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Tras una conversación telefónica entre Vladimir Putin y Donald Trump, el presidente norteamericano hizo declaraciones relativamente tranquilizantes sobre Venezuela. La supuesta coincidencia con Moscú lleva a buscar soluciones pacíficas para el país bolivariano.

Mientras circulaba, brevemente por cierto, esa información, Bolton y Pompeo mantenían su agresividadverbal, con total descaro. El contraste entre sus enfoques y los del mandatario estadounidense, tras el citado diálogo,hizo pensar que ellos tienen secuestrada la voluntad del jefe de estado con respecto al gobierno de Nicolás Maduro Moros. Pero no podemos engañarnos. Bien se puede tratar de una estratagema. Al parecer, en las tratativas con la República Popular de Corea, se sigue un patrón parecido.

De todos modos, suponiendo sincero a Trump, resabido es que lavarse las manos mientras se permiten atrocidades, al estilo Pilatos, es una muy antigua vileza.

Ahorabien, datos entresacados de la montaña informativa tergiversadora de los hechos,resultaninteresantes. Es el caso de los comentarios hechos por el canciller ruso Serguei Lavrov, quien aseguró  que la administración norteamericanapretende “reformatear políticamente”  a la América Latina, algo que, según afirma, es “una total falta de respeto hacia sus pueblos”y al derecho internacional.

Y es que el plan concebido desde la Casa Blanca incluye a Cuba y Nicaragua, no soloa Venezuela, en ese proyecto disruptivo de los procesos en las tres naciones. Rusia llama al orden, al respeto hacia lo legislado internacionalmente. De otro modo sobreviene el caos cuando tantos conflictos emergen en el mundo.

Asombroso, en medio de las amenazas y actos hostiles materializados, la convocatoria a una reunión extraordinaria del Grupo de Lima, comparsa concebida claramente, para darle apoyo a Estados Unidos en sus proyectosdeliquidar la experiencia bolivariana y hacerse de sus enormes riquezas.

En el punto once de la Declaración Final, se llama a que Cuba participe de negociaciones destinadas a resolver el caso.(Deciden hacer las gestiones necesarias para que Cuba participe en la búsqueda de la solución a la crisis en Venezuela, dice textualmente el acápite).

Sin renunciar al lenguaje agresivo y la visión tergiversada de la realidad del país agredido y manteniendo el sustento a los oligarcas venezolanos, es la primera vez que hablan de diálogo, cuando hasta el momento rechazaron los llamados de Maduro a realizarlos con el debido respeto.

Ese manifiesto del Grupo de Lima, insta además al grupo europeo y latinoamericano-caribeño que propuso negociaciones. Hubiera sido inteligente y sano haber comenzado por ahí y no sumarse a la agresividad imperial.

Pero no disminuyamos la importancia de la nueva postura. Si no es un simple cambio de estrategia o una cortina de humo para ocultar el fracaso golpista, quizás para darse tiempo y organizar nuevas arremetidas, el cambio aunque pobre sito en su totalidad, resulta sugestivo y hasta pudiera derivar, sea o no el plan en el cual se origina, hacia las necesarias soluciones.

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