Pinar con el título de baloncesto

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Deportes
La Liga Superior de Baloncesto de Cuba tiene un nuevo campeón, un merecido campeón. Salvo algún que otro momento de debilidad, Pinar del Río mandó claramente en esta final, como hicieron en la semi ante Capitalinos.

Los entrenados por Andrés “Tatica” González mantuvieron durante toda la postemporada y antes, en la clasificatoria, una disciplina táctica envidiable para el nivel de nuestro baloncesto, como la exhibida por los campeones de años anteriores.

Guiados por Osmel Oliva, elegido con justeza como el jugador más valioso del torneo, los de la Princesa de Cuba completaron la coronación ante sus propios aficionados, en una Sala Polivalente 19 de noviembre repleta como pocas veces en los últimos años, comparada incluso con deportes más populares y de tradición en el territorio como el boxeo.

Su mejor aliado, Yosiel Monterrey, también resultó clave en la coronación, así como también el pívot Eliéser Quintana, quien logró ganar infinidad de veces la batalla bajos los aros, que se presagiaba favorable a los yumurinos.

Por la Maquinaria Roja, en primer lugar un reconocimiento enorme para Yasmany Deschapelle y William Granda, que jugaron lesionados. El refuerzo avileño, pese a estar infiltrado, con su rodilla izquierda bien maltrecha, mantuvo con vida a los matanceros hasta las postrimerías, de conjunto con Humberto García.

 

Sin embargo, la Maquinaria “se desengrasó” en varias oportunidades, cuando se aferraban a la anarquía ofensiva y eran presa fácil de la férrea y efectiva defensa pinareña. Tampoco lograron sacar todo el provecho posible de doblar la marca, porque casi siempre el jugador en posesión del balón lograba entregárselo a algún compañero desmarcado antes de que lo cerraran completamente. Fue una estrategia que funcionó al principio, pero se tornó inefectiva cuando los rivales la esperaban.

 

En sentido general, fue una final muy emotiva, pero fiel reflejo de las carencias de nuestro baloncesto. La más notable fue la falta de efectividad en los tiros, tanto en medio del calor del juego como en los libres, algo realmente preocupante porque depende únicamente de la técnica personal y el dominio de los nervios, lo cual se curte en horas y horas de entrenamiento, hasta hacer de esos movimientos una rutina.

 

La LSB también debió apelar al sistema de sedes fijas en la etapa clasificatoria por cuestiones de presupuesto, lo cual conllevó a que los horarios no fueran los más adecuados. La divulgación estuvo acorde con la calidad del evento, con bastantes horas de trasmisión radial y televisiva, aunque en este último acápite se extrañaron las semifinales. Tampoco fueron todo lo oportunas que se espera del principal espectáculo de este deporte las estadísticas, mucho más bienvenidas cuando están en tiempo (al día siguiente a más tardar).

 

Pésele a quien le pese, para que el baloncesto vuelva a estar en la preferencia del público general hay que darle a la prensa todas las facilidades para trasmitir, comentar y entrevistar. Confiemos en que estos aspectos sigan mejorando.

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