Moisés Anazco Leyva: lamentable pérdida para la radio cubana

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Honrar a quien lo merece, es honrarse a sí mismo

José Martí

El periodista Moisés Anazco Leyva (1951-2017), corresponsal de Radio Progreso en Holguín, acaba de partir al espacio infinito para fundir su ánima noble y pura con el Espíritu Universal; leitmotiv en la obra poético-literaria y periodística del Apóstol; referente ético ineludible que orientara su fecundo quehacer en el recto ejercicio  de nuestra profesión, dignificada en la mayor isla de las Antillas y fuera de nuestras fronteras geográficas por el venerable padre Félix Varela, José Martí, don Enrique José Varona, don Juan Gualberto Gómez y los Comandantes Ernesto Guevara de la Serna y Fidel Castro Ruz.

Conocí a Anazco en los primeros años de la primera década de este siglo, cuando el periodista y filólogo Rafael Terry Aldana (1940-2006), el colega Julio César Pérez Viera y la locutora Lilia Rosa López, Premio Nacional de la Radio 2007, me lo presentaron en la sala de mi hogar, donde nació una relación profesional y afectivo-espiritual que solo Tanatos (la muerte), pudo interrumpir, pero no destruir, como lo hace el huracán, que golpea y devasta.

En este triste momento en que me despido de mi colega y amigo del alma, evoco las intervenciones del corresponsal de la Ciudad de los Parques, como a él le agradaba presentarse cada vez que entraba en vivo a la revista dominical RP-105, que dirigía Terry Aldana, e intercambiaba criterios con los locutores de ese espacio informativo, así como con el astrónomo Carlos Heredero y con el autor de esta crónica, más sentida que pensada. El discurso radiofónico de Moisés era claro, sencillo, directo (rasgos personográficos que lo identificaban en el medio periodístico o fuera de él).

Por otra parte, esa forma única e irrepetible de transmitir la noticia, de entrevistar o de leer una crónica o reportaje, le facilitaba el contacto con la audiencia de RP-105, así como la de otros radioescuchas de espacios informativos para los cuales reportaba desde su ciudad natal, a la que amaba con todas las fuerzas de su ser.

Anazco era miembro de la filial provincial holguinera de la Unión de Periodistas de Cuba (UPEC), a la cual honrara con su membresía, y participaba con gran entusiasmo en los encuentros de corresponsales que —desde la época de Terry Aldana— se celebran periódicamente en diferentes provincias de nuestra geografía insular, y a los cuales asisten no solo los corresponsales de la Onda de la Alegría, sino también reporteros y colaboradores de nuestra emisora.

La última vez que vi con vida a Moisés fue en la Redacción de la Emisora de la Familia Cubana, pero ya su salud se encontraba dañada como consecuencia de la afección neuropsíquica que le dificultada la expresión verbal, su principal herramienta de trabajo. Al parecer, el tumor maligno que dio al traste con su preciosa vida lo tenía localizado o de una u otra forma le afectaba el área de Brocá, o sea, donde se localiza el lenguaje, lo cual explica los trastornos en el habla que padecía desde hacía algún tiempo, sobre todo a la hora de comunicarse interpersonalmente o de grabar los reportes que enviaba —vía telefónica— a la sala T de Radio Progreso.

¡Descansa en paz, Moisés Anazco Leyva, porque, al decir martiano, cumpliste «[…] bien la obra de la vida»

 

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