Paisaje con fuego

Comentario

Este mundo nuestro

El anuncio del gobierno francés de aumentar las penas y la represión no impidió por novena semana consecutiva las protestas de los chalecos amarillos. Cifras aportadas por el Ministerio del Interior dan cuenta de que unas 84 000 personas participaron de las manifestaciones el sábado 12 de enero, en varias ciudades, incluyendo Paris. Esta vez fueron arrestados más de 200 participantes y miles recibieron diferentes formas de castigo por algo que nuncatuvo un motivo  únicoy pese a ser todavía acéfalo, alcanza para estas fechas cierto grado de organicidad.

Interesante conocer el resultado de estudios de campo realizados por un grupo multidisciplinario de expertos, pues permite ubicar a los descontentos entre las personas con bajos salarios o desempleadas(del 8 y el 9% en general y por encima del 20% con respecto a los jóvenes). Casi todos son obreros a quienes se suman pequeños empresarios autónomos. Ciudadanos, visto de modo globalizado, con ingresos insuficientes para quienes la situación no era buena y empeoró tras las medidas económicas del gobierno actual, cuando en  contraste, siguen aumentando los beneficios y facilidades para obtener mayores ganancias en las clases altas.

Por eso, desde el inicio, una exigencia permanente ha sido tanto la derogación de los impuestos como el que detonó el malestar existente y, de similar forma, piden la eliminación de leyes que permiten tan profundas y extendidas diferencias entre los ciudadanos“de primera” y el resto.

Hasta el momento, estos grupos no se ubican en las tendencias políticas tradicionales, pero, obviamente, hay diferencias notables entre ese no pertenecer a la izquierda o a la derecha, según se presentó EnmanuelMacronal lanzar su partido, y la carencia de un marco ideológico específico exhibido por los gilletjeune.

A semejanza de lo visto en otras naciones del Viejo Continente, las mayorías perdieron la confianza en partidos que no cumplen con sus  promesas o como la socialdemocracia gala (Partido Socialista)  se desnaturalizaron y están lejos de los problemas y sus  posibles soluciones. De ahí el surgimiento de nuevas formaciones políticas incluyendo las de corte extremistas.

La ausencia de asideros representativos, parece que los sectores afectados decidieron asumir los riesgos por su cuenta y se lanzaron a las marchas reivindicativas, casi por desesperanza y desesperación. Las reivindicaciones exigidas son diversas, es bueno repetirlo. Se dirigen a procurar un aumento del poder adquisitivo y el retorno de servicios básicos para la población, cercenados por la llamada austeridad, y con registros de particular flaqueza en las áreasmenos urbanizadas de un país desarrollado, donde crecieron enormes desproporciones ciudadanas.

Esa gama de pedidos al gobierno cuenta con las simpatías del 80% de los franceses, estén o no sumados a las protestas. Solo ese dato, obtenido a través  de varios sondeos, confirma la existencia de problemas agudos aun cuando las autoridades no acaban de valorarlos en toda su dimensión.

Cierto que el 4 de diciembre del 2018 fue anulado el aumento para la tasa sobre carburantes que detonó el actual movimiento,  y días después  se decretaron medidascomo la subida del salario mínimo,pero esas y las restantes medidas no pasan de constituir un paliativo, no la solución. Entre los analistas se maneja que lo cuestionado por estas mayorías, con o sin exacta conciencia de ello,  es el patrón económico  imperante.

Hace tiempo distintos economistas vienen alertando sobre lo imprescindible  de hacer cambios sistémicos de importancia en todo el espacio denominado Occidente. Europa, muy en especial, datos sus códigos y tradiciones, requiere de otro modelo de desarrollo,pues el establecido en los últimos 3 decenios, está agotado y muestra fisuras de orden destructivo. Si no se sustituye pronto, el daño social será mayor.

No se descarta que con el de Francia, estemos en la antesala de hechos similares, extendidos hacia otros países donde ya hay síntomas o giros obvios de dificultades diversas motivadas por el desgaste progresivo de una fórmula económica dañina y, en varios casos, dilemas acentuados por un proceder autoritario o lesivo para amplias capas ciudadanas.

Como cada sitio tiene sus peculiaridades, no todo se puede poner en el mismo molde pese a la similitud en la génesis del malestar. Como el deterioro de los de abajo coincide con altos beneficios para los de arriba y los gobiernos responden a esos sectores, no será sencillo que los muy beneficiados permitan grandes cambios para los desfavorecidos.

El ambiente político está saturado por tendencias extremistas. Eso también puede frenar las expresiones de conmoción popular o torcer la atención hacia otros problemas, incluso ver opciones donde en puridad no existen, dilatando las posibilidades de apagar el malestar, las inquietudes o la desesperación. Ese escenario, por supuesto, no es deseable. Trae consigo demasiados riesgos.

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