Macri y el FMI, abrazo mortal

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El presidente de Argentina, Mauricio Macri, se regocijó de la velocidad con que se negoció un crédito de 50 mil millones de dólares con el Fondo Monetario Internacional (FMI) sin percatarse, quizás, de las peligrosas implicaciones de esta medida para el futuro de su gobierno y de la nación austral en general.

Han pasado 12 años desde que Nestor Kirchner decidió en 2006 cancelar en un solo pago la deuda que entonces el país tenía con la entidad y suspendió cualquier tipo de operaciones con ella.

Ahora el FMI vuelve de la mano de Macri, quien quedó acorralado por sus propias decisiones financieras, entre ellas encarecer el costo de la vida, liberar la política cambiaria y permitir la salida masiva de capitales hacia paraísos fiscales.

Aunque los expertos habían advertido sobre los efectos negativos de estas medidas, el jefe de Estado insistió en ellas hasta que hace unos meses explotó el tipo de cambio, se hundió la moneda nacional y el déficit fiscal escaló sin freno.

En esas circunstancias, el gobernante no encontró mejor salida que poner a Argentina de nuevo entre las garras del FMI con un crédito del tipo “stand by”, uno de los más inflexibles en plazos y condiciones, cuyas cuotas se van entregando sólo si el solicitante cumple con estrictas medidas financieras.

De hecho, se anunció ya la liberación próxima del 30 por ciento del capital, al mismo tiempo que el gobierno dijo que aplicará un nuevo ajuste del 25 por ciento que afectará los programas de salud, seguridad social y otros servicios públicos.

Buenos Aires se comprometió, asimismo, a bajar el déficit fiscal, es decir la diferencia entre el gasto público y los ingresos del Estado, al equivalente del 2,7 por ciento del Producto Interno Bruto en 2018, luego a disminuirlo a 1,3 el año próximo y lograr un balance cero en 2020, una apuesta que economías más fuertes, como la de Francia, también hicieron y naufragaron en el intento.

El historiador en economía Mario Rapoport, recordó hace unos días que no se conoce ninguna intervención del FMI que haya sido buena para los pueblos y citó como ejemplo lo ocurrido años atrás en México, Brasil o Grecia.

En Argentina el fondo se ha involucrado varias veces entre 1976 y 2001 y las cosas siempre terminaron mal. En ese último año las veleidades financieras provocaron la crisis que se saldó con la salida del presidente Fernando de la Rúa y más de 30 muertos durante las protestas en las calles.

Pero esto no parece haberle importado a Mauricio Macri, que prefirió el abrazo de la muerte del FMI antes que confesar el fracaso de su política económica, basada en sacarles cada vez más dinero a los pobres y dárselo a los ricos. Lo único bueno que tiene esto, es lo malo que se van a poner las cosas.

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