Mi papá es médico y es mi ejemplo

A todos los niños les preguntan desde muy pequeños qué quieres ser cuando crezcas, y en mi caso, como mi papá era médico, daban por seguro que esa era la profesión que iba a seguir, pero, que yo recuerde, siempre dije que no. Mi papá me enseñó que para ser médico, un buen médico, es preciso nacer con esa vocación humanista, esa capacidad de entregarse al trabajo, al estudio, a los pacientes, no se aprende en la Facultad de Medicina.

Había una historia que siempre le pedía que me contara cuando me llevaba en el asientico de la bicicleta a un parque infantil que hay en Marianao y pasábamos por el Obelisco. Ese Obelisco se construyó como homenaje a Finlay, el médico que descubrió el transmisor de la fiebre amarilla, me decía. Y aunque yo no sabía quién era Finlay, ni qué era la fiebre amarilla, ni mucho menos el significado de la palabra transmisión me impresionaba mucho esa construcción tan grande, con una aguja en su punta. De tantas veces que escuché la historia de cómo ese hombre sublime pudo acabar con una terrible enfermedad que cada año cobraba la vida de cientos de personas, me fui familiarizando con conceptos tales como: humanismo, entrega, sacrificio, solidaridad. Conceptos todos que distinguen a la medicina cubana.

En la actualidad, la cooperación médica cubana continúa su labor en muchos países de distintos continentes, reveses como el de Brasil, Bolivia y Ecuador, no pueden empañar los largos años y las miles de vidas salvadas que ese servicio altruista ha extendido por los pueblos del mundo. Cuba, sin dudas es una potencia médica.

Recuerdo que la cama de mis padres siempre estaba repleta de inmensos libros de medicina, en los que mi papá consultaba información necesaria para sus estudios, en un lenguaje «potable» intentaba explicarme las preguntas infantiles que le hacía sobre aquellas imágenes que eran como cuadros surrealistas de Breton, quizás de ahí venga mi aficción por el arte moderno. Mi papá era mi ejemplo de consagración al estudio, siempre encontraba tiempo para abrir algún que otro libro.

Cuando era médico de familia del consultorio que quedaba frente a la casa, recuerdo que las puertas de mi casa siempre estaban abiertas, a cualquier hora para los pacientes. Mi papá era mi ejemplo de amabilidad y paciencia para escuchar los problemas de todo el que llegaba aquejado con alguna dolencia, tal vez su tranquilidad en responder, la cadencia cálida de su voz, ayudaba más al paciente que el tratamiento en sí.

Los médicos nunca dejan de estudiar a lo largo de toda su vida, también aprendí eso y hoy lo aplico en mi propia preparación profesional. No fui médico, porque me aterra la sangre, las heridas, los implementos quirúrgicos. Pero mi papá siempre ha sido un ejemplo a seguir, y estoy convencida que así les suceden a todos los hijos de los médicos cubanos.

Felicidades, a nombre de la emisora de la familia cubana, por el Día de la Medicina Latinoamericana.

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Publicado Por: Anabel Candelario Carmona

Filóloga de carrera, Periodista de profesión devenida editora del sitio web de Radio Progreso desde el 2018, Asesora de programas radiales. Fiel a la Onda de la Alegría.

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