País que no era: crónicas de viaje

Comentario

Culturales

Antonio Armenteros Álvarez  (La Habana, 1963) es un narrador lleno de poesía. Poesía que nace de ese apego a decir cómo somos. Su libro: País que no era, publicado por la editorial Letras Cubanas, es un ejemplo de su lirica llevada a intensos párrafos.

El volumen encierra 12 cuentos, que pudieran clasificarse en crónicas de viajes. Emigración que aporta un mundo interior, agudo,  con un lenguaje cinematográfico.

Armenteros combina diversos géneros. Ofrece una visión (realidad- ficción) de sus seis años vividos en la antigua Unión Soviética. Aflora aquel el estudiante atrevido que fue,  para mostrar al lector insular lo que él siente como una gran deuda de los cubanos y cubanas hacia ese país  y a la cultura eslava.

País que no era constituyen  historias en primera persona. Una combinación entre cuento,  biografía,  testimonio,  novela, engarzado todo por un narrador omnipresente.

El autor La cortadura y el signo  es un escritor de síntesis. Aflora en esta publicación la épica en cada uno de sus cuentos, especialmente, en Misceláneas: historias que rotan, trotan, donde nace a sugerencia de su colega Ismael González Castañer el título de su libro: País que no era.

A través de los textos como Top secret, La fracasada inmortalidad domestica, Samagón, El jugador de la ruleta rusa,…  ofrece al lector las costumbres y anecdotario, como por ejemplo, nombres, ciudades, lugares, calles, cultura alimentaria… relaciones sociales.

Influencias de los relatos de viaje, del escritor polaco de Karpiszk, existen en País que no era, pero más de los influjos el texto vence y convence en su intensa mirada hacia zonas complejas del devenir y da paso a la imperfección,  a lo cuestionable, pero al mismo tiempo revela un fuerte apego a nuestra identidad. Según su propio autor fueron relatos escritos de un tirón. Fueron hechos en el periodo especial y escritos en papeles desechables, hojas de inventario de un almacén.

Parafraseando al inolvidable poeta Lezama Lima con País que no era, el tiempo acontece para dar una enfática enseñanza, “el conocimiento de que lo que nos sucede, les sucede a todos”, y queda para siempre en la armonía de los seres humanos.

No obstante, quiero llamar la atención sobre este texto del bardo habanero todavía en librerías, que es como un buen café mañanero,  al ser una mirada muy cubana, independiente, con sentido lógico de una etapa de algunos de los nacidos en la mayor de las Antillas sin pura renga,  pero llena de amor.

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