Una acción que señaló la senda del triunfo revolucionario

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Aquel 13 de marzo de 1957, aún era una niña y jugaba en el portal de mi casa en el pueblo donde nací. De pronto sentí una conversación de mi madre con la vecina: “Dicen que hay tiroteo en La Habana, y que atacaron al Palacio Presidencial. Que hay muertos”. 

Mi juego continuaba aparentemente, y no quedaba interrumpido, porque precisamente a esa edad se puede simultanear ambas cosas, escuchar las conversaciones de los mayores, por muy bajo que se hablara, aunque no la entendiera.

Eran palabras que no se podían decir en voz alta por aquel entonces, como tampoco señalar cuando pasábamos por el cuartel del pueblo o ayuntamiento, ya que despertaba desconfianza y era peligroso, pues los esbirros de Batista no tenían perdón con nadie para llevarlo al calabozo y luego darle golpes o torturarlo. Eran tiempos difíciles.

Recuerdo que veía a mi padre y tíos escuchando la radio a escondidas, era Radio Rebelde. De todo lo que sucedía alrededor de sus comportamientos, me enteré cuando se contaba luego del triunfo de la revolución, como otras anécdotas de las cosas terribles ocurridas durante la dictadura de Fulgencio Batista, de cómo se vivía, con miedo, con pobreza, sin derechos, sin hospitales, porque a estos se podía ingresar por recomendación o entregando la cédula con la que se votaba en las elecciones.

Por eso entonces comprendí el por qué los Jóvenes del directorio revolucionario llevaron esa acción armada  el 13 de marzo de 1957, en La Habana. Ellos querían ajusticiar al dictador, entregar las armas de la guarnición al pueblo convocado por medio de Radio Reloj y tomar otros puntos de la ciudad como el Cuartel Maestre de la Policía, ocupar su arsenal, entre otras estaciones policíacas y cuarteles hasta dominar la capital. Ese era su plan. Para el directorio era necesaria la lucha de la calle, mientras que Fidel desarrollaría la guerra de guerrillas, porque ambas tácticas eran necesarias.

Así un poco más de las tres de la tarde, aquel 13 de marzo, una voz estremeció a todo el país, ante el llamado “PUEBLO DE CUBA”, desde uno de los estudios de Radio Reloj.  Era la voz de José Antonio Echeverría, en una enardecida arenga, donde anunció la caída del tirano. Una acción en la que el Directorio Revolucionario había depositado  todo su esfuerzo junto con otros grupos que también luchaban por la libertad y que aglutinaba grandes riesgos, pero tenían el convencimiento de cumplir con su deber.

Por otra parte, los combates dentro del Palacio fueron violentos, pero la operación de apoyo no funcionó. No se equivocaba José Antonio Echeverría cuando decía: “Si caemos, que nuestra sangre señale el camino de la libertad. Porque, tenga o no, nuestra acción el éxito que esperamos, la conmoción que originará nos hará adelantar la senda del triunfo”.

Fue así como él lo quiso, que se mantuviera viva la fe en la lucha revolucionaria, la de aquellos jóvenes que eran la vanguardia en ese acontecimiento, así como  de los que se alzarían en armas para liberar a Cuba.

Aquel 13 de marzo de 1957 fue asesinado José Antonio, conocido por Manzanita, él como muchos con su nobleza, sacrificio y  amor por su Patria, dieron  su vida, con una valentía extraordinaria, la cual encendió más la llama del grito de independencia. Fidel Castro Ruz calificó  el asalto al Palacio Presidencial como “una operación bien organizada, un acto de extraordinaria audacia y valentía, en el que también hubo fallos e imponderables”.

Hoy en el Aniversario 62 del asalto al Palacio Presidencial y la toma de Radio Reloj, recordamos a los héroes y mártires de aquella epopeya, con la convicción de seguir adelante, hacia el socialismo del siglo XXI, y no dejarnos arrebatar la soberanía que hoy disfrutamos y en la que ellos, los Jóvenes del Directorio Revolucionario fueron un bastión principal para lograrla.

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