Tres mujeres de coraje y sonrisa

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Tres mujeres de coraje y de sonrisa. Foto Radio Rebelde.

Con apenas 14 años Caridad Suárez conoció en carne propia de amores y sufrimientos. Siendo una adolescente, en los años 50, se enroló junto en acciones clandestinas, en el entonces municipio de Artemisa.

Con apenas 14 años Caridad Suarez, conoció en carne propia de amores y sufrimientos. Siendo una adolescente en los años 50 del pasado siglo, se enroló junto a otros miembros de su familia en varias acciones clandestinas que se realizaban en el entonces municipio de Artemisa; para enfrentar la ignominia de un gobierno déspota, que pretendía avasallar a un pueblo dispuesto a dar hasta su propia sangre por acabar tanto crimen y oprobio.

Me cuenta Caridad que ella junto a otras compañeras, colaboraba en la recogida de firmas, medicamentos y de dinero para apoyar a la lucha revolucionaria. Perteneció a la sección femenina del Movimiento 26 de Julio en Artemisa y una que otra vez auxilió a quienes perseguidos y hostigados por los soldados del régimen de Fulgencio Batista, tenían que abandonar el pueblo y marcharse a las montañas de Oriente.

A pesar de su corta edad, en varias oportunidades la artemiseña Caridad Suarez Pérez, fue detenida y conducida hasta el cuartel de la guardia rural, pero jamás flaquearon sus fuerzas. Su valor se acrecentaba cada vez más ante el anhelo de acabar con las huestes batistianas.

Hoy Caridad Suarez Pérez, miembro de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), lleva en su pecho le cuelgan las medallas que forjó en el alma y en su vida dedicada por entero a defender su tierra. Se le ve caminar por las calles de Artemisa y quizás muchos desconocen de su fecunda trayectoria.

“Y del 59 trabajé mucho, recogí diez mil y pico de pesos para la Reforma Agraria porque éramos muy pobres. También fui Reina del deporte, por el movimiento sindical, Vanguardia Nacional por varios años consecutivos, y trabajadora destacada”, me recuerda Caridad.

Cuenta Ana que cuando llegó la convocatoria para las brigadas Conrado Benítez, a raíz del asesinato del joven maestro, el anhelo de alfabetizar en la Sierra Maestra se hizo realidad y ella y su hermana, dos niñas de apenas de catorce y quince años se entregaron con amor a la humana encomienda. Yo lloré mucho porque no quería separarme de mi mamá, pero mi papá dijo que si debíamos ir porque eso iba a servir para la historia.

Allí a la vez que enseñó a leer y a escribir, conoció de la bondad y la tenacidad del campesinado cubano y compartió con ellos sus faenas y vida cotidiana.

Mujeres de coraje y sonrisa

Un día sorprendió a su alumna Luisa leyendo un titular de la prensa de la época. Eso fue para Ana Rosa Tasé la mayor felicidad y el más grande premio que pudiera recibir. La abrazó, y le dijo, Ya podemos hacer la carta para Fidel.

“Me sentía orgullosa y yo dije bueno ahora mi mamá es la Patria, mi hermano la Revolución porque ya había cumplido aquello y lloraba cantidad”.

Del mismo modo Isabel Gumá, de profesión maestra, es otra mujer que ocupó un papel protagónico en el trabajo de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). En 1960 se hallaba en la Sierra Maestra dando los primeros pasos para lo que sería después la campaña de alfabetización, en la que también desempeña un rol destacado.

Una vez proclamada Cuba, territorio libre de analfabetismo, Isabel regresa para La Habana y se incorpora de lleno a las numerosas actividades a las que convocaba la masiva organización de masas.

Cuenta esta mujer morena de grandes ojos expresivos, que “al inicio fueron años muy agitados, reuniones, guardias, actividades en la Plaza de la Revolución, trabajos voluntarios, eran días sin parar, una vida muy activa”.

Isabel Gumá durante más de cuatro décadas ha desempeñado varias responsabilidades en el CDR 6 de la zona 12 del municipio capitalino de Playa. Aunque reconoce que sus setenta y cinco años, no son un impedimento para este desempeño, es de las que considera necesaria una renovación donde la juventud impregne nuevos bríos a la organización.

Desde cualquier frente, la mujer cubana siempre deja su impronta demostrando que las campañas de los pueblos solo son débiles cuando en sus filas no se alista el corazón de una mujer.

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