¿También mercenarios?

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Aunque el autoproclamado asegure que las fuerzas armadas bolivarianas están de su lado, los hechos muestran lo contrario y tanto que la empresa norteamericana Blackwater con su pésimo historial acumulado en distintos escenarios bélicos del mundo, dijo estar conformando un ejército privado con unos cinco mil mercenarios, para derrocar al presidente Nicolás Maduro. El reporte fue difundido por la agencia británica Reuters.

El financiamiento corre a cargo de Estados Unidos, como es de esperar, (la administración Trump acaba de elevar  por enésima oportunidad el presupuesto militar) y de millonarios venezolanos deseosos de una reversión para mantener o darle incremento a sus fortunas a costa de ya se sabe quiénes.

Siempre hubo y habrá traidores o vendidos, pero si las Fuerzas Armadas Bolivarianas no apoyaran al mandatario legítimo, no sería necesario ese intento depravado de pagarle a extraños para influir en cuestiones internas de un estado soberano.

Ante este ambiente envenenado muchos se preguntan ¿Tendrá éxito esta vez el intento de golpe en Venezuela? La pregunta recorre el planeta, pues si un hecho de este tipo no es, en esencia,  novedoso, abundan quienes pisan el freno y a su vez consideran lo poco aceptable o conveniente de declararse en favor de la violencia o la arbitrariedad inmorales, contra un gobierno que, reconozcan o no,  fue elegido por la mayoría de sus ciudadanos y ha sido capaz de proponer diálogos y nuevas convocatorias a urnas. Intentos rechazados seguramente por  miedo a perder esas batallas también.

Quienes se colocan del lado negativo ¿admitirían que algo similar se hiciera en sus países? Iván Duque no podrá enfrentar la interrogante con simples monosílabos, pues se involucra en primera fila, otra vez y hasta el cuello, en  la intentona, y ni siquiera con la decencia de disfrazar su papel de testaferro de Estados Unidos, en las tentativas de darle visos de consenso regional a lo inadmisible y si algo logra es abrir puertas al desastre.

En Colombia, se sabe, existen dificultades muy serias, y una pobreza demasiado amplia, heridas sin cicatrizar y recientes actos delictivos con el asesinado de líderes sociales o de guerrilleros incorporados a  la vida civil. Si no atienden sus problemas, tremendos y variados, nada les autoriza a erigirse en cabeza visible de la convocatoria al resto de los dirigentes conservadores latinoamericanos para darle soporte a un hecho que incita más de una tragedia.

Pronosticar desenlaces para esta asonada incluye la posibilidad de una guerra civil indeseable y sangrienta. Ángulo no previsto o desestimado por quienes desde fuera propician el colapso con luxaciones económicas de mucha envergadura, y adentro, a través de los peleles oligárquicos, empujando hacia una masacre con irresponsable y delictiva tranquilidad.

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