Máximo Gómez, un cubano por derecho

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El Mayor General Máximo Gómez Báez (1836-1905), el Generalísimo, el héroe de Palo Seco y Las Guásimas, es y será siempre, como lo llamó Fidel: un cubano por derecho.

Este 17 de junio se conmemora el aniversario 114 años de su muerte.

Fidel siempre destacó las cualidades de humildad, humanismo y hermandad del Generalísimo y así lo expresó el 15 de marzo de 1978 en el acto de conmemoración del centenario de la Protesta de Baraguá: Máximo Gómez debió considerarse cubano, ciento por ciento, mil por mil, desde el primer día en que empuñó las armas en favor de la independencia de Cuba. Y luchó 10 años, y fue el más brillante jefe y maestro de jefes cubanos.

Nuestro líder histórico de la Revolución Cubana siempre admiró a Máximo Gómez como gran estratega militar, ejemplo de internacionalismo y luchador abnegado por la independencia de Cuba, la cual acogió como Patria adoptiva.

El general Máximo Gómez Báez, fue tema recurrente en el pensamiento político de Fidel. A su llegada a la República Dominicana el 20 de agosto de 1998, en la ceremonia de recibimiento en el propio aeropuerto internacional Las Américas, refirió:

Hubo el hecho que quedó grabado de manera indeleble en el alma de nuestro pueblo: La participación de los dominicanos en la lucha por nuestra independencia, el papel de aquel genial hijo de este país que fue y es Máximo Gómez, quien llegó a convertirse en una de las figuras más extraordinarias de nuestra historia. No sabemos, o mejor aún, no me atrevería o no intentaría discutir si era cubano o era dominicano.

Dos días después, al recibir la Orden del Mérito de Duarte, Sánchez y Mella en el grado Gran Cruz Placa de Oro, reconoció Fidel en el Generalísimo, el símbolo imperecedero de la hermandad entre los pueblos de Cuba y República Dominicana, al colocar en el pecho del presidente Leonel Fernández la Orden José Martí:

Hay un nombre que sintetiza esa hermandad: Máximo Gómez. Hijo humilde de este pueblo, supo convertirse en hijo insigne y entrañable del pueblo cubano por derecho ganado en su lucha por la independencia de Cuba, a la que aportó su brazo y su machete, su genio militar y su coraje, un notable talento político y un profundo pensamiento revolucionario. Su diario de campaña, sus arengas y sus conmovedores relatos desafortunadamente escasos, dada su azarosa vida de combatiente infatigable por la libertad, sugieren que de aquel humilde campesino pudo surgir también un genio de las letras.

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