Otro tiro por la popa

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El artículo 22 de la Convención de Viena plantea en su primer acápite que los locales de una representación diplomática son inviolables y las fuerzas armadas del estado donde se encuentra, deben protegerla, pero no ingresar sin consentimiento de las autoridades correspondientes pues, en definitiva, cada embajada se concibe como territorio del país al cual representa. O sea, entrar en ella puede considerarse invasivo.

Sin embargo, este lunes 13, agentes del servicio secreto, rompieron el cerrojo de la puerta principal de la sede venezolana en Washington y penetraron en ella con el propósito de desalojar al grupo de personas, norteamericanos por cierto, que se encuentran protegiendo las instalaciones.

Se trata de activistas de CodePink, decididos a impedir el establecimiento de un representante ficticio que nombró el autoproclamado y hasta tanto no cese la locura anti bolivariana y el edificio vuelva a estar disponible para el gobierno legítimo al cual representa.

Antes  de la transgresión habían cortado la electricidad e impedido suministros de alimento al grupo que  rechazó la arremetida  e hicieron la correspondiente denuncia por ese acto violatorio de un acuerdo internacional que, al paso que vamos, puede concluir inutilizado.

Si el gobierno de Nicolás Maduro asaltara de similar manera la residencia del embajador español en Caracas, donde se encuentra Leopoldo López, reo prófugo de su prisión domiciliaria, con toda seguridad, habría una explosión mediática con las peores críticas.

El hecho de referencia, sin embargo, no parece molestar demasiado a los medios difusivos que tan encarnizadamente satanizan al gobierno de Nicolás Maduro desde donde aclararon que el Colectivo para la Protección de la Embajada en Washington, cuenta con la aprobación de “las autoridades legítimas y constitucionales de Venezuela”,denunciantes también del hecho. Los policías estadounidenses, según fuentes en el sitio, enseñaron un documento sin firmas ni cuños, en calidad de supuesta autorización para el allanamiento.

Por fortuna, o por el peso de las  circunstancias mismas, los activistas se mantuvieron en el recinto diplomático y los agentes salieron de ella, casi seguro conscientes de haber emprendido un acto arbitrario. Después, sacaron los activistas del recinto.

Mientras tanto, Carlos Vecchio, designado por el títere de Estados Unidos en Venezuela, dio curso a las órdenes del autoproclamado, para solicitar al Comando Sur que inicien “la planificación estratégica y operativa” para invadir la tierra bolivariana y derrocar a su presidente. Ni convencionales ni aceptables semejantes movimientos del imperio y los vende patria que llaman a una agresión de su propio país, pero ocurre, revelando la inmoral catadura de quienes las promueven.

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