caricia» se descubre en la niñez y la adolescencia el placer es inefable…, porque entre otros secretos, el Apóstol conoce al dedillo los cuadrantes fundamentales sobre los cuales se estructura el alma infanto-juvenil. Requisito indispensable para alimentar el intelecto y estimular la imaginación y la fantasía de los «príncipes enanos»; imaginación y fantasía generadas por la prosa y el verso martianos, que incita a los pequeños lectores a «volar» al centro mismo de su yo, el auténtico, el verdadero. Y recibir ese regalo de luz que, desde ya, siembra la semilla que cuando fructifique les permitirá vivir en un mundo mejor, signado por el amor, el perdón y la alegría de ser útil a la Patria y al otro; premisas esenciales de la doctrina sustentada por el poeta mayor de la patria grande latinoamericana.

Para establecer comunicación con los niños, el fundador del periódico Patria emplea el mismo lenguaje y los mismos códigos utilizados por los Ismaelillos en su universo lúdico, donde realidad y fantasía, mito y leyenda, se funden en cálido abrazo.

El Maestro dedica a la niñez y la adolescencia las páginas más bellas de su vigente obra literaria y periodística: la revista ilustrada La Edad de Oro es expresión genuina del amor inmenso que los «principitos» le inspiran al espíritu más libre y puro que ha conocido la historia.

Por otra parte, los niños se identifican con la obra martiana, porque en ella se reflejan sus vivencias, emociones, frases interiores y sentimientos. El precioso niño que hay en Martí se adueña de la pluma del escritor y el poeta… y deja correr la imaginación y la fantasía creadoras, para nutrir el intelecto y el espíritu de esas personitas únicas e irrepetibles, tan necesarias a la familia humana como la luz a las plantas, el agua a los peces y el aire a las aves.

José Martí deja a la infancia y la adolescencia de todos los tiempos un precioso legado espiritual, sintetizado en la frase: «tengo fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud y en ti».

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