Otra taza de veneno

Comentario

Este mundo nuestro

Mientras Donald Trump desplegaba su prosopopeya sobre la excepcionalidad norteamericana en la conmemoración del desembarco de Normandía, como si Estados Unidos hubiera decidido el fin de la II Guerra Mundial, el diario Washington Post  revelaba lo dicho por Mike Pompeo, quien admitió que mantener unidos a los antichavistas es un problema incluso desde que era jefe de la CIA. ¿La CIA? ¡Um! Otro ingrediente para el sucio potaje.

No menos de 40 individuos desean obtener la presidencia de Venezuela, afirmó el secretario de estado norteamericano, cuenta el rotativo afirmando contar con una grabación probatoria de lo dicho por el secretario de estado. 

Geoff Ramsey, experto en el país bolivariano dentro de las estructuras de poder estadounidense, confirmó: “las observaciones de Pompeo fueron sorprendentemente desprevenidas, pero “absolutamente verdaderas”, dijo al rotativo donde fue publicada la información.

Pero comoquiera, son evidentes los intereses en pugna y la tendencia a obtener privilegios a través de un mandato que permita saquear otra vez a los venezolanos. No, no es extraordinario el dato, pero lo publicado, aparte de confirmar el grado de la participación de Estados Unidos y las realidades que vienen ocultando, permite saber, además, que Washington está empleando instituciones religiosas para lograr esa cohesión no alcanzada con otras estrategiasde la Casa Blanca.

Conociendo el papel retrógrado (Brasil no es el único ejemplo) de asociaciones que actúan políticamente bajo el manto de la religión,con el propósito de influir sobre quienes se toman en serio su credo, queda al descubiertouna estratagema de quienes se quejan de los magros resultados, pese a tantos esfuerzos y dinero, violación de normas internacionales y otras ilegalidades cometidas en nombre de una democracia y una libertad que poco tienen de una y otra.

La fragmentación de los oligarcas venezolanos, se evidenció de modo inocultable tras las negociaciones en Oslo. Según el autoproclamado, solo si Nicolás Maduro deja el poder, es posible un acuerdo. No dice con quién, pero opta por la fuerza, incluida la intervención militar estadounidense.

Contra sus afirmaciones está el criterio de las autoridades noruegas convocantes,asegurando que hubo avances en los tratos. No es necesario preguntar a qué parte se le debe creer o qué les hicieron creer.

Pompeo admite tarde y mal, las carencias, casi fracasos  pese a desplegar tantos mecanismos deestrangulación, en o contra Venezuela,  contra supueblo, para mejor decir. Hay quien confunde sus malos deseos con la realidad y concluye muy mal parado. Este es un caso de posible ingreso en un libro de records venenosos.

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